Capítulo 50. Kade
Kade
How To Save A Life – The Fray FLASHBACK
—¡No puedes verlo! —me grita Penny sin soltar la puerta.
La usa como escudo para que no pueda ver a Adam en su cumpleaños.
Oigo cómo se preparan para cantarle el Cumpleaños feliz .
Cuando llamé a la puerta, la abrió lo justo para dejarme ver un segundo a mi hijo de once años antes de empujarme con la mano en el pecho.
Los padres y las hermanas de Penny están acomodando la tarta en la mesa.
Todos sus amiguitos están ahí. Es su familia por parte de madre, pero Penny se niega a dejarme entrar porque está presente su nuevo novio.
—Penny, por el amor de Dios, que soy su padre. Es la primera vez en años que puedo estar aquí el día de su cumpleaños. Además, le traigo un regalo hecho a mano.
Ella sale, cierra la puerta detrás de sí y niega con la cabeza con cara de asco. Va maquillada como una puerta, con el pelo rizado y un vestido veraniego con un cárdigan por encima. Está guapa, aunque no es suficiente para ocultar a la persona injusta, miserable y resentida que lleva dentro.
—¿Y qué es? ¿Otra de esas chorradas de madera? —se burla, cruzándose de brazos.
La miro a los ojos y se me forma un nudo en la garganta.
Bajo la vista a la enorme caja con un lazo amarillo que dejé en el porche.
He trabajado en este proyecto durante seis meses.
Aprovechaba cada vez que tenía un descanso de las misiones.
Es un castillo con un dragón en la torre más alta porque, la última vez que hablamos de Adam, Penny me dijo que estaba pasando por una etapa de obsesión con los dragones.
—No es una chorrada cualquiera, Penny. Por favor, déjame verlo.
Solo quiero darle un abrazo y desearle feliz cumpleaños.
Él también es parte de mí. No se merece esto.
No sé por qué sigues metiéndote en mi relación con él.
Lo quiero. Déjame verlo un puto minuto y me iré si eso es lo que quieres. ¡Por favor, merezco ver a mi hijo!
Ella me dedica una sonrisa envenenada.
—No. ¡Avery está aquí! Él sí que pasa tiempo con él y le presta la atención que tú no le das.
—¡Su padre soy yo! ¡No tu nuevo novio! ¡Y no es que no quiera, es que no puedo!
—¡No quieres! —escupe.
—Sabes que no puedo. Mi trabajo...
—Sí, sí. Ahórratelo. Te dejé porque no soporto tu trabajo. ¡Tampoco te soporto a ti!
—Penny... —Mi voz se vuelve más grave.
No puede seguir haciéndome esto. No me había dado cuenta de lo mucho que me dolían sus palabras hasta que se me empieza a nublar la vista. Parpadeo repetidamente para mantener mis emociones a raya porque si no me vendría abajo y me arrodillaría por pura frustración y desesperanza.
Antes de que pueda soltarme otro comentario hiriente, la puerta se abre y sale su hermana. Me mira y se aparta un mechón castaño del rostro.
—Vamos a cortar la tarta, Pen. —Se aclara la garganta y desaparece.
—Vale, ahora voy. Kade y yo ya hemos acabado de hablar —canturrea Penny con crueldad, y me lanza una mirada asesina. Apoya la mano en el pomo de la puerta y entra en casa.
—Por favor, déjame verlo.
Me cierra la puerta en la cara y oigo cómo pasa la llave por dentro al cabo de un segundo. Respiro hondo y me quedo mirando el regalo que le hice a mi hijo. Ni siquiera se ha molestado en cogerlo.
Antes de permitirme sentir, me llevo la mano al bolsillo y saco el móvil. Escribo un mensaje mientras me dirijo hacia mi moto.
Yo: Booker, hoy invito yo. Quedamos en un local llamado El Devine. Debería llegar a Carolina del Norte en cuatro horas.
Booker: Hoy estoy liado con mi madre. Tengo que arreglarle el fregadero y el aire. Si me da tiempo, nos vemos.
No respondo.
Me pongo mis gafas de aviador negras favoritas y arranco. Acelero hasta sentir la vibración en los huesos. Salgo del vecindario sintiéndome más derrotado y deprimido que nunca. Aunque me niego a hundirme en esas emociones.
Lo único que quería era mantener a mi familia unida y darle a mi hijo una vida distinta. Odiaba sentir que mi padre me había abandonado. Odiaba sentir que no valía nada y que no me merecía nada bueno. Solo quería abrazar a mi hijo y ni siquiera eso he podido hacer.
El aire cálido del verano me golpea el rostro mientras aprieto los dientes. Esta noche pienso beberme hasta el agua de los floreros con tal de dejar de sentirme solo.
Salgo tambaleándome de El Devine y entro en el aparcamiento iluminado, casi vacío.
Esta noche hay luna llena y una suave brisa me acaricia la piel.
Se me ha ido la olla bebiendo mientras esperaba a Booker.
Me pesan los ojos, no siento los músculos y veo todo borroso.
Whisky tras whisky tras otro puto whisky hasta que la necesidad de venirme abajo se convirtió en un vacío de pura indiferencia.
Sostengo la cerveza mientras el mundo me da vueltas.
Encuentro mi moto y la miro con indecisión. Sé que no debería conducir así.
No lo haré.
Me vibra el móvil. Lo saco y le doy otro trago a mi Shiner.
Booker: Llego en diez minutos, hermano.
Yo: Vale.
Me lo guardo de nuevo en el bolsillo y miro hacia el final de la calle.
Veo un edificio abandonado de unos quince pisos.
Me llevo la cerveza a los labios mientras la última misión se repite en mi cabeza sin parar.
La noche antes de que todos volviéramos a casa, Jim Gray, mi compañero, se pegó un tiro delante de mí y del resto del equipo.
La sangre. El dolor en su mirada. El sentimiento de soledad que lo consumió.
Igual que me consume a mí.
No consigo sacarme esa imagen de la cabeza.
Tres minutos después, estoy en la azotea... con ganas de saltar. Observo la calle desde el filo del edificio. Las puntas de mis botas sobresalen por el borde mientras los coches pasan a lo lejos.
Ya no puedo soportarlo más. No tengo a nadie esperándome en casa y fui yo quien quiso que así fuera para protegerme. Sin embargo, en el fondo, duele una barbaridad vivir con estos muros levantados.
Estoy borracho.
Soy un monstruo cubierto de cicatrices en la piel y en la mente. Nadie me quiere. ¿Quién podría amar a un hombre roto?
Lanzo la botella al suelo y se hace añicos.
«¡Eres una mierda!».
«¡Eres un monstruo!».
«¡No vales nada!».
Palabras que soldados y mi exmujer me han dicho.
Antes de pensar en lo que estoy haciendo, me dejo caer. Cierro los ojos y me preparo para que el suelo acabe con este dolor para siempre.
De pronto, una palma áspera me coge la mano y evita que me reúna con la muerte. Me golpeo el pecho con el borde del edificio y gruño. Levanto la vista y me encuentro los ojos color avellana de mi hermano, abiertos de par en par.
—O’Connell, ¿qué cojones estás haciendo?
Aprieto los dientes y busco el saliente de la azotea con la otra mano.
—¡¿Qué cojones te pasa?! —me reprende con el rostro rojo y enfurecido.
—No lo sé. No lo sé. Un segundo estaba aquí de pie y al siguiente estaba cayendo.
—Estás borracho como una cuba. Sé que la última misión te destrozó, porque a mí también, pero, tío, matarte no es la solución. Nunca lo es. Importas, Kade. ¡Importas, joder!
—¡Cierra la boca! Estoy bien. ¡Suéltame, Booker! Puedo subir yo solo.
—¡No!
—Booker... —gruño.
—Sé que ahora mismo las estás pasando putas, pero no es más que una tormenta.
Te prometo que volverás a ver el sol. No hagas caso a esa voz que te dice que no.
Puedes con esto. Y si no, estoy aquí, hermano.
Está bien pedir ayuda. Porque, aunque pierdas la esperanza, yo estaré a tu lado para recordarte que no estás solo.
El día del accidente
Booker me salvó la vida aquella noche y yo no he podido salvarle la suya hoy.
Está muerto, y yo voy directo a que me maten.
Booker no solo era mi mejor amigo, mi compañero, un operador especial.
.., era mi hermano. Gracias a él, conocí a la preciosa mariposa que entró en mi vida y me volvió incapaz de amar a otra mujer.
Violet se ha convertido en la prisión de mi alma. Hice lo que tenía que hacer para asegurarme de que mi pequeña pudiera vivir, porque tiene demasiada luz para regalar en este mundo cruel.
Me han capturado después de sufrir quemaduras y disparos por todo el cuerpo.
Y, aun así, mi corazón sigue latiendo. Mis captores se aseguraron de que pareciera que estaba muerto para poder llevarme junto a El Cirujano.
Ahora me encuentro en la parte trasera de un vehículo, con una bolsa negra en la cabeza.
Apenas puedo respirar y mucho menos ver.
Nunca supe que podía existir un dolor así, me resulta desconocido.
Nunca pensé que pudiera caer más hondo en el infierno; sin embargo, perder a Shane Booker.
.. Mariposa es mi ángel, pero mi mejor amigo fue la armadura que necesité cuando la mía se rompió aquel día.
El trayecto está lleno de baches y odio: recibo otro puñetazo en la mandíbula y la boca se me llena de sangre. Trago el sabor metálico y me pierdo en mis pensamientos.
No puedo perder también a mi pequeña mariposa. Todo este tiempo he intentado enseñarle a ser inquebrantable cuando ya lo era. En su lugar, fue ella quien me enseñó que mi vida apenas comenzaba cuando se fijó en mí.
Me han atado las manos con tanta fuerza que noto la sangre en las muñecas. Me han golpeado con sus armas y con los puños durante horas, pero tengo un plan.
Todavía no he acabado.
No me rindo. No abandono. Regresaré a casa con Violet.
No me importan los obstáculos que tengamos que atravesar para estar juntos, pienso enfrentarme a todos ellos con tal de verla una última vez. No se merece llorar mi muerte.