Markus, ladrón de corazones Capítulo 12
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Capítulo 12

Tardamos un poco en recuperarnos de las risas y, cuando lo hicimos, se hizo un silencio cómodo entre nosotras, porque así eran siempre los silencios con Denise.

Ella fue la que lo rompió de nuevo un par de minutos después.

—Bueno, dejando a los tortolitos aparte, ahora cuéntame, ¿hoy tienes entonces la reunión de personal?

—Así es, a las ocho y media tengo que estar en la sala de reuniones de los médicos y tengo muchas ganas de saber qué adjunto me tocará y de conocer a mis compañeros.

—Pues de compañeros seguro que coincidirás con Stefan Gruber.

—¿Stefan? No sé quién es.

—Es un chico majísimo. Él empieza hoy su segundo año de la misma especialidad que tú. Es simpático, divertido y le encanta, como a ti, la cirugía cardíaca. Estoy segura de que os llevaréis bien.

Sus palabras me tranquilizaron bastante, porque tener un buen compañero al lado era muy importante.

En el hospital pasabas muchas horas con las mismas personas, sobre todo durante las guardias, y si te tocaba trabajar con alguien con quien no te llevabas bien, aquello podía convertirse en un auténtico suplicio.

—Pues espero llevarme bien con él, así las guardias no se harán interminables.

—Verás cómo sí, y él también estará encantado contigo, de eso no tengo dudas tampoco.

—Ya solo me falta saber quién será mi adjunto.

El cambio en la cara de Denise fue apenas perceptible, pero yo, que la conocía bien, lo noté enseguida.

Su sonrisa no desapareció del todo, pero sí que se apagó un poco e incluso me pareció que se volvía forzada. Pero lo que más me preocupó fue que me retiró la mirada.

Fruncí el ceño antes de volver a hablar.

—Denise, ¿qué pasa?

—¿Por qué tiene que pasar algo?

—Denise…

Suspiró. Y ese suspiro hizo que mis nervios aumentaran.

—De verdad que no pasa nada.

—Denise, no me hagas esto —dije cruzándome de brazos.

—¿El qué?

—Te conozco tan bien como tú a mí y sé cuándo intentas ocultarme algo o esquivar un tema.

Denise bajó la mirada más al suelo y eso me hizo sospechar todavía más que algo no iba bien.

—Suelta lo que sea —le rogué.

Volvió a levantar la mirada y sonrió, pero esa sonrisa no le llegó a los ojos.

—Creo que es mejor que lo descubras tú sola.

Fruncí más el ceño y la miré más confusa porque no entendí qué quería decir.

—¿Qué tengo que descubrir?

Volvió a suspirar y me miró, ¿así como con pena?

—Es que…

—Es que ¿qué? Joder, dilo ya, me estás poniendo de los nervios.

—Niña, esa boca.

—Deja mi boca y mueve la tuya para hablar, por favor.

—Pues que puede que el adjunto que te toque ya lo conozcas, bueno, no, estoy segura de que lo conoces.

—Pero eso no es nada raro, conozco a muchos médicos de este hospital y no solo de cardiología, sino de otras especialidades y tú lo sabes.

—Lo sé.

—¿Entonces dónde está el problema?

—No es un problema, o al menos eso espero; esto es algo diferente.

—¿Diferente en qué sentido?

Denise se tomó unos segundos para contestar y eso hizo que una sensación rara se instalara en mi estómago.

—Es alguien que conociste hace muchos años, pero no es ni la sombra de lo que un día fue.

Noté cómo el estómago se me encogía un poco más.

No quise sacar conclusiones precipitadas, pero es que entre lo que me acababa de decir y que la conversación que había tenido con Nadine sobre Markus un rato antes, que no sabía por qué volvió de golpe a mi cabeza, pensé que podía tratarse precisamente de él.

No sabría decir cómo, pero una parte de mí ya sabía la respuesta, aunque aun así no pude evitar preguntar.

—Denise, ¿quién es?

Ella me miró con ternura y también con algo de pena. Y sin que contestara tuve mi confirmación.

Porque ella estuvo allí, ella me vio mirarlo, ella me vio sonreír cuando apenas podía, ella fue mi cómplice durante mucho tiempo sin tener que pedírselo y sin que ella se ofreciera.

Denise siempre supo que yo lo miraba diferente; ella, cuando sabía que iba a pasar por mi habitación, se adelantaba y, sin ni siquiera llegar a entrar, desde la puerta me guiñaba un ojo y con eso bastaba para que yo supiera que Markus aparecería unos minutos después.

Yo nunca dije que me gustaba en voz alta, pero igual que Nadine siempre lo supo, Denise también lo hizo.

—Denise —repetí.

Soltó un poco el aire que parecía estar conteniendo y puso una mueca con la cara que yo conocía perfectamente. Era la misma que ponía cuando sabía que me iba a decir algo que no me iba a gustar nada.

—Seguramente tu adjunto sea Markus Wolf.

Me quedé completamente inmóvil.

El aire se me quedó atascado en los pulmones y mi corazón empezó a bombear un poco más rápido de lo normal, pero no porque le pasara nada malo. Con el paso de los años y después de todo lo que había ocurrido sabía diferenciar perfectamente cuándo tenía una arritmia y eso no lo era.

Era otra cosa totalmente distinta, era la misma sensación que había tenido años atrás cada vez que oía su nombre, o cuando sabía que estaba a punto de aparecer por la puerta y sobre todo cuando lo tenía delante.

Markus…

Cerré un segundo los ojos, solo fue un segundo, pero fue suficiente para que su rostro apareciera en mi cabeza con una claridad impresionante. Con sus ojos vivos y claros, con su sonrisa pícara de medio lado y esa voz ronca que me hacía estremecer.

—Annika…

Abrí los ojos de golpe.

—Dime que no —susurré.

Denise se acercó y me acarició el brazo como siempre hacía cuando estaba asustada, y ciertamente lo estaba.

—Lo siento, cariño, pero no puedo decirte eso.

Tragué saliva y subí la mano por instinto para agarrar su brazo como siempre había hecho cuando necesitaba ese apoyo para seguir y no derrumbarme.

—¿Cómo es posible? En diez años no lo he visto, yo pensé que no estaba en este hospital.

Denise forzó una sonrisa.

—Nunca se marchó, pero quizá el destino no quiso que coincidierais más.

Resoplé, porque madre mía lo puñetero que había sido el destino si eso era cierto.

—¿Y por qué has dicho que no es ni la sombra de lo que fue?

Denise apretó un poco más mi brazo.

—Prefiero que lo compruebes tú misma, Annika. Solo te diré que no esperes encontrar al Markus que tú recuerdas, porque eso no lo vas a hacer.

No insistí en querer saber más, aunque tampoco me hubiera servido de nada hacerlo. Conocía muy bien a Denise y sabía que si no quería decir algo, por mucho que insistieras, ella no iba a soltar prenda.

O quizá no insistí porque después de todo y de los años que habían pasado sí que prefería ver con mis propios ojos si era cierto que Markus había cambiado tanto como estaba insinuando Denise.

Físicamente estaba segura de que sí que podía haber cambiado algo, diez años eran muchos y cuando nos conocimos él era un chico de veinticinco años y ahora era ya un hombre de treinta y cinco.

Antes de que pudiéramos decir nada más, ni Denise ni yo, la conversación se quedó en suspenso porque una voz masculina sonó a mi espalda.

—Pero bueno, Denise, ¿tenemos nueva enfermera en nuestras filas y no me has dicho nada?

El gesto serio que Denise había tenido durante la última parte de nuestra conversación cambió de repente y su sonrisa volvió en cuanto oyó al chico decir eso y también lo vio por encima de mi hombro.

Yo me giré para ver quién era porque su voz no me sonaba de nada.

En el marco de la puerta, con los brazos cruzados, estaba un chico pelirrojo más o menos de mi edad. Tenía los ojos negros y muy vivos y una sonrisa pícara en los labios que me recordó mucho a la de Nadine cuando estaba ideando alguna travesura.

—Ella no es una enfermera, Stefan. Es Annika Mayer, residente de primer año de cirugía cardíaca. Será tu nueva compañera. Y además es parte de esta familia desde que apenas levantaba un palmo del suelo.

Stefan me miró de arriba abajo con interés, pero no un interés romántico ni nada parecido, sino intrigado seguramente por lo que acababa de decir Denise.

—Annika —dijo extendiendo la mano—, yo soy Stefan Gruber, de segundo año.

Levanté la mía sin dudar y se la estreché.

—Encantada.

—Lo mismo digo. Aunque creo que de la presentación que ha hecho Denise me he perdido con algo.

—¿El qué? —le preguntó ella.

—Eso de que es de la familia desde que no levantaba un palmo del suelo.

Miré a Denise, que negó con la cabeza mientras sonreía un poco más, pero no dijo nada, dejó que fuera yo la que contestara.

—Es una historia un poco larga.

—Me gustan las historias. Me la contarás, ¿no? No quiero quedarme con la intriga.

Denise soltó una carcajada y yo me contuve de hacer lo mismo. No por lo que Stefan había dicho, sino por el ansia que había puesto en decirlo para querer saber.

—Te la contaré en una de esas guardias interminables que seguramente nos tocará hacer juntos. Así estaremos entretenidos y no se nos hará tan larga.

—Genial. Ahora ya tengo un motivo para querer que nuestra primera guardia llegue pronto.

—Stefan, tardarás dos segundos en arrepentirte de lo que has dicho, el año pasado te lo has pasado quejándote de las guardias día y noche.

—Joder, es que realmente se hacían interminables, sobre todo si no tienes con quién hablar, aquí todos van a su bola, ya lo sabes —dijo quejándose.

Denise asintió.

No solo dándole la razón porque al parecer bien sabía ella que la tenía, sino que lo miró con comprensión y forzó una sonrisa.

Miré a Denise frunciendo el ceño porque eso me extrañó muchísimo. Yo había pasado suficientes horas allí metida como para saber que en cardiología, al menos cuando yo estaba ingresada, día sí y día también eran un equipo muy unido.

Pero al parecer esos años habían cambiado muchas cosas o esa fue la sensación que me dio.

Denise, sin necesidad de palabras, supo enseguida lo que estaba pensando y me contestó también sin palabras.

Negó con la cabeza y con la mirada me dijo otra vez eso de «ya lo comprobarás por ti misma».

Joder, pensé un poco abrumada y cada vez más nerviosa, porque al parecer no me iba a encontrar todo tan bien como yo había pensado que sería.

Solo esperaba no tener que arrepentirme de haber puesto aquel hospital como primera opción para hacer la especialidad. Mi hospital, como siempre lo llamaba. Porque sí, ya sabía que no era mío, pero en el fondo así lo sentía.