Mas allá de la realidad Capítulo 6 La preparación para el evento
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Capítulo 6 La preparación para el evento

El Refugio del Genio

La vida de Marta, la hacker ética más codiciada, se desarrollaba en un modesto apartamento en el centro de la ciudad. Era un espacio pequeño, de una sola habitación, vestidor, un salón funcional, baño y cocina. Su hogar era el polo opuesto al ático de cristal de Erik.

Su verdadero imperio no estaba en su apartamento, sino en su empresa de ciberseguridad y desarrollo.

Las oficinas eran un paraíso para jóvenes geeks: zonas de relajación, un comedor, un salón de eventos con máquinas de juegos de última generación, gimnasio y piscina.

Los empleados, en su mayoría muy jóvenes, prácticamente hacían su vida allí, prefiriendo la camaradería digital y las comodidades del trabajo a la vida exterior.

Marta, sin embargo, trabajaba casi siempre a distancia, desde su casa o desde algún lugar remoto donde quería romperse del resto del mundo.

Con que tuviera sus herramientas de trabajo e internet potente, estaba conforme.

Era tan discreta que ni siquiera sus propios empleados sabían exactamente cómo era su jefa, la famosa «Marta, la Hacker Ética».

La Figura Oculta

Solo su secretaria personal, una mujer de mediana edad llamada Celia, la conocía.

Celia era quien gestionaba la agenda de Marta, lidiaba con los contratos millonarios y, en ocasiones, contenía la personalidad caótica de su jefa.

Marta era tímida y torpe en las interacciones personales, pero su sonrisa fácil y su buen trato a las personas la hacían adorable en el conjunto.

Después del incidente humillante con el batido de chocolate, Marta no podía presentarse de nuevo en el lobby de la corporación.

• «Celia», le dijo Marta por videollamada, mientras su trenza castaña ondulada se agitaba con el movimiento, «necesito que recojas la invitación. Diles que la hacker estará allí. Pero que no esperen a alguien formal».

Celia, acostumbrada a las excentricidades de su jefa, cumplió con la misión.

El Desafío de la Apariencia

El gran evento se acercaba. Para Marta, el verdadero desafío no era negociar el contrato, sino vestirse. Su guardarropa era un universo de vaqueros, camisetas y zapatillas cómodas.

• «Celia, ¿una blusa cuenta como formal para una fiesta de gala?», preguntó Marta en otra llamada, mientras miraba con desprecio un par de zapatos de tacón que había comprado hacía años y nunca había usado.

Celia fue práctica:

• «Marta, es la fiesta anual de la industria. Estará toda la élite. Necesitas algo más que una blusa y vaqueros. Te lo ruego, ponte el vestido que te compré para esto».

Al final, Marta cedió a regañadientes. Encontró el vestido sofisticado, de un color oscuro y corte recto, pero muy elegante en su simplicidad y que apenas rozaba sus rodillas.

Y, para su tortura, desempolvó unos tacones bajos, consciente de que su pequeña estatura la haría parecer aún más niña entre la multitud de gigantes corporativos.

Recogió su pelo, como siempre, en una trenza gruesa y rebelde, pero la enrolló en un moño bajo.

Sabía que llamaría la atención por su aspecto juvenil e informal, pero esa noche su objetivo no era camuflarse, sino demostrar su valor.

Estaba lista para enfrentarse a la élite que la había despreciado y, sin saberlo, estaba a punto de enfrentarse al hombre cuyos pantalones había manchado de chocolate.