Más Allá de la Raya (DC Jake Tanner 6) Capítulo 21
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Capítulo 21

HABLANDO DEL REY DE ROMA

C uando finalmente regresó a su mesa, veinte minutos después, Jake se desplomó en la silla, estiró las piernas y bostezó.

El suave acolchado —que hasta ese momento consideraba uno de los materiales más incómodos sobre los que había tenido la desgracia de sentarse— le masajeó y relajó las vértebras, aliviando la tensión en la zona lumbar y el cuello.

Estaba a años luz del colchón rígido en el que le habían obligado a tumbarse en la celda.

A partir de ese instante, jamás volvería a dar por sentada una silla incómoda.

Jake volvió a bostezar y decidió prepararse un café.

Al levantarse de la silla, se dio cuenta de lo vacío que estaba el despacho.

Ni rastro de Brendan. Ni de Darryl. Ni de Ashley.

Solo estaban él y Alison, la detective en prácticas que se les había unido recientemente, y un puñado de otros agentes de paisano del equipo.

La cocina estaba aún más silenciosa, lo cual le sorprendió porque solía ser el centro comercial del entretenimiento, la sociabilización y los cotilleos.

El lugar donde, durante unos minutos, podían entrar, desconectar y hablar de cosas normales como el último episodio de Game of Thrones o la última temporada de Breaking Bad .

Pequeños detalles para recordarles que eran seres humanos, y no robots insensibilizados ante el horror y los comportamientos perniciosos de los depravados y los malvados.

—Buenos días, forastero —dijo una voz desde el otro lado de la cocina—. ¿Qué te ha pasado en la cara?

Lindsay Gray entró en la estancia con una bolsa de papel marrón y se apresuró hacia él.

A finales de los cincuenta, tenía edad suficiente para ser su madre y, a veces, él la trataba como tal, utilizándola como confidente imparcial en busca de consejos y orientación.

Pero ahora ella insistía en inspeccionarle las manos y la cara, analizando escrupulosamente el alcance de sus heridas.

—¿Qué demonios ha pasado?

—No es nada por lo que preocuparse —dijo él—. Brendan está peor. Ahora mismo está en Whipps Cross.

—¿Estabas allí con él?

Jake bajó la mirada al suelo. —Sí —respondió despacio.

Lindsay cruzó la cocina y volvió a prestar atención a la bolsa. —¿Tienes idea de quién os lo ha hecho?

—No exactamente. Pero estábamos en The Pit. Supongo que no fue más que otro de los hombres de Henry Matheson haciendo el trabajo sucio. Jake hablaba como si no le quedara vida; sin emoción, sin pasión, sin entusiasmo, nada. Una parte de él esperaba que Lindsay se diera cuenta.

—Tienes que ir con más cuidado ahí fuera.

—¿Dónde está todo el mundo? No hay casi nadie.

—No lo sé, pero he salido a dar un paseo y he traído el desayuno. ¿Quieres algo?

Jake se acercó al hervidor y lo encendió. Entonces se dio cuenta de que no tenía agua. Su mente divagaba mientras sostenía el hervidor bajo el grifo.

—Jake —le llamó Lindsay—. Jake.

Finalmente, volvió en sí y la vio sosteniendo un cruasán de mantequilla en las manos. El estómago de Jake rugió ante la visión.

—Si no te importa —dijo, dándose cuenta de lo que ella le había preguntado.

Cruzó la estancia, cogió el paquete y volvió a los armarios, de donde sacó una taza y la llenó con café soluble.

—Jake —insistió Lindsay, apareciendo a su lado—. ¿Está todo bien? ¿Pasa algo más? Sabes que puedes hablar conmigo.

—Es que... —Echó un vistazo a la cocina, asegurándose de que fuera seguro y de que nadie estuviera escuchando, y continuó—: Estas últimas semanas me he sentido tan solo, tan aislado.

Lo odio. Ahora Brendan está en el hospital.

Ashley va a su aire, lamiéndole el culo a Darryl en cada oportunidad que tiene.

Y Darryl se ha propuesto como misión vital hacerme sufrir.

No he dormido bien en semanas. Elizabeth ya no vive conmigo, así que no tengo con quién hablar cuando vuelvo del trabajo.

Ni niños tampoco. Solo yo y la tele. E incluso así, estoy demasiado inquieto para concentrarme en nada.

Es que... —Jake hizo una pausa—. Me está costando.

Las palabras que había reprimido y mantenido bajo llave, ahora liberadas, le quitaron de encima una montaña de desesperación y lo elevaron hacia el aire donde, por primera vez en mucho tiempo, se sintió capaz de volver a respirar.

Lindsay le puso una mano en el brazo y se lo apretó, sonriéndole con afecto. —¿Has preguntado si puedes tomarte unos días libres? ¿Darte algo de tiempo para despejar la cabeza, para ponerlo todo en orden?

—No puedo. Las cosas están demasiado desmadradas aquí. Especialmente ahora que nos falta un hombre. El trabajo me mantiene ocupado, y me preocupa que me aburra demasiado en casa.

—Sin embargo, si te esfuerzas demasiado, Jake —empezó Lindsay—, no llegarás al final para ver el desenlace.

Y lo sabes. Nadie te va a alabar por intentar ir de héroe cuando no es necesario.

Y este sitio, desde luego, no te va a dar el reconocimiento y la adoración que te mereces.

Piensa en ti por una vez. Llevo en este oficio lo suficiente para darme cuenta de que los que se hacen notar son los que más sufren.

Suena contradictorio, lo sé. Pero cuando la gente en puestos de poder ve tu nombre cada vez con más frecuencia, entran en pánico.

Sienten celos. Les preocupa que la joven promesa ascienda en el escalafón. Entonces juegan sucio contra ti.

Y que lo digas.

D de Darryl...

Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

El inspector jefe estaba en el umbral de la puerta, con aspecto de estar orgulloso de sí mismo. —Ah, aquí está —le dijo a Jake—. Hay algo de lo que tengo que hablar con usted.

—¿Y ahora qué?

—Erica Haversham. Ya han pasado más de cuarenta y ocho horas y sigue sin haber señales de ella ni por parte de sus amigos, profesores o familiares.

Ahora la estamos clasificando como persona desaparecida.

Lo que significa que tanto el MIT como la unidad de Desaparecidos trabajarán juntos en este caso.