Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 44. Violet
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Capítulo 44. Violet

Violet

Al parecer, la bala solo me rozó la piel.

Justo cuando Kade y Booker terminaron de recuperar todos los cuerpos del lugar del accidente y los colocaron lejos del fuego, nos atacaron de nuevo.

Todo lo demás se estaba quemando hasta quedar reducido a cenizas.

Todavía llevamos con nosotros la mayor parte de nuestro equipo, pero nos faltan muchas cosas, como mi cuchillo, mi pistola y mis granadas.

Escapamos del fuego enemigo con ayuda de las granadas de humo.

Han pasado unas dos horas desde el último ataque en el lugar del accidente.

Desde entonces, hemos estado caminando en silencio y yo he logrado mantenerme entera.

Me permitiré sentir el dolor y la conmoción de todo lo ocurrido más tarde; ahora mismo, mi equipo me necesita.

Todos mis instructores me enseñaron a ser fuerte e inquebrantable.

Somos personas dispuestas a dar la vida por la misión y por los demás.

Nos hemos puesto a prueba una y otra vez para situaciones como esta.

Nunca nos rendimos. Encontramos un motivo para seguir luchando hasta nuestro último aliento.

Un trueno hace vibrar el suelo y los relámpagos resuenan sobre las copas de los árboles.

El cielo se oscurece y se cubre de nubes.

El olor a tierra mojada se vuelve más intenso y, un segundo más tarde, una lluvia torrencial cae sobre nosotros.

Los sonidos de la naturaleza ayudan a silenciar nuestros movimientos.

—¡Estábamos a punto de encontrar el objetivo, joder! —masculla Booker.

El Cirujano sigue ahí fuera.

—Tiene sentido. Cuando todo el mundo busca al mismo hombre, la misión se vuelve más complicada. Lo atraparemos, Caos.

—Y encima me toca ir con los dos tortolitos. —Booker es el primero en romper el hielo, como de costumbre—. O debería llamaros... ¿demonios? Sip, vi cómo acabó ese escritorio.

—La madre que te parió, Caos —bufa Kade, y yo reúno todas mis fuerzas para tratar de contener la carcajada que se me forma en el pecho. Me duele el estómago, la cabeza y los pies.

Miro lentamente a Kade, a la espera de que diga algo.

De acuerdo.

—¿Cuál es tu película favorita? Nos conocemos desde hace más de un año y todavía no me lo has dicho... ni tu color favorito. —No llegó a darme una respuesta la primera vez que se lo pregunté en su despacho.

—Isla, no me jodas. Deberías estar descansando —me espeta Booker al saltar por encima de un tronco. Levanta el rifle y echa un vistazo por la mira. Él nos cubre las espaldas y Kade lidera al frente.

—No estoy hablando contigo. Se lo estoy preguntando al sargento maestro —respondo.

Kade se ríe por lo bajo y se pasa la lengua por los dientes. Echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos con fuerza.

—Creía haberte dicho que no te dirigieras a mí a menos que fuera algo relacionado con el trabajo.

Me recuerda cuál es mi lugar en su mundo y no me gusta. Me hundo contra su pecho y apoyo mi barbilla sobre su clavícula. Parece que lo nuestro de verdad ha terminado.

— El Señor de los Anillos , pero los libros son mejores... y el amarillo.

Se me ilumina la mirada.

—¿Por qué te uniste al ejército?

Me dedica una sonrisa dulce y el corazón me da un vuelco. Nos quedamos mirándonos durante una eternidad.

Creo que mi pregunta le ha tocado una fibra sensible.

—Al principio me parecía la mejor opción para cuidar de mi familia.

Pensaba dejarlo en cuanto acabara mi primer contrato.

Penny podría quedarse en casa, sacarse la carrera y cuidar a nuestro hijo, así no tendría que preocuparse por pagar las facturas.

Éramos jóvenes y era lo que ella quería.

Yo no vengo de una familia con dinero. Era la mejor decisión para un chico de dieciocho años sin estudios universitarios ni experiencia laboral.

Nos proporcionaba un seguro médico y una pequeña casa en la base en la que me habían destinado.

Toma aire.

—Quise cuidarlos de la única forma que sabía.

Sacrifiqué muchas cosas para darles una buena vida.

Yo no crecí con grandes lujos. Utilizaba la misma ropa durante años porque mi madre no podía permitirse comprar ropa nueva para todos sus hijos.

Compartía habitación con cuatro de mis hermanos.

Mi madre dormía en una cama junto a mis dos hermanas, y mi hermano y yo dormíamos en el suelo con una manta y una almohada.

Quería darle a mi hijo la oportunidad de tener su propia habitación.

.., algo que yo nunca tuve. Quería que tuviera una cama en la que dormir, su propia almohada.

Quería poder comprarle ropa que le quedara bien a medida que creciera.

Y quería que Penny pudiera terminar los estudios sin preocuparse por tener que trabajar y estudiar a la vez, además de cuidar a nuestro pequeño.

No me puedo ni imaginar lo duro que es ser padre adolescente. En ese sentido, es un hombre de los pies a la cabeza. Quería encargarse de todo para que Penny y Adam pudieran perseguir sus sueños sin preocuparse por llegar a final de mes.

—¿Y qué fue lo que ocurrió?

—¿A qué te refieres?

—Dijiste que tu idea era dejarlo. ¿Por qué te alistaste de nuevo?

Entrecierra los ojos.

—Bueno, como verás, no llevo un anillo en el dedo.

Pues claro.

Su divorcio con Penny tuvo mucho que ver en esa decisión.

—Mi madre fue madre soltera, y decir que lo pasó mal sería quedarme bastante corto.

También tuvo un embarazo adolescente. Así que cuando Penny se fue y se llevó a Adam con ella y le comió la cabeza con que yo no quería formar parte de su vida.

.., esa herida se volvió más profunda y no dejó de sangrar.

Necesitaba que mi familia se mantuviera unida.

Puede que parezca una gilipollez, pero lo único que quería era que me recibieran con una pancarta cada vez que volvía a casa de una misión o de un despliegue.

Según Penny, era una tontería; por eso nunca lo hizo.

Hasta que la verdad salió a la luz..., me estaba poniendo los cuernos con varios hombres.

Dijo que era culpa mía, que trabajaba demasiado —resopla.

¿Qué?

¿Penny tuvo aventuras?

No me puedo creer que Penny y Adam nunca lo recibieran cuando volvía a casa.

El corazón se me rompe un poco más después de escuchar la versión de Kade.

Todas las historias tienen varias versiones, y esta es su verdad.

Siento una punzada en el pecho y me pego más a él.

El olor de su colonia mezclada con tabaco le impregna la piel.

—¿Por qué?

—¿Por qué qué?

Sacudo la cabeza para quitarme el aturdimiento que llevo encima.

—A lo que me refiero es... Booker te ayudó a superar ese bache, ¿no? Porque habías perdido tu razón de ser. Porque Penny y Adam te hicieron creer que no valías la pena y que eras culpable por elegir este camino.

Silencio. Espero durante lo que me parecen minutos, pero no dice ni una palabra.

Mantiene la vista al frente hasta tal punto que creo que ya no me responderá a ninguna otra pregunta.

Ahora todo encaja. La razón por la que se cierra tanto emocionalmente, la razón por la que se refugia en el trabajo para no tener la opción de convertirse en un hombre de familia.

Necesito que sepa que no es demasiado tarde para él.

.. ni para nosotros . Quiero sacar el tema de Karen, pero, ahora mismo, nada de eso importa.

Acabamos de perder a nuestros amigos y el enemigo nos pisa los talones.

Cuando Kade toma una decisión y dice que se acabó, es que se acabó.

—Estar solo no es una debilidad, Kade. Significa que no te conformas, pero no permitas que esa experiencia te haga sentir que no puedes vivir el resto de tu vida como deseas..., con alguien que te elija todos los días y que estaría dispuesto a esperarte los años que haga falta.

—Cierra la boca, Isla —me suelta, y su hombro choca con la corteza de un árbol.

—No.

—Serás cabezón —suelta Booker a nuestras espaldas.

¿El capullo está poniendo la oreja?

—¿Intentaste que lo vuestro funcionara después de la infidelidad?

Asiente.

—El matrimonio no es blanco o negro y a veces.

.. se pone feo. No quería que la historia se repitiera.

Quería que Adam supiera que tenía un padre que le quería.

No quería que mi hijo creciera en un hogar roto.

Que viera a su madre luchar sola. Mi madre pasó por eso y sufrió muchísimo, casi perdió la cordura en varias ocasiones porque tuvo que criarnos con poco o nada de apoyo.

—Pero, al final, te hicieron daño y acabaste solo —señalo.

Él mantiene su mirada implacable clavada al frente y aprieta la mandíbula.

—Sí, algo así —responde, distraído.

Le acaricio la cicatriz de la ceja y sonrío.

—Ya no estás solo —susurro suavemente.

«Me tienes a mí».

—Y el matrimonio no siempre es feo —murmuro.

Él enarca una ceja. Sus pestañas oscuras aletean lentamente. No puedo soportar cuando me mira así. Siempre hace que me derrita y me convierta en su prisionera. ¿Y ahora? Me sostiene entre sus brazos y el corazón me late tan fuerte que oigo el retumbar de la sangre en mis oídos.

No es el mejor momento para dejarnos llevar por nuestros deseos oscuros. Esos que alimentan nuestras almas. Pero cada vez que estamos cerca, nuestra atracción imprudente siempre gana.

Se inclina hacia mí, sin aminorar el ritmo, mientras el aire se me atasca en la garganta.

Me aferro a él con más fuerza, hundiendo los dedos en el tatuaje de su espalda bajo su camiseta marrón.

Incluso a pesar del mareo, el aire que nos rodea vibra con tanta intensidad que lo siento hasta en los huesos.

Sus labios rozan los míos y su barba me acaricia la mejilla.

Cierro los ojos y me preparo para que estampe su boca contra la mía.

No llegamos a besarnos.

Un grito desconocido resuena a lo lejos y nos arranca de nuestra burbuja.

El enemigo nos ha alcanzado para rematarnos o capturarnos.

—Bájame —exijo. Kade no duda, me deja caer al suelo y me obligo a cargar con todo mi peso sobre el único pie que me funciona. Estoy buscando la pistola de Booker cuando él choca conmigo con fuerza.

—Bestia, creo que estamos rodeados. Me cago en la puta, ¿cómo es posible? Hermano, no puedo morir. Mi chica me está esperando. No podemos morir —clama Booker.

Kade nos hace girar de golpe. Sus músculos se tensan alrededor de mi cintura mientras permanecemos quietos para hacer un reconocimiento. Cuando Booker se vuelve hacia nosotros, recibe un balazo directo en la cabeza. La sangre y los sesos nos salpican a Kade y a mí.

«¡No!».

¡Booker no!

¡Shane no!

Extiendo la mano para cogerlo, pero su cuerpo sin vida se escurre entre mis dedos y cae al suelo.

Un líquido carmesí continúa brotando del enorme agujero que tiene en la cabeza, pero el enemigo no se detiene.

Apenas alcanzo a echar un vistazo rápido cuando siento un escozor infernal en los ojos.

No me da tiempo a procesarlo, pero Kade confirma que está muerto al coger su cuerpo y arrastrarlo hasta el escondite más cercano.

—Está muerto. Caos está muerto. —Sacudo la cabeza con fuerza. Miro a Kade y reprimo todas mis emociones. No puedo desmoronarme—. Sargento maestro, ¿qué necesitas? —suplica mi voz temblorosa. La adrenalina me corre por las venas y la determinación se abre paso a través de mi mente.

No me vendré abajo.

Nos han entrenado para enfrentarnos a los peores escenarios.

No. Podemos. Venirnos. Abajo.

Kade me empuja hacia atrás con la palma de la mano hasta que mi espalda se encuentra con una roca.

—Que sobrevivamos. —Me entrega el rifle de Booker.

Lo sujeto mientras él lo recarga. Su mirada está vacía, perdida, pero sus movimientos son deliberados y cargados de adrenalina.

Se ha puesto en modo «operador Bestia», y yo también.

Esa bestia interna que Kade me enseñó a abrazar: la Soldado Inquebrantable.

Un enemigo vestido de negro de pies a cabeza intenta abalanzarse sobre Kade por la espalda apuntándolo con una pistola. Justo cuando sus dedos lo rozan, levanto mi rifle y le meto una bala entre ceja y ceja. Cae al instante. Kade lo empuja con sus botas y la amenaza cae por el borde del acantilado.

—¡Lanza una granada de humo! Es la última que queda. ¡Ahora! —gruñe Kade. Tenemos la cara manchada con la sangre de Booker, pero la lluvia nos la limpia en cuestión de segundos.

—¡A la orden, Bestia!

Me llevo una mano temblorosa al bolsillo y tiro del seguro. La lanzo con fuerza delante de mí para crear una barrera y establecer una posición defensiva.

—¿Cuál es el plan, Bestia? —Odio llamarlo por su nombre en clave, pero no podemos arriesgarnos a que escuchen nuestra verdadera identidad.

Lo miro, sin parar de disparar a izquierda y derecha, pues el ejército continúa avanzando. Estamos acorralados en este lado de la montaña. Cualquier plan o solución que elijamos acabará con ambos muertos.

Disparo contra otra amenaza, una que nos apunta directamente con un RPG. En vez de que el misil nos alcance, impacta contra sus propios hombres. Su cuerpo resbala y cae montaña abajo, llevándose el arma con él.

Mi rifle emite un chasquido: se me han acabado las balas.

—Me he quedado sin munición.

Kade continúa defendiéndonos, pero entonces su rifle emite el mismo sonido horrible que el mío. Nos hemos quedado ambos sin munición y no tenemos más que un par de segundos para improvisar una solución o morir aquí arriba... juntos.