Mas allá de la realidad Capítulo 9 El Ascensor
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Capítulo 9 El Ascensor

Éxito y Paranoia

Erik, por su parte, también terminó su cena con éxito, a pesar de la interrupción. Sin embargo, su mente no estaba en los números; estaba obsesionada con la insolente chica que lo había llamado «viejo».

Al salir del reservado, Erik caminó hacia el ascensor VIP, su lugar de escape. Presionó el botón y las puertas estaban a punto de cerrarse cuando, en un torbellino de movimiento, Marta se coló dentro sin siquiera mirar quién más estaba.

Ella se puso de espaldas a Erik y, sin mirarlo, presionó el botón del lobby.

El Malentendido

Erik, al verla allí, en su espacio privado, sin mirar, en silencio, malinterpretó de inmediato la escena. Para él, esto era el colmo de la estrategia de seducción: forzar la intimidad en el ascensor, la culminación de la persecución.

El hielo en su voz era palpable.

• «Así que no dejas de acosarme...».

Marta se quedó de piedra. Reconoció esa voz grave y fría de inmediato. Se giró para encararlo, la adrenalina de la exitosa negociación aún corriendo por sus venas.

Ella se abalanzó hacia adelante, señalándolo con el dedo y soltando un torrente de indignación:

• «¡Usted! ¡Acosador! ¿Cree que estoy siguiéndolo? ¿Que no tengo nada mejor que hacer que acosar a un… un… (no se atrevió a decir “viejo” porque estaban solo ellos dos en el ascensor) a alguien como usted?».

Mientras hablaba, su dedo índice se convirtió en un fuerte empujón en el pecho de Erik, un gesto impulsivo que gritaba desinterés y desprecio.

Para Erik, el contacto físico fue la confirmación.

Ella lo había tocado. No solo lo había insultado, sino que lo estaba tocando para «seducirlo» o para forzar una reacción.

Su ego, la rabia por el «viejo» y la necesidad de darle una lección se fusionaron.

Él iba a darle una lección que terminaría su juego y restauraría su control.

El Beso

En un movimiento rápido, antes de que Marta pudiera retirar el dedo de su pecho, Erik le cogió la mano que lo señalaba. Con una fuerza silenciosa, la jaló hacia él, pegándola a su cuerpo y, sin pensarlo, la besó sin más. Quería que fuese un beso ofensivo, para humillarla.

El beso fue feroz, inesperado y dominante.

El cuerpo de Marta se tensó por la sorpresa, pero el contacto fue una explosión.

A pesar de su mente caótica y su furia, se dejó llevar unos segundos preciosos por la intensidad.

El beso de Erik sabía a lujo, a poder y a una pasión que despertó algo desconocido y primario en ella.

Pero la alarma de su integridad sonó. La realidad la golpeó: acoso, dominio, humillación. Aun así, dejó que él tomara el control por unos instantes más.

Reaccionó al final con la agilidad de una hacker. Apartó a Erik con la fuerza que su pequeño cuerpo le permitía y, sin dudarlo, le propinó una bofetada que resonó en la pequeña cabina de metal.

• «¡Acosador!», gritó Marta, con los ojos inyectados de fuego y la respiración agitada. «¿Quién demonios te crees que eres? ¿Quién quiere ligarse a un viejo pervertido?».

Las puertas del ascensor se abrieron en el lobby. Marta salió como un rayo, dejando a Erik con la marca ardiente de sus dedos en la mejilla, el sabor dulce y embriagador de su boca en sus labios, y el insulto del «viejo» resonando por tercera vez.

La lección había sido para él. Y la conquista, lejos de completarse, acababa de escalar a un nivel de guerra personal.