Capítulo 3 El Fantasma
La Verdad Oculta
Detrás de la fachada de éxito, el lujo y la fría indiferencia, el corazón de Erik no estaba intacto; estaba roto.
Hace más de diez años, el destino le había arrebatado a Evelyn, la mujer de su vida, su novia de la adolescencia y su prometida. Tenían planes de matrimonio, sueños compartidos y un futuro perfecto trazado.
Todo se hizo añicos en un accidente de coche.
Erik la perdió de la manera más cruel: Evelyn murió unos minutos antes de que él llegara ahí… Fue algo realmente comparable con arrancarle el corazón a cachitos. Su grito de dolor rompió en el silencio de la madrugada lluviosa y luego se quedó callado.
No comía apenas y no hablaba con nadie; solo se refugió en su trabajo.
El peso de la culpa era un ancla que lo hundía: se sentía responsable por no haber ido a buscarla al aeropuerto personalmente, por haberla dejado tomar un taxi que nunca llegó a casa.
Su alma ya no tenía paz. Erik no era un hombre sin corazón; era un hombre que se había prohibido amar para siempre.
El patrón de citas frías y la contabilidad de las relaciones eran un muro: si las relaciones no duraban más de tres meses, el vínculo emocional jamás se formaría y, por lo tanto, no podría haber pérdida.
El Santuario Virtual
El lujo de su ático y su inmersión en la realidad virtual no eran solo negocios; eran una obsesión por la evasión.
Su sala de videojuegos y VR no era para el ocio, sino para el consuelo. Ahí pasaba gran parte de su tiempo libre y también trabajando e investigando, inventando, innovando sin parar.
Erik había creado un mundo virtual que solo él conocía: una recreación perfecta de su vida con Evelyn. Había utilizado su tecnología punta para entrenar un modelo de inteligencia artificial con todos los datos de su prometida: fotos, vídeos, grabaciones de voz e incluso viejos mensajes.
En ese mundo, podía charlar con Evelyn. Ella era una simulación increíblemente realista de la mujer que había perdido, capaz de conversar sobre sus recuerdos, sus sueños y sus viejos planes.
Era una existencia desgarradora, una mentira constante que lo mantenía cuerdo y, a la vez, lo hundía en la locura.
Vivía con el fantasma de su amor, y ninguna mujer real podría jamás competir con la perfección de su recuerdo digital.
Jamás nadie podía entrar aquí, ni siquiera Leo.
La Sombra de Leo
Solo Leo, su asistente personal, tenía una vaga idea de la tragedia que se escondía en el ático. Aunque Leo se encargaba de la contabilidad de las parejas, su verdadera misión era gestionar la tristeza de su jefe, asegurándose de que la rutina y el trabajo mantuvieran al fantasma a raya.
La vida de Erik era un cruel ciclo de creación digital y destrucción emocional.
Nadie puede penetrar en este mundo de dolor de Erik.