Mas allá de la realidad Capítulo 23 La Cena
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Capítulo 23 La Cena

La Trampa Romántica

Al despertar de la siesta, tomaron una pequeña merienda bajo el sol que aún brillaba con fuerza.

Marta se mostró mucho más prudente, evitando a toda costa cualquier acercamiento.

Evitó bañarse con Erik y, en su lugar, cuando el sol bajó, pasearon por la orilla, hablando de forma estrictamente profesional sobre el proyecto común.

Miraron juntos el atardecer en el mar, algo perfecto y grandioso.

Estaban sentados en la arena, cerca de la orilla, cerca del otro.

Quedaron así un tiempo en silencio total.

Al volver a la carpa, era casi de noche.

La escena se había transformado. La carpa estaba adornada ahora con cientos de luces solares, creando una atmósfera mágica.

La mesa, preparada solo para dos, con dos velas encendidas, flores frescas y los platos listos para servir, junto a una botella de champán en hielo.

Era, inconfundiblemente, una cena romántica y no una cena entre colaboradores.

Comieron despacio, en un silencio tenso, y bebieron champán.

• «Es demasiado», dijo Marta, mirando el montaje con desconfianza.

Erik la miró a los ojos, su intensidad ardiendo en la semioscuridad.

• «Es muy poco», replicó, haciendo que el ambiente se cargara de significado.

La Acusación y la Sumisión

Marta decidió ir a la ofensiva.

• «Me intentas seducir. Pues no me interesa», espetó. «La gente habla. Eres un mujeriego y nadie se queda más de tres meses contigo, muchas veces menos... Además, ya te dije que no me interesan los hombres mayores...».

El golpe fue triple. El comentario sobre su edad y su fama de playboy hicieron que Erik apretara el puño bajo la mesa.

Pero no dijo nada al respecto. En lugar de enfadarse, sintió que solo podía consentir la furia y la desconfianza de ella.

La quería en su vida, y eso superaba su necesidad de réplica. Solo quería consentirla.

Marta notó su incomodidad y pensó que era la estrategia perfecta para alejarlo. No quería ser una nueva víctima, un juguete de usar y tirar.

El Collar y el Desprecio

Fue entonces cuando pasó algo que Marta no esperaba. Erik sacó una caja pequeña y se la extendió. Parecían joyas. Él la abrió cuidadosamente, y ella vio un collar precioso, una pieza única que hacía poco se había vendido en una subasta por una suma exorbitante.

Marta sintió un escalofrío helado. Él intentaba otra vez comprarla…

Ella empujó la caja con cuidado.

• «Es demasiado, no puedo aceptarlo. Lo siento».

Su mente trabajaba a la velocidad de la luz: «Él no quiere conquistarme, quiere comprarme. Y me está dando el regalo antes de empezar, marcando la relación como un mero intercambio».

La furia controlada estalló en una autoridad que nunca había mostrado.

• «¡Celia, vámonos! ¡Recoge!», dijo con una voz autoritaria que hizo girar las cabezas de sus asistentes, atónitos.

Las Mariposas

El camino de vuelta fue extraño. Marta estaba furiosa.

Sabía que él regalaba cosas caras a sus amantes pasajeras.

Ellos no tenían esa relación, pero al ofrecerle la joya, él quería que ella fuera su próxima amante.

¡Desvergonzado! Podía aceptar un polvo casual sin relación alguna, así pasando en el palmarés de ella como hombre deseado-hombre tumbado, pero no ser su amante temporal, una más entre tantas.

Además, no tenía intención de ningún tipo de relación sentimental.

Marta se puso sus cascos y su teléfono, fingiendo hablar, negándole a Erik la posibilidad de conversar o aclarar lo sucedido. La tensión en el coche era casi insoportable, pero ella la enmascaró con la fachada de la profesional ocupada.

Pidió que la dejaran en su casa. Al llegar a su apartamento, aunque estaba furiosa, no podía negar lo que sentía: una atracción involuntaria y emocionante que le despertaba mariposas en el estómago.

«Claramente no quiero ser una más», pensó antes de irse a la cama, mientras el recuerdo de la carpa iluminada y el rostro de Erik la asaltaban. La lucha había terminado. Él había revelado su intención, y ella se había negado a participar. Pero el rechazo no había logrado extinguir el fuego.