Capítulo 48. Violet
Violet
La mañana llega tras una noche de lágrimas e incredulidad. En esta ocasión, cuando me despierto, Adam está en la esquina de la habitación. Al mirarlo, me doy cuenta de que todavía lleva la misma ropa que anoche. ¿Cuánto tiempo lleva aquí?
—Le dije a tu madre y a tu hermana que fueran a casa a darse una ducha.
Estoy solo. —Adam se acerca. Nunca lo había oído hablarme con tanta dulzura.
Me está mostrando una parte de él que desconocía.
Normalmente se comporta como un capullo egoísta y sin empatía, pero, ahora mismo, no es más que un chico que ha perdido a su padre.
Y, joder, conozco perfectamente ese sentimiento.
Su vida ha cambiado para siempre porque perdió a alguien a quien había estado alejando constantemente.
Estoy segura de que eso lo está consumiendo por dentro—.
¿Puedo sentarme? —Señala la silla donde ha estado durmiendo mi madre.
Asiento.
Permanecemos sentados en un silencio incómodo.
El barullo de enfermeras y médicos caminando de un lado para otro, el teléfono de la UCI sonando y los pitidos de mi pulsómetro se convierten en nuestro ruido de fondo.
Nos miramos el uno al otro sin abrir la boca, como si ambos buscáramos las palabras adecuadas en medio de esta lucha contra el dolor.
—Me alegro de que hayas vuelto a casa sana y salva. El médico te operó el pie cuando estabas en Alemania. Querían amputártelo, pero tu madre y Slater les metieron presión para que intentaran salvarlo. —Me mira el tobillo y pasa la yema del dedo por las sábanas—. ¿Te duele?
—Sí... —El cuchillo se hunde todavía más en mi corazón y se retuerce—. Pero no físicamente. —No puedo ocultar la falta de emoción en mi tono de voz. Trago saliva con dificultad y me masajeo las sienes doloridas mientras él acorta la distancia. Suspira y se aclara la garganta. Tiene los ojos rojos.
—¿Qué ocurrió ahí fuera? Si todavía no te sientes preparada para contarlo, lo entiendo. Solo quiero saber... c-cómo... é-él... —Adam se rompe. Se lleva un puño a la boca, avergonzado. La culpa se esconde detrás de cada sílaba. No necesita decirlo. Lo interrumpo.
Creo que nunca estaré preparada para compartir esta historia con el resto, pero Adam merece saberla.
—Inteligencia encontró la ubicación de un objetivo de alto valor.
Todo el mundo lo estaba buscando, varios países, no solo Estados Unidos.
Nuestro equipo se hizo cargo de la misión que lideraba tu padre.
Llevábamos meses preparándonos para este momento, acercándonos cada vez más.
Cuando estábamos a tan solo unos minutos de nuestro destino, unos insurgentes abrieron fuego contra nosotros.
Arremetieron con todo lo que tenían para derribarnos, así que los pilotos hicieron lo que tenían que hacer: intentaron aterrizar en un lugar seguro, esquivando misiles y balas, pero un mal giro hizo que nos estrelláramos en las montañas.
—Joder —escupe, lleno de rabia.
Con la lengua seca, continúo recordando el peor día de mi vida.
—Kade, Shane Booker y yo fuimos los únicos supervivientes del accidente. Creía que habíamos tenido suerte... —Gimoteo y tuerzo el rostro en una mueca—. Pero me equivocaba. —Se me caen las lágrimas.
—Oye, Violet. No tienes que contármelo si no estás preparada. —Adam me ofrece una sonrisa triste. Me acaricia la espalda y me aparto de forma brusca.
No, tengo que hacerlo. Necesito decirlo en voz alta y honrar mi deber.
—Tenía el pie casi arrancado por culpa del impacto.
Kade tenía el hombro dislocado y Shane acabó con heridas de menor gravedad.
Hicieron todo lo que pudieron para recuperar a la mayor cantidad de hermanos caídos antes de que los insurgentes nos obligaran a avanzar.
—Señalo la venda de mi rostro—. Me dispararon en la cara, aunque no fue más que un rasguño.
No podía caminar, por lo que el sargento maestro cargó conmigo mientras nos alejábamos a pie.
Acabaron alcanzándonos horas más tarde. Se desató una tormenta, lo que lo volvió todavía más peligroso.
En cuanto uno de ellos gritó en nuestra dirección para alertar a su ejército de que nos había encontrado, Shane recibió un disparo en la cabeza.
Murió al instante. Kade y yo intentamos enfrentarnos a ellos, pero eran cientos de soldados. .. Un ejército contra dos.
Me muerdo el labio inferior al revivir la situación. Con las manos temblorosas, respiro hondo y suelto deprisa las siguientes palabras.
—Nos quedamos sin munición. —Niego con la cabeza y siento cómo vuelve a mí el mismo sentimiento de desesperanza de ese día—.
Llovía muchísimo y... Kade tuvo que tomar una decisión.
Hizo lo que cualquier líder habría hecho.
Intenté impedírselo, pero ambos sabíamos que, si no me empujaba montaña abajo y los distraía, ambos estaríamos muertos en cuestión de segundos.
Tenía que actuar rápido. Nuestros enemigos eran implacables y. .. despiadados.
Levanto la vista y me encuentro con su expresión rota. Me trago el nudo que se forma en mi garganta y me vuelvo de piedra. Me ahorro la parte en la que me da su último adiós.
—Cuando recuperé la conciencia después de rodar por la montaña, miré hacia arriba una última vez para ver cómo el enemigo descargaba toda su ira contra él. Le dispararon en el pecho, seguido de una explosión. No lo volví a ver. Su plan funcionó, pero sacrificó su vida por mí.
Antes de darme cuenta, Adam está encima de mí, abrazándome con fuerza y llorando contra mi cuello. Su nariz me acaricia la piel y sus brazos me rodean. Le froto la espalda mientras me trago mis emociones y dejo que él se desahogue.
—Gracias por contármelo —solloza.
Asiento y lo abrazo más fuerte.
Permanecemos así varios minutos, consolándonos con acciones, sin palabras. Un silencio de dolor y de entendimiento.
Cuando se separa, su expresión atormentada se convierte en una de aceptación. Se lleva una mano al bolsillo y se pasa la otra por el rostro para limpiarse las lágrimas. Tiene la nariz, los ojos y las mejillas rojos. Mantiene la vista clavada en la ventana del hospital.
—No parabas de llamar a Kade —dice sin emoción, sin mirarme, observando el tráfico fuera de mi habitación.
El corazón me da un vuelco.
—Si intentabas ocultarme que estás enamorada de él, te ha salido de pena. No parabas de repetir su nombre una y otra vez, con un llanto que jamás había escuchado. Me dolió profundamente verte así. Me mató oír cómo te rompías. Está claro que tu corazón le pertenecía.
Una oleada de vergüenza y culpa me golpea cuando me encuentro con sus ojos marrones.
No imaginé que este día llegaría, ni que nuestro secreto saldría a la luz para ser juzgado.
Me preparo mentalmente para una retahíla de insultos (puta, zorra.
..), pero Adam permanece impasible. Camina lentamente hacia mí hasta agarrarse a la barandilla de la cama.
Cuando me desperté en Alemania y Slater me confirmó que habíamos perdido a Booker y a Kade, no me importó que todos me vieran convertirme en una persona vacía sin motivo para vivir.
Esos motivos permanecen dentro de Kade y nunca recuperaré esas partes de mí.
Ese día no me molesté en ocultar mis sentimientos, pero no me arrepiento. Ya no importa.
No tiene sentido negarlo. Así que lo admito.
—No te diré que lo siento, porque mentiría. Estoy enamorada de Kade. Lo deseo profunda, loca e insaciablemente. Él te quería a ti y a todos los soldados con los que trabajó. Deberías recordar eso porque nunca te dio una sola razón para pensar lo contrario.
Adam aparta la mirada. Aprieta la mandíbula y se le ensanchan las fosas nasales. Se lleva la mano al bolsillo delantero, saca una bolsa de pistachos medio vacía y se mete uno en la boca.
Me quedo quieta, apretando los dientes y jugueteando con mis dedos... intentando no explotar. Quiero gritar hasta quedarme sin aire. Quiero llorar hasta quedarme sin fuerzas para poder dormir y reencontrarme con él. Quiero morirme.
Lo miro de nuevo, a la espera de que explote y active su modo de ataque. Justo cuando parece que se va a poner hecho una furia y a decirme lo mala persona que soy, simplemente se lleva otro pistacho a la boca y lo mastica despacio.
—Mira, para mí sería fácil juzgar y cagarme en esta situación tan extraña de mierda, pero la verdad es que él y yo nunca estuvimos unidos y, sinceramente, dudo que algún día lo hubiéramos estado.
Lo que está claro es que lo amas de una manera que el mundo nunca entenderá.
Lo único que quiero es que seas feliz y te cuides.
Y si mi padre siguiera vivo, le diría lo mismo.
«¿Qué?».
—¿No estás enfadado?
—Ahora mismo siento muchas cosas —responde con brusquedad, aunque permanece tranquilo—.
Mi padre nunca se volvió a casar después de separarse de mi madre.
Es obvio que no se permitía ser feliz y recurrió al trabajo para llenar el vacío que aceptó que le correspondía.
Nunca fui capaz de entenderlo... hasta ahora.
Y ya es demasiado tarde. Debería haberlo valorado más. .. debería...
Niego con la cabeza.
—Alguien me dijo una vez que no debemos jugar al «qué habría pasado», porque nunca ganas —lo regaño para intentar aliviar su sentimiento de culpa.
A veces, cuando los padres se divorcian, los hijos acaban siendo un daño colateral. Es un dolor que yo nunca viví, pero que entiendo. Él creció siendo hijo de un militar, y aunque Penny y Kade tienen versiones diferentes de la historia, Adam también.
Sonríe.
—¿Sabes eso que dicen de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes? A mí no me hizo falta que se muriera para saber que lo amaba. Lo valoré desde la primera vez que lo vi. Y recordaré todo lo que me enseñó durante el resto de mi vida.
—Ya —respondo con una sonrisa.
Le suena el móvil. Lo coge y echa un vistazo a la pantalla.
—Tu madre y tu hermana ya han vuelto, así que será mejor que me vaya —dice guardándose el teléfono en el bolsillo.
Lo observo recoger sus cosas en silencio, sin saber cómo despedirme.
Probablemente, la próxima vez que lo vea sea en el funeral de Kade.
El pensamiento hace que se me cierre la garganta y me hierva la sangre.
—Gracias por venir —suelto sin emoción, a punto de venirme abajo.
Se detiene al llegar a la puerta, desconcertándome por un momento. Justo cuando creo que saldrá, se da la vuelta lentamente con los labios apretados. Conozco esa mirada. Está nervioso.
—He estado quedando con Olivia a tus espaldas —escupe de forma atropellada, avergonzado. Tardo un momento en procesarlo.
Me quedo con la boca abierta.
—Empezamos a quedar cuando te fuiste al Entrenamiento Básico. Soy un cabronazo, pero no puedo irme sabiendo que tú me has brindado una confesión sincera y yo no. Estoy enamorado de Olivia..., aunque no quería perderte por el camino.
«¿Olivia?»
»¿Nuestra amiga en común?
»¿Me ha puesto los cuernos?».
Siento una puñalada en el pecho. La traición duele.
Se me vienen a la cabeza miles de preguntas.
Debería estar furiosa. Debería gritarle por mentirme y por hacerme sentir culpable por haber seguido adelante, pero dadas las circunstancias.
.. decido dejarlo pasar. Porque después de casi perder la vida, todo me parece insignificante.
Esta es una de esas cosas que ya no tienen importancia.
Respiro hondo hasta relajar los hombros y el pecho.
—Vale —respondo sin más, y entrelazo los dedos.
Le brillan los ojos de alivio.
Dudo que sigamos en la vida del otro de ahora en adelante.
—Ah, antes de irme... —Se acerca a una bolsa negra que descansa sobre el sofá. La coge y me la tiende amablemente—. Aquí están tus cosas. Toda la ropa y el equipo que llevabas puestos cuando los Rangers te encontraron.
El corazón me da un vuelco al abrirla. El olor de esa trágica batalla en la montaña está impregnado en mi ropa destrozada.
Revuelvo en su interior y Adam me observa en silencio.
Lanzo mis botas a un lado cuando veo una cadena plateada.
Un rayo de sol que se filtra por la ventana a mis espaldas ilumina la cadena y hace que brille.
No son mis placas de identificación...
Suelto un grito ahogado. El corazón me late a toda velocidad. Una oleada de adrenalina me invade.
Es lo que me dio Kade.
Lo saco lentamente, conteniendo el aliento mientras un reguero de lágrimas me resbala por las mejillas y me cae sin parar por los labios temblorosos.
Se me escapa una risa triste cuando entiendo de qué se trata.
Una emoción agridulce se aferra a mi alma, golpeándome de nuevo y empeorando mi agonía.
Me estremezco y se me pone la piel de gallina.
Es una mariposa de madera, hecha a mano, que cuelga de una cadena plateada para usarla como collar. La giro y admiro los detalles de las alas. El corazón se me encoge y el alma se me deshace todavía más. En la parte de atrás, grabado en la madera, leo: Mariposa.