Más Allá de la Raya (DC Jake Tanner 6) Capítulo 63
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Capítulo 63

KINGDOM OF EMPIRES

A Jake se le erizó la piel mientras esperaba frente a la casa de la jurado en Woking. Era media mañana y esperaba que ella estuviera en casa.

Michelle llamó al timbre. El sonido resonó por toda la casa.

Nada.

Jake dio un paso atrás desde la puerta y observó el edificio. Las cortinas estaban echadas tanto en los ventanales de la planta superior como en los de la inferior, y no ofrecían señales de vida.

—Venga —dijo él, derrotado—. No hay nadie. Tendremos que volver a intentarlo más tarde.

En cuanto Michelle se apartó de la puerta principal con renuencia, esta se abrió.

Ante ellos se encontraba Rosie Carter, la última superviviente del jurado del juicio de los Crimson.

La que de algún modo había evadido las garras de la muerte.

Y se notaba. Su complexión era delgada y lánguida, y las clavículas le sobresalían del pecho de forma alarmante.

Algo le decía a Jake que aquello era indicio de un abuso de sustancias o de un trastorno alimenticio, y ambos podían estar relacionados con el miedo constante al que la había sometido el Cónclave.

Los ojos de Rosie se movían con nerviosismo mientras se ceñía un jersey fino al cuerpo.

Al fondo, se oía la televisión a todo volumen. Jake reconoció Peppa Pig.

—¿Señorita Carter? —preguntó Michelle mientras se acercaba a la puerta.

—Si es por el pago, no lo tengo. No tengo el dinero —dijo ella, apretándose más el jersey contra el cuerpo.

—No se trata de ningún pago, señorita Carter —dijo Michelle—. Me llamo Michelle y este es mi colega, Jake. Estamos aquí para hacerle unas preguntas sobre el juicio de Danny y Michael Cipriano.

Al mencionar el nombre de los hermanos, los ojos de Rosie se agrandaron y sus pupilas se convirtieron en enormes discos negros. El color desapareció de sus sonrojadas mejillas y se aferró a la puerta, preparándose para cerrarla.

—No sé de qué me están hablando. No tengo nada que decir.

Michelle intervino justo cuando Rosie cerraba la puerta, interponiendo el pie en el hueco. —Somos de la Policía Metropolitana. Estamos aquí para ayudarla. Estamos investigando el juicio que se celebró y tenemos motivos para creer que su vida podría correr peligro. ¿Podemos entrar?

Rosie tardó apenas dos segundos en cambiar de opinión. Quizá fuera porque sabía que la amenaza contra su vida era totalmente creíble. O quizá fuera porque reconoció la dura honestidad en la voz de Michelle, aunque lo que había dicho no fuera del todo cierto. Fuera como fuese, funcionó.

Jake las siguió al salón y se sentó con Michelle en un sofá frente a Rosie. Rechazaron el ofrecimiento de algo de beber y le dijeron que querían ir al grano para no quitarle mucho tiempo.

—¿Por dónde quieren empezar? —preguntó ella justo cuando un camión de gran tonelaje pasó rugiendo frente a la casa, haciendo que el mobiliario del patio delantero vibrara.

—Desde el principio... —dijo Michelle—. Todo lo que pueda recordar. Cuándo se enteró de que le tocaba el servicio de jurado. Quién se le acercó con el dinero. ¿Qué recuerda de esa persona? Cosas de ese estilo.

—Ustedes... ¿saben lo del dinero ? —preguntó Rosie, abriendo aún más los ojos.

Michelle asintió con la cabeza.

—¿No estoy en problemas, verdad?

—Nada de eso —dijo Jake, esperando que la sonrisa que le dedicó calmara un poco sus nervios—. Pero, como le hemos dicho en la puerta, tenemos motivos para creer que podría estar en peligro y nuestro trabajo consiste en protegerla.

Rosie bajó la mirada a su regazo y empezó a juguetear con las manos, urgándose las cutículas de sus dedos mal manicurados.

—Los demás... —comenzó ella—. Los demás están muertos, ¿verdad? He estado viendo sus caras en las noticias y en Facebook. ¿Eso significa... significa que yo soy la siguiente ?

Jake se atragantó justo cuando iba a responder.

Empatizaba con ella a otro nivel. Conocía el miedo constante y la paranoia perpetua que ella tenía que soportar.

Pero no tenían pruebas, ninguna evidencia concreta que sugiriera que ella estaba en el radar del Cónclave, que fuera la siguiente de la lista.

—Si nos lo cuenta todo —dijo Michelle—, podremos ayudar a protegerla.

Rosie vaciló de nuevo. Luego levantó la vista del regazo y empezó.

—Yo... ni siquiera recuerdo cuándo empezó.

Pensé que era normal. Recibí una carta por correo con las fechas para mi servicio de jurado, pero no le di importancia.

Estaba embarazada; me habrían faltado unos tres meses para dar a luz cuando debía celebrarse.

No estaba trabajando y me costaba mucho pagar este sitio.

—Pero entonces llamaron a la puerta un par de días después de recibir la carta, creo.

Era una mujer. Me dijo que era del ayuntamiento.

Me enseñó sus datos y luego entró sin que la invitara.

Fue entonces cuando me ofreció cincuenta mil si daba un veredicto de no culpabilidad en caso de que me eligieran.

No sabía qué hacer conmigo misma. Pensé que estaba bromeando.

Pero entonces sacó una pistola y me apuntó al vientre.

Dijo cincuenta mil ahora y cincuenta mil después del juicio.

—¿Qué hizo usted? —preguntó Michelle.

—Cogí el dinero. Lo necesitaba. Como he dicho, no tenía trabajo. No tenía ingresos. Tenía un bebé en camino. Y me estaba costando pagar las facturas y mis deudas. No tenía mucha elección.

—¿Le dio algún nombre? —preguntó Michelle.

—Lo hizo, pero no lo recuerdo.

—¿Puede recordar qué aspecto tenía?

Rosie vaciló un momento mientras buscaba en su memoria. —Creo... que era menuda. Tenía el pelo rubio grisáceo. Lo llevaba corto. Como una especie de corte bob. Llevaba gafas. Tenía la nariz tirando a pequeña.

Asintiendo, Michelle continuó con el interrogatorio. —¿Y puede recordar algo más sobre ella?

—Sí. No sé si es importante, pero ella... me dijo que había tenido un aborto espontáneo cuando era más joven. Creo que ver mi barriga de embarazada se lo recordó.

—Gracias —dijo Jake mientras tomaba nota mental de todo—. Lo está haciendo muy bien, de verdad. ¿Qué pasó después de que le diera el dinero?

—Ella... pues luego me entregó un móvil y me dijo que se pondría en contacto conmigo a través de él. Que si necesitaba hablar con ella, solo debía usar ese teléfono y ningún otro.

Jake aguzó el oído. —¿Todavía lo tiene?

Rosie asintió.

—¿Podemos verlo?

Rosie se levantó de su asiento y fue hacia la zona de la cocina, en una habitación contigua. Rebuscó en el contenido de un cajón de los cubiertos y regresó unos segundos después.

En la mano sostenía un viejo iPhone 4S.

—Era nuevo en aquel entonces —dijo mientras se lo pasaba a Michelle, que era la que estaba más cerca de ella—. Probablemente lo más caro que he tenido nunca.

Michelle y Jake centraron toda su atención en el dispositivo. Michelle fue la encargada de manejarlo, moviéndose por el sistema tan rápido que Jake no podía seguir el ritmo de sus ojos. Revisó la agenda de contactos y luego los ajustes, pero al parecer no encontraba lo que buscaba.

—¿No venía con una SIM? ¿No le dio un número de contacto? —preguntó Michelle.

Rosie negó con la cabeza. —No. No, no, no. Fue diferente. En lugar de eso, me dijo que hablara con ella a través de una aplicación: Kingdom of Empires .

Jake le arrebató el teléfono y buscó en la biblioteca de aplicaciones. Se detuvo de repente, fijándose en la aplicación en cuestión.

—¿Se comunicaban a través de un juego? —preguntó Jake mientras se le quedaba el cuerpo frío.

—Sí —respondió Rosie—. Y siempre el mismo nombre de usuario.

Jake inició la aplicación, deslizó el dedo hacia la esquina superior derecha de la pantalla y abrió la bandeja de entrada de la cuenta de Rosie. Solo había un chat. En la parte superior de la pantalla, el nombre le devolvió la mirada a Jake, palpitando al ritmo de su corazón.

Se quedó mirándolo fijamente. Incrédulo.

—LG540 —susurró—. No me lo puedo creer.

—¿Qué? —preguntó Michelle—. ¿Lo conoces?

—¿Que si lo conozco? Esta persona ha estado intentando contactar con mi hija de cuatro años.