Mas allá de la realidad Capítulo 21 El Cerco de la Intimidad y la Competición de la Resistencia
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Capítulo 21 El Cerco de la Intimidad y la Competición de la Resistencia

El Deseo

El día de la playa llegó, cargado de una expectativa que rayaba en lo ridículo para un simple «paseo de socios colaboradores».

Marta había cumplido su palabra, pero llevó a Celia con ella. Para Marta, la presencia de su secretaria era una póliza de seguro contra sus propios impulsos. Él era demasiado guapo, demasiado atractivo y, sobre todo, demasiado atrevido.

El escenario playero (sol, calor, agua, cuerpos desnudos) le pareció la quintaesencia del peligro. Su mayor defensa era mantener la irritante etiqueta del «hombre mayor» y a su secretaria cerca, pues ella sabía que su resistencia se desmoronaba ante la muestra de su dulzura varonil.

Erik también se había llevado a Leo para que estuviese pendiente de la seguridad y, más importante aún, de los paparazzi que siempre acechaban al CEO.

Al recoger a Marta, se encontraron siendo cuatro en el coche. Marta se sentó atrás, al lado de Erik, mientras Celia tomó el asiento delantero junto a Leo, quien asumió el papel de asistente-chófer.

El camino fue sorprendentemente divertido.

Tanto Celia como Leo eran profesionales de las relaciones públicas y las conversaciones fluían con chistes internos y anécdotas del mundo empresarial.

Su ambiente ligero funcionó como una cortina de humo, relajando a los protagonistas.

Erik y Marta se limitaron a intercambiar miradas cargadas, disfrutando del alivio cómico de sus asistentes.

La Fortaleza de Arena

Al llegar a una cala exclusiva y protegida, la maquinaria de Erik se desplegó.

Leo y Celia, trabajando con una sincronía forzada, montaron una elaborada fortaleza solar.

Desplegaron una carpa de sol profesional, sillas, tumbonas, una pequeña mesa y sacaron varias neveras.

Lo más crucial fue el cerco que montaron con sombrillas y cortavientos alrededor de su espacio, creando un perímetro de privacidad.

Celia y Leo quedaron estratégicamente fuera de la carpa, en el cerco, bajo sombrillas, disfrutando de la playa, pero a una distancia respetable, donde la intimidad de las conversaciones entre Erik y Marta no se escuchase con claridad. Eran los perfectos chaperones involuntarios.

La Tensión bajo la Carpa

Erik y Marta se quedaron solos bajo la carpa.

La ropa formal se había desvanecido: él llevaba unos shorts de baño y una camiseta de lino; ella, un bañador sencillo cubierto por una holgada camisa blanca.

El cambio de vestuario, aunque mínimo, despojó a Erik de la armadura del CEO y a Marta de la de la suya.

Él se quitó despacio la camisa observándola; ella, comiéndolo con las miradas, también se quitó su blusa y se quedaron en bañadores.

Es algo hipnótico que hace que suba la tensión del momento.

Erik rompió el silencio con una sonrisa genuina.

• «Debo admitir que tu secretaria es muy eficaz. Casi tan buena como Leo».

Marta se dejó caer en su tumbona, mirando el mar.

• «Celia es excelente. Se asegura de que no cometa errores... como enviarle mensajes inapropiados a las personas equivocadas, cuando está conmigo, claro».

El color subió al rostro de Erik, pero él se rio, un sonido que le gustó a Marta.

• «Tuviste otra secretaria “Celia” la otra noche. El agua fría fue un método drástico, pero eficaz. ¿No?».

Marta sintió cómo la vergüenza se convertía en ira. Tenía que retomar el control.

• «Es la ventaja de la experiencia, ¿verdad, señor Voss?», replicó con un tono dulzón y venenoso. «A su edad, sabe manejar las situaciones complicadas».

El golpe del «mayor» fue directo. La sonrisa de Erik se borró. Además, sabía que le llamaba «señor Voss» solo para molestarlo.

Se inclinó sobre ella, apoyando sus codos en la tumbona y acortando la distancia de forma peligrosa.

• «¿Por qué me llamas “mayor”, Marta?», preguntó con voz baja y seria. «Tienes veinticinco. Yo tengo treinta y seis. No soy tu padre. Es una ofensa, ¿lo sabes? ¿O es una estrategia para crear distancia?».

Marta sintió que su corazón se aceleraba. Estaba demasiado cerca. Podía oler la colonia en su piel.

• «Quizás sea un poco de las dos», admitió, luchando por mantener su voz firme. «Es un recordatorio. No mezclo los negocios con... la diversión. Y tú eres mi socio, Erik. Un socio muy experto. Por esto traigo gente conmigo».

Él la miró fijamente, con una mezcla de frustración y deseo. «¿Yo soy diversión?», no le gustó esta idea.

• «Eres una mentirosa», susurró. «Si quisieras distancia, no habrías venido con empleados. Habrías cancelado».

La tensión era insoportable. Él estaba a punto de inclinarse para besarla, pero en un acto de autopreservación se apartó. Cogió el protector solar de la mesa.

• «El sol pega fuerte, Marta», dijo, volviendo a la neutralidad. «Debes proteger tu piel».

Él le ofreció el bote de crema, pero ella, temiendo el contacto, no lo tomó inmediatamente.

Erik, sin romper el contacto visual, tomó una pequeña porción de crema en su mano y, con una lentitud torturante, rozó la parte de atrás de su cuello y su espalda con la punta de sus dedos, aplicando la crema.

El roce, casual y necesario, fue un disparo eléctrico. Marta se quedó inmóvil, con la resistencia deshecha, mientras él terminaba el gesto.

• «Leo», llamó Erik con una voz fuerte, interrumpiendo el silencio. «Tráenos dos copas de agua con hielo».

El juego de la resistencia era difícil…