Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 39. Violet
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Capítulo 39. Violet

Violet

Se me va a salir el corazón del pecho. Echo de menos ver su aspecto robusto y atractivo, ese que me roba el aliento con solo una mirada arrolladora.

Empiezo a caminar en dirección al alto edificio del otro lado del foso y llego en menos de cinco minutos.

Levanto la mano para llamar a la puerta con un manojo de nervios en el estómago.

La puerta se abre antes de que mis nudillos impacten contra la madera.

Kade aparece delante de mí con una camiseta negra y sus chapas de identificación colgadas del cuello.

Unos pantalones negros de camuflaje se ajustan alrededor de sus enormes y definidos músculos.

Se le marcan los bíceps y se le tensa la mandíbula. El arrepentimiento tiñe su rostro.

—¿Qué pasa? ¿Qué es lo que no podía esperar?

Entrelaza su enorme mano con la mía, tira de mí hacia el interior de la habitación y cierra la puerta. Entro tambaleándome, arrastrando los pies para recuperar el equilibrio. Me da la impresión de que a veces subestima su fuerza, casi me caigo de morros.

Me doy la vuelta y me enfrento a la gigantesca espalda de Kade. Él cierra con llave, y mi corazón late tan fuerte contra mis costillas que me da miedo que escuche el efecto que tiene sobre mí.

Me fijo en las ojeras oscuras que rodean sus preciosos iris cuando se acerca a la misma taquilla en la que guarda el whisky . Introduce el código y saca una botella casi vacía. Madre mía, ¿cómo es que ha bebido tanto? La última vez que la vi estaba prácticamente llena.

—Castle se ha reunido con su familia. Se recuperará —dice vertiendo el líquido ámbar en un vaso, sin mirarme.

No quiero llorar, pero una lágrima me resbala por la mejilla al saber que se pondrá bien.

Se me escapa un sollozo agudo junto con un suspiro de alivio.

Me llevo las manos a la cara para intentar controlar mis emociones.

No puedo llorar delante de él. Al fin y al cabo, es mi jefe y por algo me llaman la Soldado Inquebrantable.

—Cuánto me alegro de oír eso —respondo, y las palabras suenan amortiguadas contra la palma de mi mano. Respiro hondo en un intento de aliviar la tensión que se acumula en mi pecho.

Él asiente, pero claramente hay algo que no me está diciendo.

—Hace mucho que no te veo. ¿Habéis descubierto dónde se encuentra El Cirujano?

Él se lleva el vaso a los labios y se lo bebe en tres tragos, como si fuera agua.

—Todavía no, aunque estamos cerca. Uno de sus seguidores nos está dando poco a poco toda la información que necesitamos.

—Suspira, y los músculos de la mandíbula se le tensan con amargura.

Se apoya en el escritorio con los nudillos y las serpientes y calaveras de los tatuajes de su brazo derecho se mueven cuando lo flexiona.

—Bien, eso significa que queda menos para que la misión acabe. —Me crujo los nudillos uno por uno—. Gracias por la actualización, pero debería irme para que nadie sospeche —añado al dirigirme hacia la puerta.

—Tu padre se ahogó..., ¿verdad? —comienza con suavidad.

Siento una punzada en el estómago a causa de su pregunta.

—¿Por eso te despiertas sin poder respirar?

Se me forma un nudo en la garganta y el corazón me da un vuelco. Se me revuelve el estómago, así que desvío la mirada de mis Converse a la puerta. La necesidad de salir pitando de aquí se extiende por mis piernas, pero permanezco clavada al suelo.

¿Cómo lo sabe? Esto tiene que ser cosa de mi ex.

—¿Te lo ha contado Adam? ¿Cómo lo sabes? —La ira sustituye rápidamente a la curiosidad.

—Eres una de las soldados más prometedoras que he conocido.

Quedaste de las primeras en todas las pruebas.

Incluso te ganaste un apodo entre tus superiores: la Soldado Inquebrantable.

—Las comisuras de su boca se curvan ligeramente hacia abajo mientras se encoge de hombros, inexpresivo.

Mueve la mano delante de él con indiferencia antes de continuar—: Pero fallaste la parte del agua.

Trago saliva y el dolor me golpea. Alterno la mirada entre su cuerpo y mis manos.

No puedo hablar de esto. No es asunto suyo.

—No sé a qué viene todo esto. Quiero volver a mi habitación.

—Me lanzo hacia la puerta al instante. Todo el mundo tiene un motivo para unirse a las fuerzas armadas, pero yo no le he contado el mío a nadie.

Quiero honrar a mi padre. Seguir sus pasos y convertirme en una soldado de las Fuerzas Especiales.

No necesitaba hijos varones, yo honraré su legado.

No puedo hablar de esto con Kade.

Él se me adelanta y se planta delante de la puerta, como un muro gigante.

—No fue culpa tuya, Isla.

—Lo sé. Y ahora déjame pasar, Kade.

—Violet..., mírame. —Su tono se endurece.

Acerca su mano a mi rostro y me levanta la barbilla para que lo mire a los ojos; sin embargo, lo aparto de un manotazo y lo obligo a retroceder hasta que se choca con la puerta.

Endereza su postura cuando intento abrirla de nuevo, pero él la bloquea con su cintura.

No permitirá que me vaya.

—No fue culpa tuya —repite, con la voz cargada de compasión.

Empiezan a temblarme las piernas cuando los recuerdos de mi padre regresan para atormentarme—.

Hablas de él en sueños. Fuiste tú quien me lo dijo.

—Me señala con el dedo y después lo apunta hacia su pecho—.

Te uniste al ejército para honrarlo, ¿verdad?

Superaste todos los obstáculos y lo hiciste de puta madre, Mariposa.

Lo fulmino con la mirada y le concedo por fin la atención que busca.

—Hizo lo que cualquier padre hubiera hecho en esa situación. No. Fue. Culpa. Tuya.

—¡Tú no estabas allí! ¡Todavía seguiría vivo si yo no hubiera saltado a aquel río!

¡Está muerto por mi culpa! ¡Mi madre me odia por ello!

—grito hasta que tengo la garganta seca.

Frunzo el ceño y la visión se me nubla—.

Yo solo quería darme un puto chapuzón y ahora está muerto —añado con una risa amarga—. Subestimé las corrientes.

—Lo sé, cariño. Pero tú no hiciste nada malo. Respira..., respira, ¿vale? —Intenta abrazarme de nuevo, pero lo rechazo.

—Que te den, Kade. —Lo empujo y no se mueve ni un poco. Permanece firme. Mantiene su preciosa mirada clavada en la mía mientras se me escapa una lágrima.

—No fue culpa tuya. ¡Dilo! —me exige entre dientes, sin dejar de mirarme.

Antes de poder tomar aire de nuevo, me desplomo contra él, rindiéndome por completo.

Mis demonios caen sobre él y se hunden en el vasto vacío que me permite llenar.

Sus fuertes brazos me envuelven. Acaricia los míos con sus palmas callosas para consolarme.

Esas cuatro palabras disuelven la culpa con la que tanto tiempo he cargado.

Me entierro en su aroma a cedro y lloro, pero en esta ocasión, no son lágrimas de dolor.

Sino de renacimiento. Un rayo de esperanza que se cuela dentro de mí.

—No fue culpa mía —susurro contra su pecho.

El muro que he construido alrededor de mi corazón se desmorona.

Nunca nadie se había tomado el tiempo de decírmelo.

.. solo él. Mi madre y mi hermana me dejaron de lado y me culparon hasta que me lo creí.

Kade es la primera persona que me abre los ojos.

Me está sanando en un sinfín de sentidos.

Siempre me cuida, al igual que a todos aquellos a quienes quiere.

Me hace sentir a salvo.

—Tú sabes mucho más de mí que yo de ti. Permíteme entrar en tu mundo, Kade. ¿No sería lo justo?