Más Allá de la Raya (DC Jake Tanner 6) Capítulo 82 #2
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Capítulo 82 #2

Justo cuando Jake iba a responder, una voz gritó por encima de su hombro, rompiendo la extraña calma que se había apoderado del puente, perturbada únicamente por el viento que ahora fluía suavemente a su alrededor.

—Aquí el inspector jefe Darryl Hughes. Jake, Lindsay, Erica: queremos resolver esto de la forma más calmada posible. Por favor, levantad las manos en el aire y tumbaos en el suelo.

Durante un momento —un largo, larguísimo momento— no pasó nada. El tiempo se detuvo. El río. El viento. Las aves. Toda la ciudad parecía haber perdido la armonía. Incluidos Jake, Erica y Lindsay. Ninguno quería dar el primer paso.

—Erica —dijo Jake en voz baja, sin apartar la vista de Lindsay—. Haz lo que dicen, por favor. Échate al suelo y estira bien los brazos y las piernas.

—Pero...

—Hazlo. Por favor .

A regañadientes, Erica se dejó caer al suelo.

—Ahora te toca a ti, Lindsay —dijo Jake.

Pero él ya podía ver que ella estaba pensando en algo completamente distinto.

Siempre hay una salida, siempre hay algún lugar a donde ir.

—¡Siento todo lo ocurrido, Erica! ¡Te quiero y siempre te querré!

Su siguiente movimiento debería habérsele antojado obvio, como una bofetada en toda la cara, pero tardó en reaccionar.

Sin previo aviso, Lindsay soltó la bolsa y corrió hacia el borde del puente.

Se oyó un estallido de gritos y exclamaciones de ambos lados del puente y, para sorpresa de Jake, también de su propia boca.

Pero sirvió de poco para detenerla. Trepó por el muro de ladrillo y se lanzó al río Támesis.

Entonces Jake reaccionó por instinto. Salió disparado tras ella y, al llegar al muro, ignoró el petrificante abismo de tonos marrones y negros que se abría bajo sus pies y se zambulló desde diez metros de altura hacia el agua.

Jake abrió los ojos de golpe cuando el torrente de agua golpeó su rostro.

La fuerza de la caída lo había sumergido profundamente en el frío; la presión en su cabeza fue inmediata.

Exhaló por la nariz y tragó saliva para compensar la presión, rodeado por una pared negra; entonces buscó a Lindsay en el agua turbia, temiendo lo peor.

Que se la hubiera llevado la corriente. Que hubiera quedado inconsciente por el impacto. Que hubiera desaparecido por completo.

Jake dejó que la corriente lo arrastrara, esperando que de alguna manera lo guiara hasta ella. Y mientras su flotabilidad natural lo elevaba hacia la superficie, agitó los brazos y las piernas, intentando permanecer sumergido. La ropa que llevaba puesta le pesaba, pero no lo suficiente.

La última vez que había hecho algo tan temerario y estúpido había sido en Southampton, saltando al Canal de la Mancha tras Danny Cipriano.

Aquel había sido el acto que inició toda esta saga de La Cábala y corrupción policial, y era el acto que le pondría fin ahora.

En aquella ocasión sufrió un ataque de pánico casi catastrófico, pero no iba a permitir que ocurriera lo mismo otra vez.

Esta vez no. La experiencia le había enseñado a lidiar con ello.

Pero de pronto la corriente empezó a arrastrarlo más y más hondo, y se dio cuenta de que se estaba quedando sin aire.

Agitó los brazos violentamente, dando patadas, forcejeando ahora por alcanzar la superficie.

Los pulmones le estallaban dentro del pecho, amenazando con ceder y dejar que el agua invadiera su cuerpo.

Si no actuaba rápido, se perdería en las profundidades del Támesis.

Sin embargo, la superficie todavía estaba muy lejos, fuera de su alcance. Se quedó mirando fijamente la luz del sol que se filtraba, mientras la marea en la superficie ondulaba y distorsionaba la claridad.

Siempre hay una salida, siempre hay algún lugar a donde ir.

Más hondo, más hondo.

Ya lo había hecho una vez. Podía hacerlo de nuevo.

Imágenes de Maisie, Ellie y Elizabeth aparecieron en su mente. Sus rostros felices, sus recuerdos dichosos, su futuro radiante le obligaron a reunir la fuerza y la resiliencia necesarias para impulsarse hacia arriba, para luchar contra la corriente.

Finalmente, rompió la superficie del agua, jadeando, asfixiándose, con arcadas, inundando su cuerpo de oxígeno antes de ser arrastrado hacia abajo de nuevo.

Y entonces sintió que algo lo agarraba. Al principio, pensó que se trataba de un barco que le pasaba por encima, aplastándolo.

Pero luego sintió que un par de manos le rodeaban el pecho y lo izaban hacia arriba, saliendo al exterior.

Respirando con rapidez, se giró para mirar a su rescatador: un oficial armado que se asomaba por la proa de la lancha policial que había estado flotando en el río.

Con un gruñido, el hombre subió a Jake al suelo firme de la embarcación.

Durante un momento, se quedó tumbado boca arriba, recobrando el aliento. Luego abrió los ojos. La luz lo inundó y se quedó mirando al cielo. En la esquina superior derecha de su visión había una nube pequeña, fina, delicada, flotando en el aire.

Lindsay .

Se incorporó hasta quedar sentado y se acercó a gatas al borde de la lancha.

—¿Dónde está? ¿Dónde está? —preguntó.

La respuesta del agente armado fue envolverle en una manta térmica.

—Se ha ido, amigo. No logramos encontrarla.

Jake se desplomó en la lancha, con la mente completamente en blanco.

Debería haberse sentido feliz de que La Cábala hubiera desaparecido, pero no era así.

Debería haberse sentido feliz de que todo hubiera terminado, pero no era así.

Porque siempre habría alguien más, alguien superior, alguien en quien ni siquiera había pensado para ponerse en sus zapatos y recoger el testigo.