Mas allá de la realidad Capítulo 8 La Estrategia
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Capítulo 8 La Estrategia

La Confusión

Marta irrumpió casi corriendo en el salón privado del Hotel Universo, y su expresión de disculpa se congeló al ver al hombre del batido. Erik la miró fijamente desde la cabecera de la mesa, un aura de poder impecable.

Para Erik, la aparición de la chica de los vaqueros, en un lugar tan exclusivo y reservado, no era una coincidencia; era demasiado para que fuera así.

Su mente calculadora solo procesó una cosa: le había seguido.

Ella era otra mujer más, aunque esta vez extraordinariamente torpe, que estaba intentando una estrategia de seducción desesperada y descarada para saltarse el protocolo.

Su mirada se llenó de una fría irritación. ¿Una incursión en mi cena privada? Demasiado agresivo.

Marta, por su parte, seguía en su bucle de ansiedad y burla. Al ver la expresión de Erik, pensó que él estaba intentando vengarse de lo de antes. Se irguió, lista para defenderse.

• «¡Señores! Lo siento, me equivoqué de puerta. Creí que este era el salón del señor Dubois», dijo Marta, intentando sonar profesional.

Erik, sin embargo, interpretó su disculpa como una pobre excusa para alargar el encuentro. Interrumpió con frialdad:

• «Señorita, no me malinterprete, pero esta es una cena privada de negocios. Si quería un segundo encuentro, el lobby tiene un bar público o puede pedir una cita. Entrar aquí es... bastante atrevido».

El Ataque al Ego

El comentario hirió el orgullo de Marta. Ella se rió sarcásticamente: «¿Cree que soy una cazafortunas que intenta seducirlo?». Su desprecio por la superficialidad de su mundo corporativo se encendió. Su sonrisa se volvió afilada y llena de despecho.

Marta dio unos pasos hacia la mesa y lo miró de arriba abajo, asegurándose de que Leo y los inversores fueran testigos de su humillación.

• «Tiene razón», dijo con voz clara y cortante. «No se preocupe, me voy. A mí, señor, no me interesa seducir a ningún hombre en el entorno de trabajo».

Hizo una pausa dramática, clavando sus grandes ojos en los verdes de Erik, lanzando el insulto más ofensivo que se le ocurrió:

• «Y, francamente, no es mi estilo buscar aventuras con viejos».

Marta hizo una reverencia cargada de ironía y salió del salón, encontrando el verdadero despacho del señor Dubois.

El Resentimiento y la Persecución

Erik se quedó mudo, su cuerpo rígido. Su ego había recibido dos puñaladas directas en menos de un minuto.

Seducción fallida: Ella había entrado con una estrategia, pero al ser descubierta, lo había negado, tratándolo como un error de juicio.

«Viejo»: El golpe fue demoledor. Erik, el soltero codiciado, de 36 años, obsesionado con el recuerdo juvenil de Evelyn, odiaba cualquier insinuación de que el tiempo pasaba.

Sus ojos brillaron con una ira helada. No era la furia de un jefe ofendido, sino el resentimiento profundo de un hombre cuyo patrón de conquista había sido desafiado y cuyo orgullo había sido pisoteado.

Miró a Leo, quien disimulaba una risa.

• «Leo», siseó Erik, con una voz baja y peligrosa, «averigua su nombre. Averigua dónde vive esa insolente niña y quién es su contacto, el señor Dubois. Quiero saber todo sobre ella antes de la fiesta. Y, Leo, no quiero que se acerque a ella nadie: vigílala desde lejos».

La persecución había comenzado. Erik, el rey de la realidad virtual, había encontrado una nueva obsesión en la realidad, una que lo había tratado como un «anciano» que ni siquiera valía la pena el esfuerzo de seducir.

La conquista de Marta ya no era un juego de ego, sino una necesidad de restaurar su honor y su control.

Erik era la perfección: alto, cuerpo con todos los músculos en su lugar, su tableta de chocolate, su belleza nórdica y ojos verdes hipnotizantes, rico hasta la saturación.

Las mujeres lo cazaban por su belleza y su fortuna, y ella se hacía la indiferente, la difícil, una pueblerina sin escrúpulos… según el pensamiento de él.