Mas allá de la realidad Capítulo 34 Evelyn y la Cicatriz Oculta
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Capítulo 34 Evelyn y la Cicatriz Oculta

La Pregunta

La declaración de Erik sobre que aquello no era una cita, sino un hospital de convalecencia, la dejó muda por un momento. Pero Marta no había olvidado una cosa que había oído en la fábrica.

Cuando él volvió a la habitación para traerle agua y un calmante para el dolor, ella lanzó la pregunta, que cayó en el silencio del lujoso dúplex como un rayo.

—«Erik», dijo Marta, su voz tranquila pero firme, con la lógica de la hacker que busca el código perdido. «Cuando estábamos en la fábrica, dijiste que ibas a llamar al juego de realidad virtual… “El Laberinto de Evelyn”. ¿Quién es Evelyn?».

La reacción de Erik fue inmediata y visible.

Se quedó congelado en la puerta. Todo el control, la calma y la practicidad que había mostrado desde el hospital se desvanecieron.

Su rostro, que un segundo antes estaba relajado, se tensó y se volvió pétreo.

Era como si hubieran mencionado una palabra prohibida, una cicatriz antigua.

La Memoria Silenciosa

Erik tardó varios segundos en responder, intentando parecer tranquilo, y cuando lo hizo, su voz era seca y distante, como si hablara de alguien que murió hace mucho tiempo.

—«Evelyn era… alguien importante. El nombre del juego es un recuerdo, nada más».

Marta sintió la necesidad de presionar, sabiendo que había tocado el punto más vulnerable de ese hombre.

—«¿Tan importante como para bautizar tu proyecto de millones con su nombre?».

Erik se giró completamente para enfrentarla. Sus ojos verdes se habían endurecido, llenos de un dolor que Marta no había visto antes, un dolor mucho más profundo que la humillación de una bofetada.

—«Marta», dijo, con un tono de advertencia helada. «Tú has puesto las reglas: esto es un acuerdo profesional. Y mi pasado no es asunto tuyo. Evelyn es solo el nombre de la tecnología que me consume y me da paz».

Marta no entendió del todo. Ahora sabía quién era la musa, o quizá el fantasma. Aún no le quedaba claro qué había pasado con Evelyn ni dónde estaba, pero era muy importante para él.

—«Comprendido», dijo Marta, suavizando su voz. «Solo quería asegurarme de que no fuera una socia o una rival de negocios. Pero veo que es algo personal y doloroso».

Al reconocer y validar su dolor, Marta consiguió la única respuesta que Erik podía dar. El muro de defensa se abrió ligeramente.

—«Sí», admitió él, bajando la guardia. «Es muy personal. Y es por ella que tengo el desinterés por las relaciones formales».

Marta se quedó con la sentencia. La pregunta había sido respondida.

Evelyn era la clave de su pasado, la razón de su patrón de mujeriego y la verdadera rival en el corazón de Erik.

Y ahora, Marta estaba acostada en su dúplex, cuidada por él, sabiendo que su competencia era otra mujer, un recuerdo idealizado.

—«Bien», dijo Marta. «Ahora que hemos establecido las fronteras emocionales de tu pasado, ¿podrías traerme hielo y mi portátil? Me aburro».

Erik asintió, agradecido por el cambio de tema, pero la verdad de Evelyn pendía sobre el lujoso silencio del dúplex.