Capítulo 40. Violet
Violet
—Basta de hablar —exige. Entonces, comenzamos a arrancarnos la ropa el uno al otro. Desliza la camiseta por encima de su cabeza y la tira al suelo. El sonido de la lluvia se mezcla con el de nuestros gemidos.
—Cuánto tiempo. —Jadeo al tirarle del pelo para pegarlo más a mí. Lo echaba de menos... echaba de menos esto .
—Repítelo —me ordena, y su aliento me acaricia los labios hasta que decide poner fin a la distancia que nos separa.
—¿Repetir el qué?
Otro beso.
—Lo que me dijiste la otra noche en mi despacho.
Siento mariposas en el estómago mientras hago memoria. Entonces caigo: se refiere a la noche de mi primera misión. Recuerdo cómo se le dilataron las pupilas cuando dije esas dos palabras que ablandaron su frío corazón.
—Te admiro, Kade. —Su lengua acaricia la mía durante un momento antes de apartarse. Me está provocando. Está despertando mi necesidad primaria de tocarlo.
—Necesito que te aferres a eso durante las próximas horas.
—¿Por qué?
—Porque voy a follarte como a una zorra que disfruta de que la usen.
Me quedo mirando su perfecto pecho ancho y musculoso. Los tatuajes le cubren los pectorales, el cuello y la espalda. Lo siguiente que hago es morderle el pecho mirándolo a los ojos.
—Me cago en la puta —gruñe contra mi pelo. Bajo la vista para ver cómo se le pone la polla dura y sonrío. Le encanta.
Se la acaricio con la mano y vuelvo a centrarme en su piel.
Lo muerdo de nuevo, pero, esta vez, no me detengo hasta que noto el sabor de la sangre.
Kade me agarra del pelo, me deshace el moño y tira de él para que lo mire.
Entrecierra los ojos y me pasa el pulgar por el labio.
Lo levanta para que ambos podamos ver lo que he hecho.
Rojo. Su sangre me gotea por la boca y por su pulgar.
Me relamo y saboreo su dulzor mientras él me observa, como si fuera su película favorita.
—Chúpalo. —Acerca el dedo a mi boca y yo lo chupo con fuerza, como haría con su polla—. Ahora me toca a mí hacerte sangrar.
Me da la vuelta sobre su escritorio y yo suelto un gritito de emoción.
—Ssh. No quiero que nadie me impida lo que estoy a punto de hacerte. Calladita, nena, o haré que te duela todavía más.
—Sí.
—¿Cómo quieres que te haga sangrar? —Introduce sus dedos en mi coño.
Me embiste con ellos y me estremezco—. ¿Quieres que te haga sangrar aquí?
—Con su mano libre, me acaricia el abdomen hasta llegar a mis pechos.
Me aprieta uno con fuerza y después me retuerce el pezón hasta que grito de dolor.
Mi excitación empieza a gotearme por la cara interna de los muslos.
Asiento, sin vergüenza.
—¿O prefieres que te haga sangrar por aquí?
—Se arrodilla y echo un vistazo por encima de mi hombro para ver cómo me separa las nalgas.
Pasa su lengua por mi piel ardiente antes de hundir los dientes y gimo cuando veo una marca roja.
Abro los ojos de par en par y me pongo roja como un tomate.
Él se da cuenta de que mi curiosidad ha aumentado y sonríe como un demonio.
Se pone de pie y se acaricia la polla. La acerca a mi culo, pero no me la mete. Me está volviendo loca.
—Podría follarme tu culo hasta que sangre. ¿Te gustaría? ¿Crees que podrías soportarlo?
Asiento, sin saber dónde me estoy metiendo.
Me pega en el culo con su polla y me tira del pelo como si fuera una correa.
—Contéstame —escupe.
—Confío en ti, Kade. Fóllame. Me da igual por dónde. No me importa sangrar, pero tócame de una puta vez, por favor.
Él deja escapar una risa seca, pero todos los sonidos que salen de entre sus labios hacen que el corazón me dé un vuelco y una ráfaga de fuego recorra cada una de las células de mi cuerpo.
—Estás confiando en un hombre jodido, cariño. Pero, madre mía, oírte suplicar es mi nueva canción favorita. Canta para mí.
Me pongo de rodillas.
—Escupe y mójala bien para que se deslice dentro de ese culito, preciosa.
Le acaricio la polla con desesperación. Él enreda los dedos en mi pelo y me la mete en la boca con brusquedad hasta provocarme una arcada. Aun así, no me detengo. Me pone muchísimo que sea tan bruto y despiadado.
La rodeo con los labios, saboreándola, porque es una puta delicia. Sin parar de sonreír, paso la lengua desde la base hasta la punta. La saliva me gotea por la barbilla. Qué ganas le tenía. El clítoris me palpita con impaciencia y la excitación me resbala por los muslos.
—¿Estás segura de que quieres que te folle así? ¿Estás preparada?
—Sí.
—Necesito metértela. Ahora mismo. —Su voz es ronca, oscura y exigente.
—Sí, por favor —suplico. Le araño la parte trasera de los muslos y se le escapa un gruñido.
—¿Por favor, qué, nena? —me provoca.
—Déjame correrme mientras me la metes por detrás, por favor.
—Hostia puta, Violet.
Me levanta de golpe. Hunde sus afilados dientes en mi cuello y gimo.
Envuelvo las piernas alrededor de su cintura y él retrocede.
Su espalda se topa con el escritorio y emite un fuerte golpe.
Bolígrafos, papeles y carpetas vuelan por todas partes, pero estamos tan cachondos que nada me detendrá de experimentar esto con él.
Las patas de madera del escritorio chirrían cuando me monto a horcajadas sobre él.
La madera se me clava en las rodillas y me hace daño, pero no me importa.
Kade es tan grande que apenas cabe la mitad de su cuerpo.
Saca un bote de uno de los cajones. Lo abre y se echa lo que asumo que es lubricante por toda la polla.
No hago preguntas. En cuanto termina, tira el bote al suelo.
Un segundo más tarde, empiezo a recolocarme.
Estoy encima de él, jadeando y con las mejillas rojas por lo desconocido.
Sé que dolerá, pero eso me pone todavía más.
Me hundo en él y contengo la respiración; me tomo mi tiempo para acostumbrarme a su tamaño.
La tiene enorme.
La punta ya está dentro y él permanece quieto. Mi cuerpo se resiste al principio y él me acaricia la espalda hasta agarrarme del culo.
—Tócate y relájate —murmura, igual de dulce que el whisky .
Se desliza dentro de mí lentamente, sin parar de elogiarme, asegurándose de que me encuentro bien.
«Así se hace, nena, buena chica.
»Mira cómo se adapta tu culo a mi polla.
»Eres preciosa, Violet. Déjame follarte como a una puta.
»Ojalá pudieras ver lo guapa que estás cuando te follo».
La presión aumenta, sin embargo, el dolor se convierte en placer al saber que es Kade el que está dentro de mí, reclamándome en todos los sentidos, tal y como me prometió: destrozándome para cualquier otro hombre, pisoteando todo lo que creía saber sobre el sexo.
Me froto el clítoris hasta que el placer es cegador.
Es como si el fuego y el hielo colisionaran cuando me embiste por el culo.
Me toco más rápido a medida que sus movimientos se aceleran.
Me siento demasiado llena. El dolor desaparece con cada embestida lenta y me obliga a perseguir esa euforia que él mismo me provoca. Necesito más.
—Más fuerte. Más fuerte. Joder, Kade, más fuerte. Fóllame como si me desearas —ronroneo. No es suficiente. Levanta la ceja y observa cómo su polla se desliza dentro de mí, completamente embelesado por mi cuerpo.
—Te deseo. Te necesito, joder. —Me agarra del pelo y tira de él. Pega su frente a la mía y me pierdo en sus ojos fríos y desiguales.
El verde es oscuro e intenso; es hipnotizante y cálido, como el Kade que conozco cuando estamos solos.
Por otro lado, el azul es contradictorio, porque me recuerda cómo lo ve el resto de la gente: un operador frío como el hielo.
Aquel en el que se convierte cuando hay vidas en juego.
.., la versión de Bestia de la que dependen el ejército y sus hermanos.
—Mírame mientras te destrozo. Si no lo haces, no dejaré que te corras. —Se acerca y me muerde el labio hasta que siento una corriente eléctrica. Me chupa la sangre durante un instante y el sabor del hierro se acumula en mi boca.
—Me encanta ver a Bestia desmoronándose dentro de mí —lo provoco, y me paso la lengua por el pequeño corte del labio inferior mientras flexiono los tríceps.
Él sonríe y se le arruga la cicatriz que le cubre la mejilla.
Se muerde el labio mientras ríe, con esa sonrisa me parece el hombre más sexi del mundo al embestirme con fuerza, tal y como lo he pedido, tal y como él tanto ansía.
Me duele el cuero cabelludo con cada tirón violento al ritmo de las embestidas, como si fuera una correa y no consiguiera saciarse.
—Mi.
Embestida.
—Puta.
Embestida.
—Propiedad.
Llegados a este punto, me froto desesperadamente contra él y me masajeo el clítoris hasta que el placer me invade.
Subo y bajo las caderas a toda velocidad.
Encojo los dedos de los pies mientras me destroza.
Lo único que me importa es perseguir el subidón que Kade me hace sentir.
Un subidón que ambos necesitamos. Observo cómo acaba conmigo.
El dolor y el placer se funden en uno solo en cuanto me acostumbro a su monstruoso tamaño.
Me muerde un pezón y el dolor me golpea de nuevo.
Chupa y aprieta mis senos hinchados. Hunde el rostro en mi pecho y me lleva al límite.
Lo estoy cabalgando.
—¿Dónde quieres que me corra? —Jadea agarrándome por la cadera con tanta fuerza que me deja moratones.
Toma el mando de la velocidad y me empuja hacia delante con sus enormes muslos.
Pierdo el control y apoyo las manos sobre sus hombros, incapaz de hundirme en él como yo quiero.
Me agarro con fuerza porque, cada vez que sus caderas chocan con las mías, estoy a punto de caerme.
Le araño el tatuaje de la calavera que le recorre el pecho y gimo cuando me la mete hasta el fondo, tan deprisa que se me caen las lágrimas.
—Dentro. —Me estremezco mientras sigue follándome.
—¿Quieres que te llene con mis soldaditos?