Capítulo 83
OFICIALMENTE
— E n menudo lío nos hemos metido, ¿no le parece? —preguntó Darryl desde el otro lado de la mesa.
Jake, su abogada Veronica Bateman, Darryl y Ashley estaban sentados en una de las salas de interrogatorio en las entrañas de Bow Green.
Tras pasar varias horas en la parte trasera de una ambulancia, donde lo habían calentado, examinado y dado de alta, Darryl había tomado la decisión ejecutiva de traer a Jake de vuelta hasta Stratford en un coche patrulla en lugar de interrogarlo en New Scotland Yard, a pocos metros del puente.
Era su investigación, su autonomía sobre todo lo demás.
—Menudo lío, en efecto —dijo Jake. Todavía no había asimilado lo que había ocurrido en el puente. Tampoco creía que fuera a hacerlo pronto—. ¿Por dónde quiere empezar?
—Esta es su oportunidad de demostrarnos que es inocente, así que ¿qué tal por el principio?
Y eso fue exactamente lo que hizo Jake. Lo expuso todo sobre la mesa, desde el mismísimo comienzo de su carrera.
Bridger y Murphy, y cómo habían ayudado durante el último atraco de The Crimsons.
Liam y Drew y Garrison y el Destripador de Stratford, y cómo se habían preparado para cargarle los asesinatos a otro.
La muerte de Danny y Michael Cipriano, el suicidio de Richard Maddison, el accidente de Garrison, el asesinato de Drew.
El asesinato de Jermaine Gordon y Frank Miller a manos de Henry Matheson.
Helen Clements y Martin Radcliffe y su corrupción y connivencia con Henry.
El pequeño Lewis, al que había ayudado a salvar.
El fraude que había arruinado sus finanzas.
La red de tráfico de personas que había descubierto y detenido.
El beso que se había dado con Stephanie.
Los sucesos que rodearon la muerte de Richard Candy.
Las acusaciones vertidas contra él en relación con Rupert Haversham.
Los acontecimientos de los últimos días.
Todo con exquisito detalle. No dejó ningún secreto oculto, ninguna verdad sin contar.
Durante todo el relato, explicó cómo La Cábala había sido el titiritero y todos los demás los títeres en el magistral juego de Lindsay Gray.
—Estaba delante de nuestras propias narices —concluyó—. Se ha pasado todo el tiempo sentada en el rincón de la sala, siguiendo nuestras investigaciones, sabiéndolo todo sobre nosotros. Nos ha engañado y embaucado. Y os ha engañado a vosotros para que pensarais que yo era capaz de asesinar.
Había pasado casi una hora desde que empezara a hablar y tenía la boca seca. Se inclinó sobre la mesa y bebió un sorbo de su vaso de agua, que ya estaba tibia.
—Vamos a necesitar ver las pruebas —dijo Darryl con franqueza. Su voz no revelaba nada. Ni un solo indicio de que se creyera una palabra de lo que Jake había dicho.
—Las tengo.
—¿Dónde?
—Me gustaría hacer una llamada ahora, por favor.
Se había quitado un peso de encima ahora que lo había declarado todo oficialmente. Pero aún no había terminado. Tenía mucho más que demostrar.
En el mostrador de detención, le permitieron hacer la llamada. Cerca de él se encontraban Darryl, Veronica, el sargento de guardia y un agente uniformado, todos esperando impacientes a escuchar lo que tenía que decir.
Jake descolgó el teléfono y marcó el número de Michelle.
Sonó y sonó. Una y otra vez. Rogó para que ella respondiera.
Afortunadamente, lo hizo.
—¿Jake? —preguntó Michelle.
Él soltó un largo y profundo suspiro de alivio. —Me alegra mucho oír tu voz. ¿Llegaste bien?
—Nadie me vio. Nadie me siguió. Estoy bien.
Otro suspiro de alivio. —Necesito que hagas lo que acordamos.
—De acuerdo.
—¿Tienes las copias?
—Sí.
—Bien. —Hubo un breve silencio. Se le hizo un nudo en la garganta—. Oye... —comenzó, permitiéndose por fin relajarse—. Lo hemos conseguido. Lo has conseguido tú . Yo solo... solo quería darte las gracias. Sin ti, me pasaría el resto de mi vida huyendo.
—Podrás darme las gracias en persona cuando me veas. Y quizá me invites a una copa. Tomaré una Foster’s con un chorrito de limonada.
Sonriendo, Jake colgó y dejó el auricular sobre el aparato.
—¿Y bien? —preguntó Darryl, abalanzándose sobre él—. ¿Dónde está?
Antes de responder, Jake los miró a todos, saboreando el momento y las expresiones de sus rostros.
Les llevó algo más de una hora leer las pruebas, asimilarlas y empezar a contrastarlas. Mientras esperaba, Jake había regresado a su celda, donde le costaba encontrar una postura cómoda en el colchón, que era sumamente incómodo.
Como era de esperar, justo cuando por fin lo consiguió, la puerta de la celda se abrió.
Era Darryl. —Hola...
—Hola...
—Erica nos lo ha contado todo. Al menos la versión resumida. Ha corroborado todo lo que ha dicho.
—¿Y las pruebas? —Jake bajó las piernas del borde de la cama.
—Los de informática forense están intentando recuperar la grabación del puente de su teléfono empapado.
—Vaya.
—Pero el resto es incriminatorio. Le he echado un vistazo rápido antes.
—¿Y?
—Es pronto para decirlo, pero no podemos retenerlo aquí más de veinticuatro horas. Y no estoy en posición de prorrogarlo. Creo que por ahora no vamos a presentarle cargos por nada.
Una sonrisa de oreja a oreja iluminó el rostro de Jake. Se sentía eufórico. Se había acabado. Oficialmente.
Siempre hay una salida...
Jake se levantó, se acercó a Darryl y le estrechó la mano.
—Bueno... —empezó Jake—, ¿cuándo puedo volver al trabajo?