Capítulo 10
OPERACIÓN THEMIS
—Buenas tardes —dijo el agente tras el mostrador, preparándose para terminar su turno.
—Buenas tardes —fue la respuesta alegre y vibrante, acompañada de una sonrisa y una leve inclinación de cabeza.
La primera regla para pasar desapercibido era hacerse ver. El cerebro humano estaba programado para detectar anomalías, señales de amenaza y peligro, de modo que si La Cábala daba a alguien el más mínimo motivo para sospechar algo extraño, todo habría terminado.
Por otro lado, era fundamental reducir al mínimo el contacto humano y, lo que era más importante, el número de testigos.
Un equilibrio sutil y, a veces, precario.
Un equilibrio que ella dominaba a la perfección.
Avanzando por el pasillo con la cabeza baja, La Cábala se internó en las profundidades del edificio hasta llegar finalmente al laboratorio forense, en la parte trasera de Bow Green.
La Cábala pasó una tarjeta magnética por el lector de la entrada, esperó a que la luz sobre el escáner parpadeara en verde y entró.
Un denso muro de aire frío la recibió al entrar y la acompañó mientras recorría una serie de pasillos siguiendo las señales de la pared.
Tras unos minutos subiendo escaleras y buscando la ubicación correcta, La Cábala se detuvo en un corredor de la tercera planta.
Las luces artificiales iluminaban con intensidad las alfombras azul oscuro y las paredes de color crema desconchadas.
A mano derecha estaban los laboratorios de investigación.
A la izquierda, los depósitos de pruebas.
La Cábala se metió en la primera sala de la izquierda y cerró la puerta con cuidado. Exhaló un suspiro de alivio.
La sala de pruebas estaba vacía, a excepción del zumbido del aire acondicionado de fondo.
De suelo a techo se extendían hileras de estanterías, ordenadas alfabéticamente de forma descendente, donde cada letra correspondía al nombre de la investigación.
Y el título asignado a la muerte de Rupert Haversham acababa de anunciarse: Operación Themis.
La Cábala buscó el estante con la letra T.
Pocos segundos después, lo encontró: las bolsas de pruebas recogidas en las escenas del crimen de Rupert, Helena y Felicity.
ADN. Huellas dactilares. Folículos pilosos.
Muestras de sangre. Todo estaba allí. Esperando a ser enviado al equipo externo de examen forense.
Y todo estaba allí para que ella lo cogiera.
La Cábala metió la mano en la bolsa de pruebas que traía consigo e intercambió los indicios hallados en la escena del crimen. Cuatro elementos en total. Uno por cada método de identificación: pelo, saliva, piel y huellas dactilares.
En cuestión de minutos, la tarea estaba terminada.
Y dentro de unas horas, cuando el equipo forense comenzara a investigar las pruebas, se llevarían una sorpresa con el resultado, al igual que el resto de la comisaría.