Capítulo 40 El Amanecer de una Nueva Obsesión
Victoria
Para Erik, la entrega había sido una liberación total. El peso de Evelyn, el santuario virtual y la culpa autoimpuesta se desvanecieron. Su mundo, que durante diez años había girado en torno al recuerdo, ahora tenía un nuevo y vibrante centro. Marta era real, caótica y presente.
Marta, por su parte, se sentía vencedora. Había conquistado al hombre que la había despreciado. Era su momento, y había decidido consumarlo para acabar con la tensión sexual que los frustraba a ambos.
Ella era joven e inexperta, pero él era el mismo dios del amor, ofreciéndole una experiencia física que en su corta vida ni siquiera había imaginado.
Más moderna y lógica que él, catalogó el encuentro como un encuentro sexual perfecto, tratando de no dar importancia a los sentimientos para mantener su armadura intacta.
El Nuevo Centro del Universo
Erik, en cambio, se había olvidado de todo. Su mundo empezó a girar alrededor de ella. La miraba mientras yacía a su lado: tan joven, tan guapa y tan torpemente perfecta y generosa en la cama, devolviendo cada caricia por igual o incluso más.
Nunca había sentido algo así. Sus amantes anteriores siempre habían sido guapas y muchas muy experimentadas; incluso algunas sabían hacer “trucos exquisitos” en la cama.
Pero con Marta había una autenticidad y una sincronización que lo habían desarmado.
Su atracción por ella se había convertido en una obsesión total.
El Ritual de Veneración
Se quedaron abrazados, piel con piel, durante un tiempo, recuperando el aliento. Luego, Erik la llevó en brazos a la ducha, donde ya había preparado un taburete para ella.
Se bañaron juntos en un silencio reverencial.
Erik la cuidó con la misma ternura de la tarde, pero ahora con un conocimiento íntimo de su cuerpo.
Le limpió cada centímetro y ella ni siquiera se sonrojó; al contrario, sentía una curiosidad intensa por él, recorriendo con la mirada cada músculo y, de vez en cuando, descendiendo por debajo del ombligo.
El ritual se profundizó. Él le abrió las piernas con suavidad y la limpió despacio, mirándola a los ojos mientras ella disfrutaba de esa limpieza profunda y amorosa.
Cuando Marta creía que el ritual había concluido, Erik se arrodilló completamente, hundió su rostro entre sus piernas y continuó con una veneración que la llevó a un éxtasis incontrolable.
Erik se levantó y la miró, sentada en el taburete, agotada pero radiante. Ella, con una nueva confianza, intentó devolverle el favor, con la intención de igualar lo recibido.
Pero Erik, aun quemándose de deseo, la alzó de nuevo en brazos antes de que el momento terminara. La llevó a la cama y aceptó la ofrenda de su cuerpo debajo del suyo, en un placer imposible que selló su unión por segunda vez, haciendo de esa noche un nuevo y eterno punto de inicio en sus vidas.