Capítulo 45. Violet
Violet
As The World Caves In – Sarah Cothran
Kade saca una granada cegadora de su equipo y se la lanza a los enemigos.
Unos fuertes gritos siguen a la explosión.
Los dejará aturdidos durante unos segundos, lo que nos dará algo de tiempo y una pequeña ventaja para seguir avanzando, aunque ambos sabemos cómo acaba esto.
En cuanto dejan de disparar, aprovechamos.
Saco la pistola de su pantalón y disparo.
Estamos espalda contra espalda, cubriéndonos el uno al otro y abriendo fuego.
Grito mientras me gotea sangre y saliva de los labios partidos.
Me duele todo.
De pronto, el arma de Kade emite ese mismo chasquido. Se vuelve hacia mí y me mira.
Necesito conseguirnos más tiempo. Echo un vistazo a mi alrededor y encuentro dos granadas en la parte trasera del pantalón de Booker. Cojo una y le lanzo la otra a Kade. Tiro de la anilla.
—¡Granada! —grito, y se la lanzo al enemigo.
Kade me imita. Me agacho y me cubro los oídos, pero sus enormes brazos me empujan contra su pecho. Me protege con su cuerpo cuando dos explosiones nos ayudan a ganar más tiempo.
—¿Crees en mí? —me pregunta al oído.
—Sí, Bestia.
—¿Confías en mí?
—Por supuesto —respondo sin dudar.
Mi respuesta lo hace sonreír. Dios, cómo me gusta cuando hace eso. Es guapísimo sin ni siquiera esforzarse, aunque esto... no es propio de él. Sus ojos agresivos se transforman en algo que no reconozco.
—Gracias, Posa. Por todo.
Retrocedo y él mantiene la vista clavada en mí. Sigo disparando en dirección a la humareda hasta que me quedo sin balas.
¡Joder! Esto no me gusta. ¿A qué viene todo esto?
—Bestia, ¿qué estás haciendo? —Agarro el arma con fuerza.
—Gracias por enseñarme que me merezco una familia.
Gracias por hacerme reír más de lo que recuerdo haberlo hecho en todos estos años.
.. Ya no soy un soldado muerto por dentro, porque tú me has enseñado que todavía puedo amar y ser amado.
Que mi corazón aún funciona. Y aunque creí que nunca volvería a latir por nadie, late por ti.
Eres tú quien me ha marcado tanto que no podré estar con nadie más.
—¡Deja de hablar así! ¡Vamos! —Le cojo la mano y bajo la vista al peñasco—. Podemos intentar bajar la colina juntos.
Él niega y aparta su mano de la mía. Me rechaza y se me rompe el corazón.
De verdad piensa hacerlo.
—Eres la mujer con la que quiero irme a dormir todas las noches y la primera persona a la que quiero ver cuando me despierto.
—Bestia, por favor... —Sigo intentando interrumpirlo porque sé lo que pretende y lo odio por ello.
—¿Sabes por qué tu nombre en clave es Mariposa?
—¡Cuéntamelo cuando salgamos de esta!
—Cuando eras mi alumna... te vi luchar para conseguir tus alas.
Te vi pasar por una etapa de metamorfosis.
Tu resiliencia y tu fuerza me recordaban a las mariposas que perseguía cuando era niño en temporada de migración.
Corría por todo el patio detrás de ellas hasta que ya no podía más.
Eran fascinantes, seguras, preciosas y libres. .. como tú .
—¡Para! —Le tiro de la mano, pero él se desliza suavemente fuera de mi agarre.
—Siempre he estado corrompido por tu luz, no importa lo mucho que intente resistirme. No me arrepiento de haber roto las reglas, pero sí de no haberte dicho todas estas cosas antes.
Su tono de voz es suave. Nunca había visto a Kade mostrarse así de vulnerable, y, por una vez, ha dejado caer todos sus muros. Lo odio por hacer esto, porque sé que, pase lo que pase, tengo que confiar en él, aunque ahora mismo no me importa que sea mi superior. Ambos merecemos vivir.
—Ni se te ocurra. ¡No te atrevas a decirlo!
Me dedica una sonrisa ladeada y me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja. Me mira como si intentara grabarse este momento de nosotros dos juntos en la retina. Un segundo después vuelve a convertirse en mi superior, un soldado cruel, despiadado y al que todo el mundo teme.
—Demasiado tarde. Y ahora, ¡vete!
—¡Una puta mierda! No pienso abandonarte. Bestia, no hagas esto.
—Te he dicho que te vayas. ¡Es una orden! —gruñe, con una expresión tan seria que me mata. Su vena del cuello parece estar a punto de explotar—. Nos estamos quedando sin tiempo... como no te vayas, ambos moriremos.
Me resbala una lágrima por la mejilla.
—¡Soy una soldado estadounidense! —grito, y cierro los ojos con fuerza en un intento de que los efectos del traumatismo no me dominen.
Kade sonríe y se le llenan los ojos de lágrimas; mi visión se vuelve todavía más borrosa.
—¡Nunca dejaré atrás a un camarada caído! —escupo con rabia cuando lo señalo. Me está dando un ataque de ansiedad—. ¡Fuiste tú quien me enseñó a no rendirme, joder!
¡No puede hacer esto! No permitiré que se sacrifique.
—Violet. —Me besa con fuerza mientras el enemigo sigue disparándonos—. ¡Vete! ¡Ahora! Necesito que te salves, por favor. Nunca me has necesitado, cariño. Nunca. Eres inquebrantable.
—¡Kade, no puedo hacer esto sin ti! ¡Piensa en los demás! ¡Piensa en mí! —suplico sin parar de llorar. Sé que su plan funcionará y que sobreviviré, pero ¿a qué precio? Mi corazón se quedará para siempre en esta montaña si me obliga a hacer esto.
Me toma el rostro entre las manos y aplasta sus labios contra los míos.
Cierra los ojos con fuerza, como si una agonía insoportable lo consumiera, reflejando lo que yo siento a la perfección.
Saca algo de su equipo y me obliga a abrir la mano rápidamente.
Obedezco y dejo que dirija mis movimientos, como siempre lo ha hecho.
Algo duro y con una cadena cae sobre mi palma.
Antes de que pueda ver de qué se trata, me cierra la mano para protegerlo.
—¡Estoy pensando en ti! ¡Vete! Enamórate una y otra vez. Cásate, ten muchos hijos preciosos, vive tu vida y recuerda que nada de esto fue culpa tuya, ¿de acuerdo?
Sollozo descontroladamente a medida que los disparos se acercan cada vez más y los gritos del enemigo se vuelven más fuertes. Nos están rodeando, han conseguido acorralarnos en una zona abierta. Están demasiado cerca, joder. Nos pisan los talones.
—Kade..., para, por favor. No podemos habernos quedado sin tiempo... me niego. —No hablo de la misión, me refiero a nosotros —. ¡No! No se nos ha acabado el tiempo, ¡ven conmigo!
—Cariño, nunca se nos acabará el tiempo. Lo que tenemos es eterno. Incluso cuando no seamos más que fantasmas con corazones que han dejado de latir. Siempre estaremos unidos, porque estamos hechos el uno para el otro.
Otra explosión estalla a nuestro alrededor.
Sacude la montaña como un terremoto. Durante un momento soy incapaz de oír nada más que un pitido agudo.
Un líquido caliente me baja por el cuello.
Me sangran los oídos y la nariz. Quiero gritar, pero me contengo.
Aprieto los dientes hasta sentir que se me astillan.
Un torrente de fuego me recorre todo el cuerpo, haciendo que me tiemblen los músculos y me den calambres.
Joder, estoy muy frustrada. Ojalá tuviera más balas y más granadas, haría que todo esto terminara. Estoy fallándole a Kade porque necesito salvarlo, igual que él siempre me ha salvado a mí.
Él me cubre con sus brazos y su cuerpo y me empuja contra la pared de tierra y raíces.
Sigue poniendo a los demás por delante de sí mismo.
Incluso en los que podrían ser nuestros últimos momentos juntos, Kade O’Connell es el soldado más desinteresado y entregado que conozco. Me lo demuestra cada puta vez.
—¡Si haces esto, sargento maestro, te juro que nunca te lo perdonaré!
—¡Pues no lo hagas! Pero ¡nunca estaré en paz si mueres! —grita justo cuando una bala le impacta en el hombro. Su sangre me salpica la cara y me entra en la boca. Su hermoso rostro se retuerce de dolor y, antes de que pueda agarrarlo y arrastrarlo lejos de ahí, clava su enorme mano en mi chaleco.
—¡Vete! Te amo, Violet Isla. Hazlo por mí, ¿vale? Pero, lo más importante, ¡hazlo por ti! ¡Vete! —Me empuja por el borde del precipicio.
«¡No!».
Ruedo por la ladera de la montaña en plena agonía.
Mi cuerpo impacta contra rocas, árboles y tierra.
Me siento como la bola de un pinball hasta que la gravedad me gana.
Me llevo la peor parte del golpe en la espalda y las piernas.
Cada vez que choco con algo, grito de dolor.
Intento detener la caída varias veces, pero no sirve de nada.
Desciendo demasiado rápido. Me toma unos minutos recobrar el sentido cuando por fin aterrizo.
En cuanto recupero el aliento, me obligo a levantarme y voy en dirección al sonido de la hélice del helicóptero cortando el aire.
Los disparos aumentan y las bombas siguen causando estragos.
Entonces, lo oigo: Kade grita para atraer la atención del enemigo hacia él y no hacia mí. Hace justo lo que me dijo que haría. Me doy la vuelta y me tapo la boca para sofocar un grito desgarrador.
Lo último que veo, desde unos seis metros más abajo, es a Kade recibiendo un disparo en el pecho... en el corazón . Cae y desaparece entre los árboles, rodeado de más explosiones. El fuego y la tierra explotan por todas partes, sumiéndome en un manto de oscuridad.
Hundo los dientes en los nudillos para acallar el sonido de un alma rota y herida.
Nadie sobreviviría a algo así.
Ni siquiera el operador Bestia.
—Yo también te amo, Kade. Te amo... —Lloro contra la palma de mi mano—. Te amo...