Capítulo 44 La Ofensiva y la Declaración Inesperada
La Violación del Protocolo
Tras una semana de silencio, Marta no soportó más la lógica impuesta por ella misma.
Se vistió y, dejando a un lado su aversión por los entornos corporativos, se dirigió a la sede de Erik.
Había dudado mucho porque él jamás volvía con una mujer que había terminado la relación, fuera esta de tres meses o de una semana.
Al llegar, habló con la recepcionista, quien palideció al reconocer a la famosa socia y la dejó subir inmediatamente.
Marta subió al piso ejecutivo y se dirigió al despacho de Erik. Él estaba inmerso en una videollamada importante, con el rostro serio y concentrado.
Ella abrió la puerta y, sin dudarlo, sin palabras de disculpa o explicación, caminó directamente hacia él. Al llegar al escritorio, se inclinó y le plantó un gran beso en la boca, con toda la pasión y el arrepentimiento acumulados durante los días de silencio.
Erik, en medio de la videollamada y con el corazón aún herido por el “solo es sexo”, no esperaba ese arrebato de su socia. Su sorpresa fue total, pero su respuesta al beso fue instintiva.
La Exclamación Inoportuna
Marta se separó apenas unos segundos después, con el corazón latiéndole con fuerza, cuando una exclamación ahogada y divertida proveniente de los altavoces de la videollamada la trajo de golpe a la realidad.
Erik se giró hacia la pantalla, donde varios rostros de ejecutivos y socios inversionistas lo miraban con una mezcla de sorpresa, diversión y cotilleo.
—Disculpen, señores —dijo Erik, con la voz apenas tensa por la contención.
Se despidió rápidamente, cortó la llamada sin más explicaciones y cerró el portátil.
Se giró hacia Marta, que se había quedado inmóvil junto a su silla, sintiendo que la sangre le subía a las orejas por la vergüenza de su impulso en un entorno de trabajo.
Erik la miró y, de repente, una sonrisa de felicidad y diversión se extendió por su rostro. La risotada que le siguió fue genuina, una liberación de la tensión acumulada.
La Compensación a la Reputación
—Vaya, Marta —dijo Erik, divertido, mientras se levantaba—. ¿Qué pensarán ahora los demás cuando se den cuenta de que tengo una colaboración… tan caliente?
La rodeó con sus brazos, disfrutando de su rubor.
—¿Cómo me verán a mí? ¿Qué piensas hacer para compensar mi reputación dañada por una demostración tan inapropiada de afecto en el trabajo?
Marta se sonrojó aún más, bajando la cabeza por la vergüenza.
Erik usó un dedo para subirle la barbilla y obligarla a mirarlo. Sus ojos verdes se encontraron con los de ella, llenos ahora de adoración y la promesa de un futuro.
—Cabeza alta, mi niña —le susurró, y la besó suavemente, esta vez con una ternura que borraba todo rastro de sarcasmo—. No tienes que compensar nada. Vamos a hacer esto bien.
La cogió en sus brazos y la sentó en su regazo.
—Ya estoy cansado de la lógica y de la cobardía. Yo no estoy dispuesto a ser “solo sexo”. Vamos a anunciar nuestra relación antes de que empiecen los rumores sobre la socia que asalta al CEO. ¿Y sobre mudarnos? No es una opción. Te vienes a mi ático esta noche.
Marta no pudo responder; solo se aferró a él, el miedo desvaneciéndose poco a poco.