Mas allá de la realidad Capítulo 35 El Caparazón de los Celos
32%

Capítulo 35 El Caparazón de los Celos

La Pesadilla Idealizada

La pregunta sobre Evelyn había dejado a Marta emocionalmente herida. La mirada de dolor de Erik había sido la prueba de que existía una rival, un fantasma en su corazón, que ella nunca podría superar. Marta sintió una punzada de celos que no se atrevía a nombrar.

Mientras Erik se movía en la suite de invitados, atendiendo sus necesidades —trayendo hielo, ajustando la temperatura—, Marta se sintió invadida y vulnerable. El lujo del cuidado, el silencio respetuoso de él, todo le parecía una medida del amor idealizado que él había perdido.

Marta se retiró en su caparazón. Dejó de hacer contacto visual. Si Erik le preguntaba algo sobre el proyecto de la Fundación, ella respondía con monosílabos profesionales. Si le preguntaba si necesitaba algo más, solo asentía o negaba con la cabeza.

Cuando llegó la noche, Erik se sentó junto a la cama para asegurarse de que estaba cómoda.

—«¿Te duele mucho el tobillo?», preguntó Erik, con una preocupación que parecía totalmente genuina.

Marta asintió levemente, enfocando toda su comunicación en el dolor físico. No mencionó a Evelyn ni una sola vez. Solo el tobillo.

—«¿Necesitas algo más para pasar la noche?».

Marta negó con la cabeza; luego, con la voz baja y firme, pronunció la única orden personal que se permitió dar:

—«Quiero irme a casa mañana. Mañana a primera hora».

Erik se quedó inmóvil, comprendiendo el mensaje. El tobillo era la excusa de él para tenerla allí; la huida era el miedo de ella para seguir en el lugar. Ella estaba cerrando la puerta que él acababa de abrir.

—«De acuerdo», dijo Erik, resignado. «No te presionaré. Te llevaré yo mismo antes de mi primera reunión».

La Fuga Logística

Al amanecer, Erik se despertó temprano. Se acercó a la habitación. Marta estaba despierta, mirando el techo.

—«Tengo una reunión urgente, pero puedo retrasarla unos veinte minutos. Te llevaré a casa y le diré a Leo que te instale allí», dijo Erik.

Marta, sabiendo que no podía ser sincera sobre su prisa, usó la autonomía como escudo.

—«No, no hace falta», respondió, manteniendo un tono profesional frío. «No quiero interrumpir tus asuntos. Quédate tranquilo. Leo es más discreto. Me puede llamar un taxi cuando termine su café».

Erik dudó, notando la urgencia en su voz. Finalmente, respetó su necesidad de control.

—«De acuerdo. Leo estará en el lobby y te llevará a donde me digas. Yo cogeré otro coche. Lamento que tu convalecencia haya sido tan incómoda».

Apenas se cerraron las puertas del ascensor de Erik, Marta actuó. Se puso la bata, agarró el móvil y llamó a Celia.

—«Celia. Necesito que vengas a buscarme. Dirección: el dúplex de Erik. Sí, el rascacielos de cristal. ¡Rápido!».

La Burla de Celia

Diez minutos después, Celia llegó. Ayudó a Marta con las muletas, bajando con dificultad.

—«Marta, ¡pero qué te ha pasado! ¿Tobillo torcido y fuga del nido de amor?», exclamó Celia, luchando por contener la risa. «Parece que la chica que no liga con hombres mayores está siendo rescatada. Te lo dije, es un animal, pero un animal con estilo».

—«¡Celia, cállate y ayúdame con las muletas!

», espetó Marta, sintiendo que la rabia la consumía.

No podía explicar sus celos por una mujer que no conocía ni sabía dónde exactamente estaba; probablemente lo había abandonado, así que se aferró a la lógica.

«Fue una emergencia médica. Y no hay futuro, ¿entendido? Es mi socio. Fin de la historia».

Celia la ayudó a subir al coche.

—«Pero, Marta, ¿no te das cuenta de que te ha cuidado, que ha cancelado sus reuniones y te ha tratado como a una princesa? ¡Es la primera vez que hace algo así por una mujer! ¡Están destinados a ser la pareja de moda!».

—«¡No vamos a ser ninguna pareja!», afirmó Marta con firmeza. «Yo tengo mi lógica y él tiene su patrón de conducta con las mujeres. No me involucro en sus patrones. Y ahora, llévame a casa. ¡Rápido!».

Marta se hundió en el asiento. Se había liberado del dúplex, pero la herida no estaba en su tobillo, sino en su corazón, asustado por el fantasma de Evelyn.