Capítulo 37. Kade
Kade
Estoy observando e investigando a El Cirujano.
Ella Winters, una oficial de inteligencia de la Marina, me dio acceso a las pruebas que tenemos sobre él: un criminal de guerra, líder, extremista, asesino.
Sueno como un disco rayado, pero debo recordarme todos los hechos.
Mantenerlos presentes nos mantiene a todos motivados para detenerlo.
Se grabó a sí mismo decapitando y torturando a varios operadores especiales capturados.
Me siento en mi despacho y me ajusto las gafas sobre el puente de la nariz mientras bebo y.
.. observo. El general Miller me animó a llevar a cabo una investigación más intensiva.
Tras horas de reuniones y entrenamientos, ni siquiera estoy un poco cansado.
No me canso de trabajar. Es mi gasolina, la razón por la que me corre sangre por las venas, mi motivación para representar a los operadores mejor entrenados del ejército.
Winters permanece detrás de mí y la miro de reojo.
Con las manos a la espalda se apoya contra los armarios, vestida con su uniforme de la cabeza a los pies.
Su intensa mirada se clava en la pantalla que tengo delante.
Claramente, le jode tanto como a mí que todavía no hayamos pillado a este deplorable objetivo.
Se le tensa la garganta y aprieta los puños.
Desvío la mirada hacia Daegan Hannibal, también conocido como Criatura.
Es el mejor francotirador del ejército, con un historial impecable de no fallar ni un solo disparo.
El Navy SEAL de dos metros es uno de los activos más letales en Operaciones Especiales, conocido por ser silencioso y tener un humor un tanto oscuro.
Lo veo en la pantalla del portátil, capturado.
.., antes de tener todas esas cicatrices y la máscara permanente que suele usar.
Durante varios minutos, observo cómo lo torturan.
Está atado a un poste, desnudo, herido y cubierto de sangre.
Tiene el ojo por el que rumorean que no ve completamente cerrado y muy hinchado.
El Cirujano lo apuñala una y otra vez por todo el cuerpo, pero él no grita.
No sé cómo logró soportar todo eso, pero, sin duda, hizo honor a su reputación de permanecer en silencio.
Siento náuseas al ver cómo mutilan a este hombre.
Tiene el pelo negro empapado, no por el sudor, sino por la tortura del submarino.
Después de los tres primeros cortes a un lado del rostro, El Cirujano le hace el más prominente: el que le pasa por encima de la ceja hasta llegarle al ojo.
La sangre tiñe el blanco de su otro ojo color gris.
Cierro el portátil y pongo fin al vídeo antes de poder ver más, aunque, sinceramente, creo que ya he visto más que suficiente. Winters coge el portátil de mi escritorio y se lo coloca debajo del brazo. Lo sujeta con firmeza y se aclara la garganta.
—Ahora lo sabes —dice con tono cortante—. Ahora sabes por qué lo persigues.
Le dedico un leve asentimiento y aprieto los dientes hasta que me duelen.
Irrumpo de nuevo en su habitación para verla dormir.
No puedo evitarlo. Me tiene completamente a su merced, no puedo mantenerme alejado de ella.
Me costó sudor y lágrimas apartarme aquella noche en mi despacho.
No me parecía bien. Cuando follemos, quiero todo: mente, cuerpo y alma.
.., toda su atención. La anhelo con un deseo insaciable.
Está tapada con sus mantas negras hasta la barbilla. Es tan hermosa cuando duerme. Quiero despertarla con mi polla, pero me contengo.
¿Le gustaría?
Por ahora, hemos compartido los mismos deseos oscuros.
Somos tan iguales que la línea que nos separa es apenas imperceptible, por eso siento que estamos conectados en cuerpo y alma.
Recibe con los brazos abiertos cada parte de mí, incluso aquellas que me dijeron que no valían nada.
Yo mismo creía que no valía nada. A diferencia de la seguridad que siento en mi trabajo y en todo lo demás que me hace ser quien soy, cuando se trata de abrirme, me cierro en banda.
Ella me hace sentir que podría volver a tener la opción de unirme a otra persona.
Violet empieza a gimotear.
«¡Papá, ayúdame!
»¡Papá, lo siento! No tenías que haber venido a por mí.
»¡Lo siento!».
Frunzo el ceño y la necesidad de despertarla se vuelve más fuerte cuanto más habla. Joder, no puedo verla así, me duele verla sufrir. Me acerco a ella sigilosamente, preparado para arrancarle las mantas y envolverla entre mis brazos, pero cuando llego a su lado, me detengo.
Me vibra el móvil en el bolsillo y lo silencio antes de que se dé cuenta de que he vuelto a colarme en su habitación.
Es otra reunión.
Violet se mueve, se tumba de lado mirando hacia la ventana con las persianas bajadas.
Me apresuro a salir de su habitación en silencio. Cierro la puerta detrás de mí y me llevo el teléfono a la oreja.