Mas allá de la realidad Capítulo 25 El Dilema del Silencio y el Primer Movimiento Genuino
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Capítulo 25 El Dilema del Silencio y el Primer Movimiento Genuino

El Lunes

El lunes por la mañana encontró a Erik en un estado que ningún analista de mercado hubiera podido predecir: paralizado.

Estaba en su oficina, el imperio que había construido, pero su mente no podía concentrarse en los informes.

La imagen de Marta rechazando el collar, la chaqueta abandonada en su asiento trasero, el temor a ofenderla de nuevo, todo lo tenía atado.

Erik se dio cuenta de algo crucial: en todos sus años de vida adulta, después de Evelyn, su única forma de interactuar con el deseo había sido a través del poder y el dinero. Ahora, con Marta, esas herramientas eran contraproducentes.

Si la llamaba, sonaría como una disculpa corporativa. Si le enviaba regalos, sería un intento de compra. Si le enviaba un mensaje, ¿qué diría? «Hola, siento haber intentado pagar por el sexo contigo, ¿aún me odias?».

Se levantó abruptamente. Su frustración no podía ser canalizada en el trabajo. Necesitaba una acción que estuviera fuera de su guion habitual. Tenía que hacer que parezca que todo había sido otro malentendido más. Ya era algo casi habitual entre ellos.

«Leo», llamó Erik, su voz más tensa de lo normal. «Cancela todas mis reuniones para las próximas horas. Necesito un coche... no, una camioneta. Y necesito ropa de trabajo, cómoda. No quiero que se sepa dónde voy».

Leo, acostumbrado a los cambios de humor de su jefe, pero perplejo por la solicitud de «ropa de trabajo», asintió sin hacer preguntas.

El Regreso de Marta y la Sorpresa

Marta regresó de la visita a sus padres el domingo por la noche, sintiéndose renovada por el contacto con la tierra. Al entrar en su apartamento, notó algo inusual.

En lugar de la bolsa de comida a domicilio que Erik había traído la otra noche, sobre su mesa había un paquete pequeño y perfectamente envuelto, acompañado de una nota escrita a mano.

Marta se acercó con cautela. La nota estaba en un papel grueso y elegante, pero la caligrafía era sorprendentemente torpe y fuerte, no la letra fluida que se esperaría de un CEO.

Leyó la nota:

«Marta: Sé que valoras la integridad. Yo no manejo bien los regalos, lo reconozco.

Pero este collar no fue mío para dar. Lo compré en una subasta benéfica para ser parte de un proyecto nuevo de la Fundación Solidaría.

Lamento profundamente mi arrogancia. Me equivoqué al juzgarte más de una vez, pero te prometo que no quise ofenderte.

Me equivoqué, pero no soy un pervertido, soy un idiota.

Si deseas hablar de negocios, estaré en la oficina de su empresa. Si me echas, lo entenderé. Erik».

Marta se quedó paralizada. El collar, lejos de ser un soborno sexual, estaba destinado a una causa benéfica que a ella le importaba profundamente.

Y la nota... la disculpa. La admisión de ser un «idiota» era lo más genuino y desarmante que jamás había escuchado de él, y ni siquiera le había dado la oportunidad de explicarse…

El Desafío Inesperado

Marta sonrió. Su corazón ya no sentía la punzada de la rabia, sino una emoción más compleja. La honestidad de su disculpa había desmantelado su armadura.

Abrió el paquete. Dentro no estaba el collar de la subasta. En su lugar, había un par de zapatillas deportivas idénticas a las que ella usaba, pero de un modelo de edición limitada, imposible de conseguir, y de un color que combinaba perfectamente con su vaquero.

Junto a ellas, había otra nota, esta vez mucho más pequeña:

«Esto es lo que me gusta de ti, Marta. No es el dinero, es tu forma de pelear. Vamos a pelear por la causa justa. Te espero».

Marta se puso las zapatillas nuevas. Había entendido el mensaje: Erik quería que lo ayudara a redimirse en una causa importante.

Se dirigió al coche. Era hora de visitar su propia oficina y ver al «idiota» de su socio.