Capítulo 38
NAOMI
A Erica le temblaban las piernas bajo el peso adicional del cuchillo que llevaba en la mano.
No sabía qué hacer con él, dónde ponerlo, dónde esconderlo.
La última vez que lo había empuñado el otro día, había sabido exactamente qué hacer, cómo usarlo.
Gracias a Dylan. Cuando estaba con él todo cobraba sentido, todo tenía un propósito.
Pero ahora estaba sola, como un oso polar buscando su próxima presa, luchando por sobrevivir.
Ahora que sus rostros habían salido en la tele, aquello no iba a hacer más que complicarse.
¿Cómo habían podido permitir que la situación llegara a este extremo?
No se suponía que la policía fuera a identificar a Dylan tan rápido.
De todos los años que había oído a su padre hablar mal de la policía, había sacado la conclusión de que eran unos incompetentes, incapaces de encontrar a nadie aunque se presentaran en la comisaría y les dijeran exactamente quiénes eran.
Incluso Henry les había dicho que sería fácil, que él podría desviar la investigación lejos de ellos tanto tiempo como fuera posible.
A menos que… a menos que los hubiera traicionado y los hubiera vendido detallando su ubicación a todo el cuerpo de policía.
No. Era una estupidez pensar eso. Había sido una chiripa. La policía había tenido suerte, y ahora ellos tendrían que lidiar con las consecuencias.
Joder, tenía la cabeza hecha un lío. Las paredes y los edificios se movían, se derretían, le hablaban.
Seguía con los ojos como platos y nunca había tenido el pulso tan acelerado, ni siquiera cuando compitió en los campeonatos regionales de cinco kilómetros.
Se suponía que las drogas ayudarían a mitigar el dolor de haber masacrado a su familia.
Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, los veía.
Desangrándose en el sofá, en la cocina. La vida abandonando sus cuerpos.
A veces las alucinaciones y las imágenes eran viscerales, horribles, y la aterraban hasta lo más profundo.
Pero cada vez que posaba la mirada en Dylan, recordaba que estaba a salvo.
Que él no haría nada para herirla. Dylan era, sin duda, lo mejor que le había pasado en la vida, y no podía permitir que le ocurriera nada malo.
A ellos . Confiaba en él plenamente, de todo corazón. E incluso daría la vida por la suya.
Su familia ya lo había hecho.
Que se jodan sus padres. Que se jodan todos.
Era culpa suya por haberle guardado rencor, por haberle rechazado en cuanto lo conocieron.
Era culpa suya por haberle juzgado por venir de una zona de protección oficial, por ser «inferior» a ellos.
Ella lo único que quería era que su carrera musical fuera un éxito.
Lo único que quería eran unos pocos miles de libras, para que Dylan pudiera invertirlas en equipo de grabación y conseguir que un sello discográfico lo fichara.
Pero ellos se habían negado en redondo, y con ello se habían condenado a una muerte sangrienta sin siquiera darse cuenta.
De algún modo, las piernas de Erica la llevaron hasta el piso 461, casi como si supiera instintivamente dónde encontrarlo.
Con la hoja del cuchillo presionada contra la pierna, llamó a la puerta y esperó. Caminó de un lado a otro y después se puso de espaldas al piso.
Necesitaba el factor sorpresa.
Y en cuanto se abrió la puerta, lo tuvo.
Girando sobre sí misma, Erica se abalanzó sobre Naomi y le puso el filo contra el cuello.
Empujó a su desprevenida víctima contra la pared y le tapó la boca con la mano libre.
Algo ajeno se había apoderado de ella. Rabia.
Hambre. Esto era pura supervivencia, e iba a hacer todo lo posible para asegurarse de que salían vivos de esta.
—Cierra la puta boca y haz exactamente lo que te diga —siseó Erica en la cara de Naomi.
Era como mirarse en un espejo. La chica inmovilizada contra la pared era casi idéntica a ella. Las cejas finas y separadas. La frente alta. La nariz estrecha que se ensanchaba con dos orificios grandes en la base. Incluso la curva de sus labios era la misma. Era asombroso.
—¿Entendido?
Naomi asintió, jadeando con fuerza.
—Si gritas, te mato. Si intentas huir, te mato. Solo necesito que me acompañes un rato. Después de eso, te dejaré marchar.
La mirada en los ojos de Naomi le dijo a Erica que no la creía. Y por un momento, Erica no estuvo segura de creerse a sí misma tampoco. No tenía ni idea de qué le pasaría a Naomi cuando terminaran con ella… si es que terminaban. ¿Simplemente la dejarían ir o acabarían matándola a ella también?
Otro nombre en la lista.
Eso era demasiado en lo que pensar ahora mismo. Estaba perdiendo el tiempo, un tiempo que no tenían. Ya se ocuparían de ese problema cuando llegara el momento.
A Naomi se le llenaron los ojos de lágrimas.
Aun así, se mantuvo calmada. Su pecho subía y bajaba suavemente, y se quedó casi completamente quieta.
A Erica le gustaba pensar que ella habría reaccionado de la misma manera si la situación fuera a la inversa.
Por suerte no lo era, y esperaba no tener que averiguarlo nunca.
—Vamos. Vienes conmigo.