Capítulo 41. Kade
Kade
¿Qué es este sentimiento? El corazón se me ralentiza cada vez que me toca.
Mis demonios se desvanecen, como si jamás hubieran existido.
Tengo que luchar contra el maldito impulso de sonreír cada vez que se ríe porque ¿su risa?
Es una hermosa melodía que estaría dispuesto a escuchar en bucle para siempre.
Me hace reír con sus chistes malos y sarcásticos.
Me hace sentir cosas que antes no había sentido.
Y, aun así, lo nuestro es imposible. Lo sé, pero eso no significa que tenga que llegar ya a su fin. Quizá, cuando su despliegue termine, podamos hacer que funcione. ¿Le gustaría? ¿Se trasladaría a la base de Colorado Springs para estar cerca de mí? ¿Le interesaría aprender a tallar madera?
Estoy en mi habitación, sentado al escritorio, admirando mi proyecto secreto.
Está acabado, aunque no consigo sacarme de encima la sensación de que le falta algo, pero no logro identificar el qué.
He tardado dos meses en hacerlo por lo ocupado que estaba con el despliegue y, obviamente, por querer follarme a Violet cada vez que se me presentaba la oportunidad.
Cuando esto acabe, ella regresará con su equipo y yo me iré del ejército y me marcharé a Colorado, a las montañas, donde quiero retirarme.
Anoche no pude dormir. No dejo de pensar en el trabajo, en las misiones...
Quise follarme a Violet hasta hacerla llorar y que terminara perdiendo el conocimiento encima de mí de lo mucho que la había destrozado, como el resto de las veces, pero no pude hacerlo.
En esta ocasión, su aire acondicionado estropeado no tenía la culpa.
Les monté un pollo a los de mantenimiento y me encargué de que se lo arreglaran.
Les ordené que lo hicieran lo antes posible, que era una prioridad.
Después de nuestra conversación, trasladaron sus pertenencias y las de Castle a otra habitación.
Me costó la vida no quedarme a dormir con ella, pero quería trabajar en mi talla de madera, así que me fui casi a medianoche.
Ahora son las tres de la mañana y sigo aquí, sentado al escritorio, escuchando a Johnny Cash y tallando un trozo de madera en calzoncillos con las gafas en la punta de la nariz.
Me permite ayudarla a evadirse de sus preocupaciones y yo no tengo ninguna queja. Por suerte, lo último que supe fue que Castle se recuperará por completo. Todavía le queda un largo camino por delante, tendrá que someterse a muchas cirugías, pero se pondrá bien.
Le soplo a las virutas de madera que cubren mi mesa y giro la pieza varias veces mientras me pregunto si también querrá quedarse con esta.
Admira mis creaciones, algo que nunca le muestro a nadie porque, la última vez que lo hice, Penny se rio y me dijo que era una pérdida de tiempo.
Cuando visité a Adam en mis permisos, encontré algunas de las esculturas que le hice a mi hijo por su cumpleaños en la basura.
Sin embargo, Violet guarda el águila que tallé en su mesita de noche, junto a su cama. Un gesto que me abraza el alma más de lo que debería.
Un golpe en la puerta interrumpe mi sesión de trabajo. Levanto la muñeca para comprobar la hora. Son más de las tres de la mañana, ¿quién cojones me llama a estas horas? Booker siempre se acuesta temprano, después de llamar a su chica. Lo sé porque no deja de hablar de ella.
Los golpes continúan, por lo que me veo obligado a quitarme las gafas. ¿Habrá tenido Violet otra pesadilla?
Mierda.
Me pongo una camiseta negra y unos pantalones de chándal lo más rápido que puedo.
El invitado no deseado e impaciente continúa martilleando mi puerta con los puños.
Con el cordón del pantalón a medio atar, abro con la esperanza de encontrarme con unos ojos color miel.
Me cambia la cara cuando veo unos ojos azules en su lugar.
No es mi pequeña Mariposa.
—Karen —gruño, y levanto las cejas con curiosidad.
¿Qué cojones está haciendo aquí?
De pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, me lanza una mirada asesina y aprieta los labios. Estiro el cuello para comprobar que el pasillo está vacío y ella entra en mi habitación sin decir ni una sola palabra.
—Kade —escupe con tono cortante.
Cierro la puerta lentamente y me paso la mano por la nuca.
—No recuerdo haberte invitado. —Camino hacia ella arrastrando los pies—. ¿A qué debo el placer? —me burlo.
Bostezo y me apoyo contra el marco de la puerta. La noche me está pasando factura. Es raro. Quiero dormir con Violet. Echo de menos su olor y su calor. Es un sentimiento completamente nuevo para mí.
Karen se sienta en mi cama y cruza las piernas. Me lanza una mirada asesina, como si estuviera a punto de devorarme.
—¿Y bien, Karen? ¿Qué era tan importante como para no poder avisarme con una llamada o un mensaje? ¿Ni siquiera podías esperar a decírmelo mañana en horario laboral?
Permanezco en silencio a la espera de que decida abrir la boca.
—¿En serio, Kade? ¿Violet Isla? ¿Qué coño te pasa? —dice con cara de asco.
Me quedo de piedra, con el semblante serio.
¿Cómo cojones se ha enterado?
Desvío la mirada hacia mi talla de madera y una descarga eléctrica me recorre el pecho. Siento que me ahogo y, por primera vez en mi vida, no me salen las palabras.
—¿Qué pasa con ella?
—Vi cómo te miraba el día que te salvó la vida —escupe con desdén.
—Karen, ¿qué película te estás montando? Estaba haciendo su puto trabajo. Me miraba como...
Se levanta de la cama y me señala, cortándome a media frase.
—¡Como si estuviera enamorada de ti! —grita con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada—. ¡Conozco perfectamente esa mirada porque así es como te miro yo!
Le cae una lágrima por la mejilla. Karen y yo nunca tuvimos nada serio.
Sin embargo, nuestra amistad empezó hace unos cinco años y, con el tiempo, pasábamos algunas noches juntos divirtiéndonos.
Nunca le di motivos para creer que me ataría a ella ni a nadie.
Siempre le dejé muy claro lo que quería y lo que no. Aun así, no puedo evitar sentirme mal.
—Creo que estás viendo cosas que no son. Me gusta Violet. Es mi soldado y yo soy su jefe.
—¡Y es la exnovia de tu hijo! No me puedo creer que estés tan ciego. Ella no te entiende como yo, Kade. He sido paciente, he esperado a que te des cuenta de que yo soy lo que necesitas.
«Violet es todo lo que necesito».
—Karen —gruño, enseñando los dientes—. Lo que necesito ahora mismo es que te largues de mi puta habitación. —Señalo la puerta.
—Eres el mejor soldado que ha tenido el ejército.
Estás a la altura de Danny Rider. ¿Vas a mandar al traste tu carrera impecable y tu reputación por ella?
¿Por una donnadie? —Alza la voz y continúa reprendiéndome, lo que me arranca de golpe de un mundo en el que siento que merezco ser feliz.
Merezco perseguir aquello que me hace sentir vivo por primera vez en mi puta vida.
Violet no es una donnadie.
Es mi todo.
—Ni se te ocurra hablar así de ella —le advierto con un tono tranquilo pero letal.
La realidad cruel me golpea de nuevo. Nunca será mía. Negando con la cabeza, cojo mi último proyecto y lo lanzo dentro de un cajón. Lo cierro de golpe, furioso, sin querer volver a verlo nunca en mi vida. ¿Cómo he podido permitir que me envolviera con sus tentadoras alas?
Siempre he sido un hombre cuidadoso. Pero aquí estoy, rompiendo las reglas por alguien que nunca podrá ser mía.
—¡Responde mi puta pregunta, sargento maestro! —escupe mi rango con burla.
—Karen, no mancillaré mi carrera por nadie —afirmo.
Mi brusquedad hace que Karen agache la cabeza con sarcasmo mientras se limpia otra lágrima con el nudillo—.
Nunca fuimos pareja, Karen. Te expliqué cuáles eran mis límites en cuanto nuestra amistad cambió.
Nos lo pasábamos bien, sí, pero eso terminó hace meses, y mi decisión no tiene que ver con nadie más, solo conmigo.
Se le ensanchan las fosas nasales y su cuerpo tiembla. Cuanto más la rechazo, más se cabrea. Acorta la distancia y me pega una bofetada con fuerza. El golpe me gira la cara y una sensación ardiente me acaricia la piel. Me río entre dientes y doy un paso atrás.
No reacciono. Ni siquiera estoy molesto.
—En todos estos años, nunca te he visto sonreír. —Intenta entrelazar sus dedos con los míos, que permanecen estoicos—. Quiero que seas feliz, Kade. Solo desearía que fuera conmigo...
Aparto mi mano de la suya de un tirón, me acerco a la mesita de noche y cojo mi paquete de tabaco.
Me ha cruzado la cara y la tía todavía se piensa que me rendiré ante ella. ¿De verdad cree que permitiré que siga manipulándome y hablándome así? No.
¿A qué está jugando?
Ya me he hartado.
—Lárgate —mascullo por encima del hombro mientras me calzo.
Aunque sé que sabe lo mío con Violet, no quiero escucharlo. De todas formas, nunca lo admitiré.
—El operador Bestia por fin se ha enamorado. Quienes te conocen de verdad lo saben —dice, negando con decepción.
Se ríe de mí, pero no porque le haga gracia... sino porque le doy pena. Asiente con sarcasmo, rindiéndose, y pasa junto a mí. Mantengo la vista clavada en mi escritorio, donde se esconde la talla en la que he estado trabajando. Nunca se la enseñaré.
Antes de salir de mi habitación, Karen se aclara la garganta.
—Por cierto, Violet me contó que estabais juntos en secreto. Me habló de su plan de aprovecharse de ti para mejorar en su carrera. Quería aprender del maestro... pegándose a ti como una sanguijuela. En realidad, no te quiere.
Aprieto los puños y dejo que me escupa su veneno. No me la creo...
—¡Me contó lo de las duchas!
Se me corta la respiración.
¿Violet le ha hablado de nosotros?
Ella resopla.
—Sí, lo sé todo, porque le das pena, Kade. El pobrecito padre soltero. Déjala antes de que te arruine la vida.
Me pongo recto y cruzo los brazos sobre el pecho con desconfianza.
—De lo contrario, tendré que informar a tu cadena de mando..., es decir, al general. Corta con ella o me aseguraré de que ambos sufráis las consecuencias.
Cierra de un portazo. Respiro de forma agitada y jugueteo con mi anillo de calavera.
El peso de sus palabras acaba con la poca esperanza que tenía de que Violet y yo pudiéramos estar juntos.
Lo último que quiero es que nuestro pequeño y oscuro secreto salga a la luz y ambos tengamos que enfrentarnos a las consecuencias.
Tiene demasiado potencial y talento que ofrecerle al ejército.
Además, si mi hijo se entera, nuestra relación tormentosa llegará a su fin.
¿De verdad Violet me está utilizando?
No importa. Nada de esto importa. He roto las reglas. He arruinado su carrera incluso antes de que empezara porque decidí ser un puto egoísta.
Lo nuestro se ha acabado.
Cuando Karen se va, salgo a fumar. Calada tras calada, me pierdo en mis pensamientos.
Tengo que dejarla ir.
Ambos hemos trabajado demasiado duro. No puedo permitir que la echen o la sancionen por nuestra imprudencia.
Sé lo que tengo que hacer para que todos sean felices. Es hora de actuar como un hombre y dejar de ser un puto egoísta. Ella se merece mucho más, y yo no soy capaz de dárselo.