Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 49. Violet
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Capítulo 49. Violet

Violet

Un mes más tarde Travelin’ Soldier – The Dixie Chicks

Todas las noches duermo con el águila de madera que me dio Kade.

Han pasado treinta días desde que besé sus labios por última vez.

Treinta días desde que vi sus ojos. Y treinta días desde que me sentí viva.

Estoy completamente destrozada. No he llorado ni gritado ni dormido bien desde que me dieron el alta en el hospital.

Me siento perdida en el dolor y la tragedia.

«¿Cómo sigo adelante?».

El color ya no existe. Todo se ha vuelto apagado, he perdido mi brillo, mi motivación... Ya no me queda nada. Estoy vacía.

Cada vez que mi corazón late, siento una presión en el pecho. Nada me sabe bien. He perdido siete kilos y todas las canciones me suenan igual.

Estoy viva, sí, pero todo dentro de mí está muerto.

El accidente y el ataque se convirtieron en una tragedia devastadora para muchas familias. La última noticia que recibí de Slater fue que El Cirujano permanece escondido. Inteligencia está trabajando para encontrarlo, pero no sé nada más. Podría llevarles meses o años dar de nuevo con él.

Hoy recibí un mensaje bastante duro. Mi abuelo nos informó de que a mi abuela se le está acabando el tiempo antes de lo que esperábamos.

Su corazón se está debilitando cada vez más.

No podrá sobrevivir a una cirugía para extirparle el tumor y erradicar el cáncer de su cuerpo frágil.

En lugar de ir a un hospital de cuidados paliativos, contrataron a una enfermera para que la cuide en su casa y pueda irse en paz.

Hoy será el primer día que la vea. Ahora que puedo caminar, con ayuda de una muleta, me he venido a Greenville.

Ella todavía cree que estoy entrenando en el curso de las Fuerzas Especiales y no sabe nada del accidente de helicóptero ni de cómo la misión fallida salió en las noticias de todo el mundo.

He evitado navegar por internet como si fuera la peste.

No paran de llamarme los reporteros nacionales.

Yo siempre los mando al buzón de voz porque no estoy preparada para sentarme delante de una cámara y explicar lo que pasó a unos desconocidos que destrozarán mi historia.

Me pongo mala solo de pensar en dar una entrevista.

No puedo hablar del tema sin venirme abajo.

Me despierto gritando todas las noches, pero cuando consiga controlarlo, daré el siguiente paso: reunirme con las familias de Booker y Kade.

En cuanto a mi carrera en las Fuerzas Especiales...

Dudo que pueda volver.

Durante todo este tiempo he tomado decisiones por otras personas porque creía que era lo que debía hacer.

Me uní al ejército para honrar a mi padre, no porque fuera mi sueño.

Y no me arrepiento..., no del todo, pero creo que ha llegado la hora de explorar un nuevo capítulo, una nueva era donde tenga la oportunidad de elegir algo que me haga feliz.

Y me gustaría empezar por ir a clases para aprender a tallar madera.

Al entrar en el dormitorio de mis abuelos, veo a mi abuela tumbada en la cama. Se endereza con lentitud. Las arrugas de las comisuras de sus labios se levantan ligeramente cuando me sonríe. El mismo osito de peluche azul descansa sobre su regazo.

Mi abuelo me preparó para esta visita y me dijo que por la mañana suele ser el mejor momento porque, para cuando llega la tarde, ya está bastante débil y con dolor.

—Oh, Violet. Te he echado de menos, mija . ¿Cómo estás? —Extiende los brazos temblorosos en mi dirección y corro hacia ella para no hacerla esperar ni un solo segundo más.

—Estoy bien, abuelita —murmuro. La abrazo con fuerza y me hundo en su calidez.

Abrazarla mientras su corazón sigue latiendo es un pequeño detalle que echaré mucho de menos.

Su característico aroma a perfume me da la bienvenida y me devuelve a mi infancia.

Entre sus brazos, se me vienen a la cabeza todos esos buenos momentos en los que era una niña sin preocupaciones.

Todo lo que me hizo ser quien soy hoy se me graba en el alma mientras mi mente va a la deriva.

Las veces que me quedaba despierta hasta tarde ayudándola a hornear flan.

Cuando llegaba la Navidad y la ayudaba a decorar el árbol.

Ver juntas sus telenovelas favoritas mientras hacíamos la colada.

Ayudarla a preparar caldo de pollo en los días fríos y lluviosos.

Todo se está marchitando y no hay forma de detenerlo.

Contengo las lágrimas. No quiero moverme. No deseo apartarme, sino abrazarla un poco más. Mi abuela parece más liviana ahora que estoy aquí.

Con la poca energía que tengo, le regalo una sonrisa forzada.

—¿Lista para leer la última carta juntas, abuela? —La agito en mis manos. Ella la mira por un momento y frunce el ceño. Me preparo para que me diga que no lo recuerda, pero entonces suspira y abre más los ojos. Asiente lentamente.

Querida Grace:

Oh, Grace. Mi pequeña. No dejo de pensar en tus ojos marrones.

No duermo mucho. Pero cuando lo hago, tus mejillas rosadas y tus labios rojos son los que me ayudan a encontrar algún tipo de paz para evitar que las sombras me consuman.

Acostado sobre nada más que la tierra, soportando los días teñidos de muerte, tu voz es el rayo de sol que ilumina mis días.

Después de nuestro último baile, quise arrodillarme y pedirte que fueras mi esposa.

Sin embargo, fui un cobarde. Tenía miedo de que salieras corriendo si lo hacía.

Así que hice todo lo posible por enterrar la única pregunta que tanto me muero por decir ahora.

No sabes cuánto lo lamento. No debería estar escribiendo esto, pero aquí va mi confesión.

He estado obsesionado con hacerte mía desde el primer día que me senté en el restaurante.

Deberías estar entre mis brazos en Wrightsville Beach ahora mismo.

Es verano. Puedo oler la arena y escuchar el romper de las olas incluso desde la zona de guerra.

Deberías estar usando ese vestidito azul que llevabas en nuestra primera cita en la feria y yo debería estar arrodillándome para decirte todas las razones por las que me harías el hombre más feliz, afortunado y rico del mundo si me respondieras con esa palabra de dos letras.

Espero no asustarte con esta carta. Aunque, si lo hago, moriré feliz sabiendo que me concediste días de tu tiempo.

Solo te pido que cada vez que escuches nuestra canción, sin importar dónde me encuentre.

.., sin importar la distancia, los kilómetros o los océanos que nos separen, recuerdes que estoy a tu lado, bailando contigo.

Te veré pronto.

Con todo mi amor,

Graham

Mi abuela abraza el oso de peluche con fuerza. Las lágrimas le resbalan por las mejillas y sus dedos frágiles tiemblan contra el pelaje azul.

Permanece sentada, llorando en silencio.

—No elegiste al abuelo, ¿verdad? —Se me cierra la garganta. Me arden los ojos, se me llenan de lágrimas y se me nubla la visión.

Ella niega con la cabeza, incapaz de mirarme, con la vista clavada en la puerta.

—No, mija . No elegí a tu abuelo. Elegí a Graham.

Sus palabras me paralizan y tomo una bocanada de aire para calmarme. Sin dejar de mirar la caja marrón desgastada con arañazos, guardo la última carta y la cierro.

—Prométeme, Violet, que antes de casarte con alguien te asegurarás de que sea el indicado. O, de lo contrario, acabarás como yo: casada con un hombre que cree ser dueño de tu corazón, cuando en realidad, lo que ha reclamado es un órgano hueco y vacío.

Me quedo de piedra. Se ha pasado todo su matrimonio amando a un hombre que estaba muerto.

La puerta de la habitación se abre y estoy convencida de que se trata de mi madre, por lo que no me molesto en darme la vuelta.

Mi abuela baja la vista al osito de peluche y abre un cierre que no tenía ni idea de que existía. Saca un papel amarillento y arrugado por los años. Le da la vuelta.

Es un periódico.

Sigue sin ser capaz de mirarme. Me entrega la hoja arrugada, completamente envejecida, y me quedo con la boca abierta cuando veo a Graham por primera vez.

Graham Hunting, boina verde de las Fuerzas Especiales, muerto en acción a los veintiocho años.

Aparece con su uniforme, posando con la bandera estadounidense detrás, como en cualquier foto de graduación militar. Es en blanco y negro, pero incluso así puedo notar que tiene los ojos claros.

—¿Sabes? Te pareces mucho a mi nieta, Violet. ¡Ahora mismo está en un curso de Entrenamiento Básico!

Me tiembla el mentón cuando mi abuela inclina la cabeza.

Ya no está lúcida.

—Es una chica divertida, fuerte y le encanta cocinar postres. Os llevaríais muy bien. —Le tiembla la voz.

Se está olvidando de mí.

¿Quién cree que soy?

Hundo los hombros y la espalda mientras contengo una pena abrasadora. Quiero romperme entre sus brazos.

Todo esto es demasiado.

—¿Graham? ¿Eres tú? —Mi abuela deja caer el osito de peluche, que rueda por el suelo. Vuelve a estar confundida, lo que hace que la herida de mi alma sangre sin control.

Creía que me estaba hablando a mí, pero se dirige a alguien a mis espaldas.

Me doy la vuelta, esperando ver a mi madre, pero las palabras se me quedan atascadas en la garganta.

«Es Kade».

Está ahí, con su pelo oscuro peinado hacia atrás y un rizo rebelde que le cae sobre la frente. Sus preciosos ojos lobunos brillan más que nunca. Está igual y muy cambiado al mismo tiempo.

No puede ser.

¿Estoy soñando?

Está aquí.

Mirándome.

Kade está aquí, delante de mí, respirando .

¿Está vivo?

¿Estoy viendo un fantasma?

—Lo siento, mi amor. Este es Kade. Kade O’Connell. Es un amigo de Violet —dice mi abuelo, que aparece detrás de él con una expresión perpleja. Me mira, con el móvil en la mano.