Capítulo 11 La Humillación y el Desafío
La Tensión de la Espera
Marta se despertó después de una noche agitada, aún sintiendo la energía de la bofetada y el sabor del beso.
Sabía que se encontraría con el hombre en la fiesta anual. Había deducido que, por su presencia impecable y la constante compañía de un asistente, debía ser un empleado de alto nivel de la empresa de videojuegos.
Lo que no sospechaba era la verdad completa: que él era Erik Voss, el cofundador y CEO, y que de su aprobación dependía la lucrativa colaboración entre sus dos empresas.
Por su parte, Erik no había conseguido información crucial.
Leo, su asistente, solo había podido confirmar que la joven se llamaba Marta, que provenía de una familia modesta de campesinos y que vivía en un pequeño y modesto apartamento en el centro.
El contraste entre esa procedencia y su audacia en el ascensor solo alimentó la creencia de Erik de que ella era una cazafortunas descarada, una teoría que se ajustaba a su perfil de «mujeriego de hielo».
Muchas mujeres creían poder conquistarlo y probaban suerte descaradamente.
No era la primera vez, pero ninguna era tan descarada.
El Vestuario de Combate Final
Llegó la noche de la fiesta. Marta decidió que una blusa de diseño y los vaqueros de alta costura eran su única opción.
Sin embargo, su asistente personal, Celia, la había obligado a ponerse unos tacones para darle algo de altura y formalidad.
Celia la acompañó hasta una sala anexa del hotel, reservada para el personal e invitados discretos, donde la propia Marta escondió sus zapatillas de deporte como un plan de fuga para más tarde.
Al llegar a la entrada principal del gran salón de eventos, el contraste fue brutal. Las mujeres brillaban en vestidos de gala, y los hombres, en esmoquin.
Marta, en sus vaqueros y blusa, fue detenida directamente por el personal de seguridad y el encargado de la puerta.
• «Disculpe, señorita», dijo el encargado con un tono de desprecio apenas disimulado. «Esto es una recepción formal. Su vestimenta... parece de la calle. ¿Pensaba entrar así?».
La Polémica y el Juicio
Marta sintió la sangre hervir. Era la misma humillación del lobby, pero magnificada.
• «¿Por qué se juzga a la gente por la ropa?», respondió Marta con voz firme, aunque su sonrisa se había congelado. «Soy una invitada y estoy vestida decentemente. ¿Acaso la inteligencia se mide por la falda?».
Se armó una polémica inmediata. Los invitados que llegaban al mismo tiempo vieron la escena y observaron a Marta con desdén. Los murmullos se hicieron fuertes: ¿Quién es esta intrusa? ¿Otra seductora barata?
Marta se sintió despreciada gravemente; el juicio social la golpeó con fuerza, pero se negó a ceder.
Finalmente, sacó la invitación especial que Celia había recogido.
El encargado, al ver el sello dorado de «Invitada de Honor», palideció y la dejó pasar con miedo, no sin antes avisar a sus superiores sobre la «intrusa vestida de calle con invitación dorada».
El Refugio
Marta entró al salón como un pequeño torbellino de desafío y humillación contenida. En lugar de buscar a alguien o de mezclarse, Marta tomó una ruta de escape. Su prioridad era la calma.
Fue directamente a la mesa de catering, donde la opulencia de la fiesta finalmente le sirvió un propósito.
Cogió una copa de champán y se dirigió a la mesa de postres.
Mientras el alcohol burbujeaba en su copa, empezó a comer los dulces con voracidad, una forma instintiva de relajarse después de la entrada tan tensionada.
Estaba de espaldas a la entrada principal, concentrada en el alivio azucarado, cuando la figura más importante de la noche entró en el salón, alertado sobre la «intrusa».
Erik acababa de entrar en el salón.