Epílogo. Violet
Epílogo
Violet
Chasing Cars – Snow Patrol
Una cálida brisa de verano me revuelve el pelo mientras observo la lápida color carbón de mi abuela.
Grace Isla murió unos días después del impactante regreso de Kade. La enterramos con todas sus pertenencias favoritas, incluido el osito de peluche azul y las cartas de Graham.
La noche antes de que mi abuela falleciera, tuvo un momento de lucidez.
Fue tan repentino que creí que estaba soñando.
Sin embargo, cuando me miró como siempre lo hacía, con ese lazo eterno e irrompible de una abuela, y con una sonrisa dibujada en su rostro pálido y cansado. .., supe que no quedaba mucho.
Fue como respirar aire fresco, sabiendo que la ola podría llegar en cualquier momento.
—¿Te da miedo morir? —le pregunté, con lágrimas en los ojos.
—No —respondió con total seguridad, sin titubear—. Antes sí, pero ya no.
—Abuela, si tú mueres, yo también. No podré soportarlo. —Le apreté la mano con fuerza mientras luchaba por contener mis sollozos.
—Es parte de la vida. Nos volveremos a ver. Ten fe. Sé fuerte. Además, siempre estaré contigo, mija , no lo olvides.
—No me creo que se haya ido... —murmuro. Me duelen los ojos de tanto llorar. Tengo un dolor de cabeza tan intenso que siento que me están absorbiendo el alma. Me llevo una mano al vientre cuando me viene una arcada.
—Yo... hice algo imperdonable —susurra mi abuelo.
—Abuelo, seguro que no fue para tanto. —Enarco una ceja y lo miro con compasión. Le froto la espalda para reconfortarlo.
—¿Crees que no sabía que el corazón de mi esposa le pertenecía a otro hombre?
Me quedo callada. Mi corazón se acelera.
—¿Crees que no sabía lo de Graham? —Tose con aspereza. Se lleva una servilleta a los labios y se limpia los mocos—. Dejó de recibir sus cartas porque yo se las escondía.
Abro los ojos como platos.
—¡Abuelo! —exclamo.
—Fui un malnacido, estaba celoso. Solo quería que me mirara como lo miraba a él. Quería que me extrañara como lo extrañaba a él. Así que hice algo terriblemente egoísta.
Me aparto de él, sorprendida por su confesión. Él es la razón por la que Graham y mi abuela creyeron que el tiempo y la distancia los estaban separando.
—Creyó que se había olvidado de ella. En el restaurante todos le decían que fuera feliz porque veían lo que su ausencia le estaba provocando.
Le decían que era una ingenua por esperar a un hombre mayor.
Un soldado que seguramente la engañaba cuando estaba lejos.
Empezó a perder peso y ese brillo hermoso y alegre de sus ojos desapareció.
Yo no participé en el rumor, pero sí que intervine.
Pensé que lo mejor era que se olvidara de él, por lo que tomé cartas en el asunto.
—Se ríe con amargura—. Empezó a sufrir alzhéimer a los ochenta años y, aun así, era en él en quien pensaba, no en mí.
No puedo evitar sentir lástima.
—¿La abuela lo supo? —pregunto.
—Sí. Después de su funeral, un mes más tarde, le conté lo que había hecho —solloza—. Me arrepentí. Me odié por ello. Fui un desgraciado y un inmaduro. La obligué a aprender a vivir la vida sin Graham.
Me muerdo el carrillo, sin apartar la vista de la lápida.
—Fue incapaz de mirarme durante todo un año.
Hasta que un día apareció en mi casa y me perdonó.
Con el tiempo me dio una segunda oportunidad, aunque en el fondo.
.. siempre me pregunté si cada vez que me besaba se estaría imaginando a Graham.
Si era su voz con la que soñaba. Y los últimos momentos de su hermosa vida lo confirmaron.
Siempre fue él... Yo fui la segunda opción.
Aprieto los labios y paso la mirada de la lápida de mi abuela a mis manos.
—Ella os amó a los dos. La abuela te amaba a ti y a él, no fuiste una segunda opción. Creo que es posible tener más de un gran amor en la vida.
Él niega.
—Todas esas cartas que leísteis juntas... No recibió la mayoría de ellas. Por mi culpa.
Se lleva la mano pecosa y temblorosa al bolsillo de su abrigo negro y saca un puñado de cartas. Abro los ojos al ver que son todas de Graham. Me las entrega con delicadeza.
—Cuídalas por ella.
Las abrazo con fuerza contra mi pecho mientras mi abuelo permanece hundido en su tristeza.
No me puedo ni imaginar lo que es estar casado más de sesenta años con alguien que nunca superó a su primer amor.
Mi abuelo amaba tanto a mi abuela que nunca le importó, se casó con ella sabiendo que su corazón seguía perteneciéndole a otro.
Mientras la tuviera, era suficiente para él.
Paso los dedos por la letra de Graham y me pregunto si él supo lo mucho que ella lo amaba. Mi abuela le envió una carta para romper su relación después de que todos la convencieran de que él no la quería... Sin embargo, me pregunto si él fue capaz de ver más allá de ese pequeño momento de duda.
Mi abuelo continúa llorando en silencio.
Nos sentamos juntos, uno al lado del otro, y lloramos a mi abuela.
Antes de irnos, cantamos sus canciones favoritas y recordamos lo que más nos gustaba de ella.
Todas esas historias divertidas, esas recetas que siempre me salen mal porque, no importa cuántas veces las haga como ella me enseñó, la comida nunca volverá a saber igual que la suya.
Me agarro a su brazo y nos marchamos de su lugar de descanso.
Me limpio las lágrimas de los ojos hinchados y un grupo de mariposas monarca pasan volando frente a mí.
Se me corta la respiración al verlas moverse tan libres, tan hermosas.
Me quedo embelesada. Siento una punzada en el corazón cuando veo que dos se posan sobre la lápida de mi abuela.
Abren lentamente sus alas naranjas y negras, y se me hincha el pecho.
Me ha enviado una señal.
Lo sé.
Está en el cielo, bailando con Graham en alguna playa.
Sonrío y el corazón se me encoge. Me consuela saber que mi abuela murió en casa creyendo que su soldado había regresado a su lado.