Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 38. Violet
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Capítulo 38. Violet

Violet

Querido Graham:

El otro día visité a tu tía y me presenté.

Te echo tanto de menos que incluso pensé que aparecerías en tu cumpleaños.

Me dijiste que yo hacía el mejor flan que habías probado en tu vida, así que lo preparé y lo envolví.

Estaba muy nerviosa. Lo estropeé hasta tres veces, pero decidí llevarlo tal y como estaba y confiar en mí misma.

Ella se sorprendió al verme aparecer en su casa sin invitación, pero en el buen sentido.

Me contó que su sobrino no paraba de hablar de mí en las cartas que le escribía.

Me hizo reír. No te preocupes, que solo dijo cosas buenas de ti.

Me contó que creciste en Texas, en un rancho de más de cuatrocientas hectáreas, cuando tu padre todavía vivía.

Me dijo que te encantaba montar a caballo y ayudarle a cuidar de los animales y la tierra desde que aprendiste a caminar.

Al final, sacó un álbum de fotos de tus hermanos y de ti desde que nacisteis hasta que os convertisteis en adultos.

Me las enseñó todas. Nos comimos el flan mientras le contaba cómo nos conocimos.

La forma en la que acaparaste toda mi atención solo con respirar cuando entraste en el restaurante aquella noche y yo era tu camarera.

Cómo hablamos durante horas, lo mucho que nos reímos y nos conocimos, y cómo la noche terminó pasada la hora de la cena mientras bailábamos sin parar.

Gracias a Dios que Jerry trabajaba esa noche y me dejó cerrar.

Cada vez que suena We Belong Together en el restaurante, dejo todo lo que estoy haciendo y sonrío.

Me marché cerca del mediodía y lloré al llegar a casa porque no pude evitar desear que estuvieras aquí para celebrar tu cumpleaños con nosotras.

Sin embargo, lo primero que vi al llegar a tu barrio fueron los lazos amarillos atados por todo el porche de tu tía y las casas de alrededor.

Estaban por todas partes. Antes de irme, le pregunté por ellos.

Me dijo que el lazo amarillo simboliza el apoyo a los militares que están en el extranjero.

Así que ahora pongo lazos amarillos en las ventanas todos los días.

No me importa si mi familia y amigos no quieren que estemos juntos. Te amo y, si es necesario, te esperaré toda la vida.

Con amor,

Grace

De nuevo, traicioné los deseos de mi abuela y leí otra carta sin ella. Debía de ser muy duro esperar a Graham, un boina verde al que amaba. Sigo sin entender por qué eligió a mi abuelo en lugar de a él. Claramente, lo amaba con todo su ser. Le escribió todos los días durante meses.

Después de leerla, le envié un mensaje a mi abuela para saber cómo estaba. El abuelo dice que sigue igual, con más días malos que buenos, aunque a veces pregunta por mí. Él le dice que estoy liada en Carolina del Norte para que no se altere por mi misión.

Booker y yo empezamos a pasar más tiempo juntos después de la operación. Al no estar Castle, quería mantenerme ocupada. No me hago ningún favor a mí misma ni a los demás al preocuparme y quedarme de brazos cruzados. Estoy ansiosa por volver a la acción.

Más allá de prepararnos para la siguiente misión a la espera de las próximas órdenes, aquí no hay nada que hacer. No he visto a Kade en dos semanas, desde aquella noche en su despacho. Ha estado demasiado liado con reuniones y papeleo con operadores especiales y generales.

Estamos en la misma base militar y lo echo de menos. No obstante, entiendo por qué me evita, sea de manera intencionada o no. Me está dando espacio para procesar mi primer contacto con la guerra en lugar de obligarme a reprimir mis emociones.

Quiero saber cómo está Anna, pero estoy esperando noticias de los superiores antes de escribirle o llamar al hospital donde se encuentra.

Lo último que supe es que la habían trasladado a Alemania para someterla a varias cirugías, aunque seguía en estado crítico.

Además de perder las piernas, sufrió más heridas.

No es justo lo que le pasó, pero no puedo evitar que se me vengan a la cabeza pensamientos intrusivos: podría haber sido yo quien perdiera las piernas.

Si Kade no hubiera intervenido, podría haber muerto o haber resultado herida igual que Anna.

De pie frente al edificio en el que me alojo, leo en el móvil un libro de suspense.

Booker me envió un mensaje para decirme que iba a fumar y que me reuniera con él fuera del edificio donde se hospeda.

El corazón me dio un vuelco porque esperaba ver el nombre de Kade en la pantalla.

Cuanto más tiempo se mantiene alejado de mí, más me pregunto si esta es su forma de decirme que lo nuestro se ha terminado.

—¿Por qué lees tanto? —Booker rompe el silencio.

—A veces perderse en un libro es mejor que perderse en la realidad. —Me encojo de hombros y paso la página con el pulgar.

—Todos están desesperados por encontrar al responsable de todas estas tragedias sin sentido. —Suspira a la vez que sacude su cigarro y la ceniza cae al suelo.

—Lo sé. El sargento maestro está desaparecido.

Él se pone tenso durante un segundo.

—¿Qué? —pregunto con un bostezo mientras echo un vistazo a mi reloj. Casi es medianoche, me muero de ganas de meterme en la cama. Podrían llamarnos en cualquier momento, por lo que quiero estar descansada cuando nos llegue el aviso de Inteligencia.

—Nada.

Me inclino hacia delante y le doy un codazo.

—¿En qué estás pensando? Suéltalo.

Se rasca la nuca mientras se acerca a mí. Su alta figura proyecta una sombra sobre mi cuerpo.

—Pensaba en mis padres. Mi madre no deja de escribirme porque está muy preocupada. Siempre le digo que no vea las noticias, pero no puede evitarlo.

Ojalá supiera cómo se siente.

—También pienso en mi novia, que me espera en casa. Me muero de ganas por acabar el despliegue y darle una sorpresa —añade con una sonrisa traviesa, dándole otra calada a su cigarro.

—Booker, ¿tienes novia? —pregunto entusiasmada.

¿Cómo no iba a tenerla? Además de guapo, es uno de los hombres más graciosos que he conocido nunca.

Siempre intenta hacernos reír cuando la cosa pinta mal, igual que hago yo a veces.

El viento le despeina el cabello rubio. Mueve los hombros para hacer crujir los huesos y su espeso bigote tiembla cuando sonríe nervioso.

—¿A qué viene tanta sorpresa, Violet? Le vas a hacer daño a mi ego.

Pongo los ojos en blanco y le doy un empujón.

—¿A ti quién te espera? —husmea.

Su pregunta me afecta más de lo que esperaba. Se me borra la sonrisa de la cara al recordar el estado de mi abuela. Me muerdo el interior del labio y sacudo la cabeza. No hemos podido leer las cartas juntas. He estado demasiado ocupada con el trabajo.

—Mis abuelos —respondo con un tono distante y sin emoción.

—¿Y tu madre? ¿Algún hermano o hermana?

—Booker, no quiero hablar del tema. Lo único que te diré es que mis abuelos son mi única familia.

Él asiente antes de tirar su cigarro al cubo de basura de la entrada trasera del edificio. Se acerca lentamente a la puerta, deja caer la mano sobre el pomo y me mira por encima del hombro. Sus botas chirrían contra el suelo antes de detenerse.

—Lamento oír eso, Mariposa..., pero eso no es del todo cierto.

Levanto una ceja, curiosa, y me guardo el móvil en el bolsillo.

—¿A qué te refieres?

Sus labios se curvan en una sonrisa sincera, apenas visible bajo su espeso bigote castaño oscuro.

—Nosotros también somos tu familia, Violet.

Me tienes a mí, al equipo... —Abre la puerta y una sensación de calidez me recorre el pecho.

Da un paso hacia delante y las sombras se tragan la mitad de su cuerpo.

Gira la cabeza hacia mí—. Y a Kade. —Me guiña un ojo con picardía antes de cerrar la puerta tras de sí.

Me quedo con la boca abierta. Aunque estoy sola, me doy la vuelta para esconder lo roja que me he puesto.

Sabe lo mío con Kade.

Antes de poder dar otro paso en dirección a mi habitación, me vibra el móvil.

Sargento maestro: A mi despacho. Ahora.

Yo: Trabajo? Son casi las doce.

Sargento maestro: Es una orden. A mi despacho. No puede esperar.

Yo: Tardo cinco minutos.