Mas allá de la realidad Capítulo 38 El Intercambio Silencioso
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Capítulo 38 El Intercambio Silencioso

La Llave Entregada

La cena transcurrió en una atmósfera de calidez y una intimidad profunda.

Era la primera vez que compartían una conversación relajada, sin la urgencia de los negocios o la tensión de la conquista.

Marta hablaba de los pequeños problemas logísticos de su empresa que Celia le había reportado; Erik le contaba anécdotas ligeras de las reuniones del día.

Erik, cumpliendo con su rol de cuidador, continuó dándole pequeños bocados. Marta, incapaz de resistirse a la ternura de la situación, había dejado de protestar.

Parecía que ella le había entregado no solo la clave de su casa, sino también la llave de su corazón.

Pero Marta no era pasiva. Impulsada por la creciente atracción y queriendo participar en el juego del cuidado, de vez en cuando también le metía algún trozo de comida en la boca a Erik.

Era un juego de reciprocidad que rompía la dinámica de paciente y enfermero.

Ella era joven, impulsiva e inexperimentada en los juegos de seducción, así que fácilmente podía caer.

El Deseo

En uno de esos intercambios, mientras Marta le ofrecía un trozo de pan, los labios de Erik rozaron “accidentalmente” sus dedos.

El contacto fue breve, fugaz, pero actuó como un detonador.

Marta sintió cómo todo su cuerpo se incendiaba.

El beso en la frente y las caricias de la tarde se desvanecieron, reemplazados por el recuerdo del arrebato en el ascensor.

Sus hormonas, reprimidas por demasiado tiempo, despertaron y gritaron por más.

Se miraron un momento, suspendidos en el silencio. Los ojos verdes de Erik, llenos de un deseo contenido y la súplica de paciencia, se encontraron con los ojos marrones de Marta, llenos de fuego e impaciencia.

La tensión se volvió insoportable. Marta no iba a esperar más a que el “viejo” decidiera si ella era adecuada o no para sus juegos.

Y fue ella misma quien rompió el protocolo. Sin pensarlo, se inclinó hacia adelante y le plantó el beso.

Fue un beso sutil, casi un suspiro, apenas rozando los labios de Erik. Un roce tan breve que, si él hubiera parpadeado, lo habría perdido. Un beso robado, una pregunta formulada en el lenguaje del deseo. Ella se retiró de inmediato, con la respiración entrecortada, esperando su reacción.

Erik se quedó inmóvil, el tenedor cayendo sobre el plato con un suave tintineo.

El toque, el atrevimiento, el gesto inesperado lo dejaron sin aliento.

Parecía que la respiración de ambos se había detenido y que el tiempo se suspendía en ese preciso instante.

Todo el control que había mantenido durante días se hizo añicos.