Mas allá de la realidad Capítulo 18 La Ejecutiva Desnuda el Juego
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Capítulo 18 La Ejecutiva Desnuda el Juego

El Asiento del Poder

Erik entró en el despacho. El espacio era amplio, lleno de luz natural, con una pared de cristal que ofrecía una vista impresionante de la ciudad. El contraste con el modesto piso de ella era impresionante.

Marta estaba sentada detrás de su imponente mesa, su postura erguida. Llevaba un traje de pantalón gris de corte impecable, y su única concesión a la feminidad era la trenza pulcra y el brillo de unos pendientes diminutos.

No se levantó. Simplemente señaló el asiento frente a ella.

«Señor Voss», comenzó Marta, su voz perfectamente modulada, sin un rastro de la embriaguez de la otra noche. «Gracias por venir. Me alegra que estemos discutiendo esto hoy aquí».

Erik se sentó, su cerebro aún luchando por encajar la imagen de la chica salvaje con la camisa mojada y la ejecutiva fría.

• «Quiero, antes de empezar a hablar sobre otros asuntos, pedir oficialmente disculpas por la confusión. Usted más que nadie comprende sobre malentendidos…», le miró maliciosamente para recordarle cómo la había tratado las otras veces.

• «También yo quiero aclarar que la que me había llamado por la noche a su casa ha sido usted y tengo el mensaje en el teléfono como testigo. También le recuerdo que no me dedico a hacer de boy por las noches ni bailo para las mujeres que me piden comida».

Todo esto lo dijo para que ella también sintiera un poco de vergüenza y borrarle el aire de superioridad de la cara.

• «Entiendo, perdón».

Ella solo dijo esto, pero se había sonrojado de repente recordándolo.

Menos mal que ahí solo estaban ellos dos en este momento y los asistentes aún no habían entrado. Ella le había indicado a Celia que esperen un poco fuera para aclarar lo de la otra noche.

La Seducción Inversa: El Descaro Sutil

Marta abrió la carpeta que tenía delante, pero en lugar de ir a los números, fijó sus ojos en los de él con una intensidad profesional, pero con una punzada de descaro sutil.

• «Antes de empezar con los términos, permítame una disculpa», dijo con frialdad.

«Mi comportamiento la otra noche... el episodio del champán y, sobre todo, la intrusión en mi espacio personal...

fue embarazoso y no profesional. Creo que también necesito más de una disculpa. Si no, esto se para aquí mismo».

Hizo una pausa, y su sonrisa no llegó a los ojos.

• «Afortunadamente, mi mente profesional siempre está operativa, incluso cuando mi juicio personal está nublado».

Erik sintió un calor subir por su cuello.

Ella había mencionado el incidente sin inmutarse, convirtiendo su momento más vulnerable en una lección de management sobre el control.

Ella había girado el juego de la seducción, forzándolo a recordar que él había sido el «pervertido» en cada uno de los momentos.

La Negociación Desafiante: El Precio del Respeto

Erik intentó recuperar la ventaja, ignorando la alusión.

• «Aprecio su franqueza, Marta. Entiendo que un malentendido personal no debe afectar una oportunidad de miles de millones. He revisado su propuesta, y el acuerdo de 60/40 me parece justo, dada la envergadura de mi empresa».

Marta apoyó la barbilla en la mano, dejando que el silencio se hiciera incómodo. Luego, deslizó una hoja de papel sobre la mesa.

• «No lo creo», lo interrumpió. «El acuerdo ha cambiado».

Erik frunció el ceño al ver los nuevos términos. Ella había cambiado la división a 75/25 a favor de su empresa y había insertado una cláusula de penalización por «incumplimiento de las buenas prácticas y trato al colaborador».

• «¿75/25, señorita Suárez? Eso es un despropósito. Y esa cláusula... ¿Qué es esto? ¿Un castigo?».

• «Es el precio por el respeto», respondió Marta, alzando la barbilla con la misma terquedad del ascensor.

«Su empresa me hizo sentir una intrusa, señor Voss.

El coste de limpiar su imagen y garantizar que mi trabajo no se vea comprometido por su arrogancia social es alto.

Mis hackers valen ese 75 %. Tómelo o déjelo. Hay otros interesados».

El Nudo Final

Erik estaba atónito. Su inteligencia era brillante, su descaro, total. La humillación se mezcló con una admiración brutal. La quería más que nunca.

Trató de desarmarla, recurriendo a lo personal.

• «Marta, ¿de verdad cree que podemos tener una relación estrictamente profesional con la tensión personal que existe entre nosotros? La conozco en la bañera con la ropa mojada, y usted me conoce en mi peor faceta».

Se volvió aún más íntimo:

«No puedo quitarme de la cabeza el sabor de tus labios en mi boca, del tacto de tu piel en mi mano…».

La miraba descaradamente diciendo todo esto. Reconocía abiertamente que ella le atraía y le gustaba.

Marta le dio una de esas sonrisas que le helaban la sangre. Recogió sus papeles, dando por terminada la reunión.

• «Señor Voss», concluyó con frialdad. «Usted me subestimó dos veces. La primera, creyendo que era una cazafortunas que podía comprar. La segunda, creyendo que la atracción física podría nublar mi juicio de negocios».

«Ella reconoce que la atracción es recíproca». Y este pensamiento le gustó a Erik.

Se puso de pie, obligando a Erik a levantarse también.

• «Aquí, en esta oficina, solo soy la CEO. Y mi decisión final es que mi empresa necesita un 75 %. El resto de... nuestros asuntos personales... son irrelevantes para este contrato. Ya ha visto usted que tengo el control sobre lo que es importante. Firme los términos revisados antes de medianoche».

Sin darle tiempo a replicar, Marta se dirigió a la puerta, dejándolo solo en su imponente despacho, con un contrato impensable y el corazón palpitando por la mujer que lo había vencido en todos los frentes.