Capítulo 79 #2
Escuchó el resto. Cada uno de ellos estaba lleno de vehemencia y veracidad.
Cada uno le recordaba que era un completo y absoluto inútil; que había sido el hombre más afortunado del mundo al tener a Elizabeth como esposa y lo había echado todo a perder; que no tenía derecho a volver a su casa hasta que ella sintiera que se había ganado de nuevo su respeto.
Cada palabra era una daga impregnada de veneno. Cien cuchillos que atravesaban su cuerpo, su corazón y su alma.
Dejó caer el teléfono sobre el cojín, desolado. Se quedó así un rato, sin darse cuenta del paso del tiempo.
No fue hasta que Michelle apareció de nuevo en la puerta cuando por fin reconoció algo más.
—¿Qué pasa? —masculló.
—Sígueme. Tengo algo que enseñarte.
Ella lo llevó al despacho y se sentó ante el escritorio. En la pantalla había otro programa que a Jake le resultó extraño.
—¿Qué es? —volvió a preguntar.
—Las pruebas se acumulan. He pirateado el teléfono de Garrison y he entrado en su cuenta de Kingdom of Empires .
—¿ Tú lo has pirateado? ¿No uno de tus colegas?
—Tengo mis propias habilidades, ya sabes.
—¿Habilidades que te enseñó tu madre, la antigua empleada del GCHQ?
Michelle vaciló.
—Yo...
—Y cada uno de esos contactos , ¿has sido tú todo este tiempo?
—Algunos. La mayoría... Está bien, todos .
Mi madre me enseñó muchas cosas, pero la más importante fue que siempre necesitaba a alguien a quien echarle la culpa.
Por eso tengo mis «contactos». No son reales, no existen.
Son solo un resquicio para desviar la atención si es necesario.
Especialmente cuando trabajo con un poli.
Jake asintió, comprendiéndolo. Había un lado más oscuro en ella que no había previsto, incluso más oscuro que su invitación al falso funeral de Mark Murphy.
Volvieron a centrar su atención en la pantalla.
—¿Qué es lo que estamos viendo? —preguntó.
—Esto de aquí es una lista completa de los mensajes de antes de que Garrison fuera atacado.
—¿Ah, sí?
—Mensajes que le incriminan en las muertes de Danny y Michael, así como en el intento de deshacerse de Liam. Lo tengo todo en impresiones y copias.
—Sabía que Garrison era parte de esto, pero no me imaginaba que estaba tan metido.
O no había querido imaginárselo.
Michelle continuó:
—Incluso he pirateado también la cuenta de Lindsay. Esa es una lectura aún más interesante. Si puedes presentar eso en el juicio, no hay ninguna posibilidad de que salga jamás.
Jake sonrió, olvidándose de los mensajes de voz de su suegra. Al fin empezaba a haber algo de luz en medio de la oscuridad.
Pero como ocurre con todas las cosas en la vida, en cuanto las cosas empiezan a ir bien, siempre hay algo que te vuelve a hundir.
El móvil de Jake sonó. También el de Michelle. Era una notificación de la aplicación de noticias de la BBC. Jake la abrió.
—Henry Matheson... Fuga... HMP Wandsworth... —Miró a Michelle—. ¿Cómo es posible?
—No lo es. A menos que haya tenido ayuda tanto desde dentro como desde fuera.
Justo cuando iba a abrir la boca, el ordenador emitió un pitido, poniendo a Michelle en acción.
—¿Qué es eso? —preguntó Jake, mientras se acercaba al escritorio, obligando a Henry Matheson a pasar a un segundo plano en su mente.
— He puesto bajo vigilancia el teléfono de Lindsay.
Monitorizo sus llamadas, entrantes y salientes.
Y acaba de recibir una. Podemos escucharla.
—Cargó un programa en el ordenador, hizo unos clics con el ratón y, en cuestión de segundos, la grabación se abrió en la pantalla—.
Esta es una llamada entrante que ha recibido hace unos minutos.
Michelle pulsó reproducir.
Mientras ambos escuchaban la reproducción, Jake se maldijo a sí mismo. Sabía que debería haber hecho algo con el vecino. Pero en lugar de eso, lo había dejado pasar.
Jake volvió a escucharlo. Y luego por tercera vez.
—Parece que la salida de Henry Matheson de la cárcel ha sido una sorpresa para ella —dijo.
—¿A qué sicario se refiere?
Jake hizo una pausa para pensar.
—Solo se me ocurre una persona que ella haya utilizado en el pasado.
—¿Quién?
—La misma persona que mató a tus hermanos. Lo llaman The Farmer.
Michelle giró en la silla y empezó a teclear furiosamente en el teclado.
—The Farmer. Georgiy Ivanov. Sicario ruso. Lleva años en el país... y en el negocio. Muy poca gente conoce su nombre, y mucho menos su ámbito de actuación. Tiene contactos en las altas esferas de la mafia rusa vinculados con el gobierno y otros oligarcas.
Jake puso una mano en el respaldo de la silla de Michelle.
—Esto empieza a sonar a trama de novela de suspense. Y de las buenas.
—Puedo intentar que bloqueen su prisión. Primero tendremos que localizar en cuál está. Pero deberíamos poder evitar que salga por hoy.
—¿Y si no podemos?
—Entonces tendremos que rezar para llegar a Henry Matheson antes que The Farmer.
Otro pitido del ordenador interrumpió la conversación. Otra grabación de voz. Con marca de tiempo de hace dos minutos.
Michelle pulsó reproducir.
— No deberías llamar a este número —empezó la voz.
En cuanto la oyó, él se abalanzó hacia delante y hundió el dedo en la barra espaciadora, congelando la reproducción.
—Jake... Jake, ¿qué pasa?
Él se quedó helado.
Esa voz. La conocía de alguna parte. Le resultaba extrañamente familiar. Demasiado familiar.
Pero las interferencias y la estática...
—Ponla otra vez.
— No deberías llamar a este número .
Ahí estaba. Esa voz otra vez.
— Necesito una salida. Dijiste que llamara si necesitaba desaparecer .
— Puente de Westminster. Lado este. Mediodía. Te recogerá un Renault negro. No se lo digas a nadie .
En cuanto la grabación terminó, Jake miró su reloj, salió disparado del despacho y se dirigió a la cocina, donde estaban las llaves del coche de Michelle.
—¿Adónde vas? —preguntó Michelle, siguiéndolo.
—Tengo un plan —dijo él—. Es una locura, pero creo que puede funcionar para todos nosotros. Pero primero hay algo que debo hacer. Michelle, todo esto termina hoy.