Mas allá de la realidad Capítulo 15 La Tormenta
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Capítulo 15 La Tormenta

El Dilema

La noche de Erik fue tan larga como su ático.

Dio vueltas en su cama de diseño, incapaz de conciliar el sueño.

Su mente, habitualmente una máquina de cálculo implacable, era ahora un caos emocional.

Había creado un grave problema para la empresa, pero sus pensamientos volaban hacia sus labios, el tacto de su piel y su deseo de tenerla.

El sabor de Marta en sus labios y el recuerdo de su cuerpo en el vals lo habían contaminado. No se atrevió a entrar en el santuario virtual.

Sentía una punzada de culpa y traición hacia su querida Evelyn, a quien había jurado amar por siempre.

Él había construido una vida entera sobre esa promesa rota y ahora su mente estaba llena de la pequeña Marta, un torbellino convertido en tormenta que amenazaba con convertirse en un huracán que iba a arrastrarlo todo a su paso.

Su deseo de poseerla se había transformado en una necesidad abrumadora de entenderla.

La Celebración Solitaria

Mientras Erik se debatía en la cima de su imperio, Marta estaba celebrando su triunfo en su modesto apartamento.

La reunión había terminado, con los números de teléfono intercambiados formalmente.

Sin embargo, ella sabía que, si no hubiera sido por su nobleza desmesurada y su habilidad en los negocios, la empresa de él habría quedado en ridículo ante tantos socios y colaboradores.

Aun así, les ha dejado a todos con la incógnita de si esto seguiría adelante o no.

Ella sentía el dulce sabor de la victoria total frente a quienes la intentaron humillar y despreciar.

Se reía consigo misma, sus trenzas rebeldes deshechas, mientras saltaba en el sofá con la copa de champán en la mano. Era una victoria íntima, una confirmación de su valía contra el juicio superficial del mundo.

Después de «unos cuantos vasos más» del licor burbujeante, Marta se quedó sintiéndose un poco floja y mareada. El efecto del champán y la adrenalina se hicieron notar.

Tomó su móvil y le envió un mensaje a Celia, su secretaria, pidiéndole que le ayudara a pedir comida a domicilio porque estaba «un poco mareada». Nombró los platos que quería y, de forma imperativa, un gran postre. Luego se recostó, esperando tranquila, hasta que se quedó medio dormida en el sofá.

La Apertura Impulsiva

El timbre la sacudió y la asustó de su duermevela.

Aturdida y con la mente aún nebulosa por el champán, asumió que era la comida.

Sin pararse a esperar que subiera y mirar quién era a través del ojo de la mirilla, se levantó con pereza, abrió el portero automático, dejó la puerta de su piso entreabierta y se desplomó de nuevo en el sofá, medio tumbada y esperando el aroma de la cena.

No esperó a que el repartidor llamara de nuevo. El aire fresco del pasillo entró en su pequeño salón, trayendo consigo una sombra.

No era el repartidor. Marta se había equivocado y le había pedido la comida a otra persona.

El hombre que acababa de subir los modestos escalones y ahora se detuvo en su umbral era Erik. Su mente, incapaz de conciliar el sueño y obsesionada con la ofensa, había hecho lo impensable.

Había usado sus recursos para encontrar la dirección de Marta para llevarle la cena, convencido de que solo una confrontación directa podría romper el hechizo.

Vio la puerta entreabierta y la figura de Marta, vulnerable y somnolienta en el sofá, con la blusa y los vaqueros todavía puestos. El lujo del penthouse había sido cambiado por la intimidad caótica de un apartamento modesto, y el CEO entró en el umbral de su vida.

Erik está en la puerta de Marta, a punto de entrar en su espacio personal y vulnerable.