Capítulo 35. Violet #2
—Voy a entrar con el equipo SEAL de los Sabuesos del Infierno y con nuestra traductora para que se entregue.
Los demás, quedaos donde estáis —ordena Bestia por el micrófono.
Está en el extremo opuesto de la pared, al lado contrario de la entrada del edificio.
Una sombra oscura se desliza bajo la luz de la luna cerca de Kade; la localizo al instante.
Una amenaza sale de un callejón con un AK-47 y abre fuego contra los SEAL que nos cubren la retaguardia, y los obliga a retroceder.
Antes de que pueda pegarle un tiro a Kade en la espalda, levanto el arma y aprieto el gatillo.
La cabeza del enemigo explota después de que este logre disparar, pero mi disparo provoca que su mano caiga hacia un lado y la bala impacte a apenas un centímetro del pie de Kade.
Kade se vuelve hacia mí y me dirige esa mirada que tan bien conozco y que se reserva para cuando estamos los dos solos.
Cariño. Anhelo. Pasión.
Esas tres emociones tiñen sus ojos azul hielo y verde bosque. Le he salvado la vida y lo sabe.
Me pierdo en su mirada. Unos dedos largos y desconocidos me bajan el brazo. Al girar la cabeza, abro los ojos como platos al ver de quién se trata.
Karen.
La hermosa mujer de pelo rubio y rizado que conocí en The Drunken Shell es la intérprete que trabajará con Kade.
Me observa durante un instante antes de clavar su vista en él, que ya se está alejando de mí y se dirige al interior del edificio con el rifle en alto.
Sus ojos azules me miran de arriba abajo. Chasquea la lengua.
—La Soldado Inquebrantable. Me han hablado... mucho de ti —dice en voz baja, casi como si me estuviera acusando de algo.
¿Por qué me mira así? Debería seguir a Kade, no fulminarme con la mirada.
Después de ponerle el seguro a mi arma, la guardo e ignoro su comentario extraño.
Quiero entrar. Sé que Kade nos ordenó permanecer quietos, pero la necesidad de desobedecer sus órdenes y seguirlo al interior es demasiado tentadora. Quiero protegerlo de la misma manera en la que él siempre me protege.
—Teniente Wilson, estamos en mitad de una operación.
¿Necesita algo? ¿Quiere que la siga? —Booker se pone de pie tras revisar a nuestro médico.
Un adiestrador canino pasa corriendo junto a nosotros con un precioso pastor belga de pelaje rojizo que ladra a todo pulmón y salpica baba por doquier.
Desaparecen dentro del oscuro hospital, tragados por las sombras.
—No, estoy bien. —Ella me da la espalda y su figura alta y fornida sale corriendo detrás del adiestrador canino y deja a nuestro equipo solo con los SEAL.
—Debemos asegurar el exterior del edificio mientras esperamos —ordena Booker.
Todos rodean el hospital en busca de amenazas. Caos lidera, al frente, seguido por mí. Cuando nos adentramos en el callejón, está vacío. Ninguna señal de enemigos.
—¡Despejado! —gruñe Caos por el micrófono.
De pronto, la tapa de un cubo de basura explota.
Un hombre con un machete sale de su interior y se abalanza sobre Caos con un único objetivo: matarlo.
Los reflejos de Booker son rápidos, así que lo esquiva a tiempo.
Sin embargo, el ataque sorpresa le hace soltar el rifle, por lo que no es capaz de defenderse con la rapidez necesaria.
Mi punto de mira va de un lado para otro mientras intento encontrar un buen ángulo para dispararle, pero corro el riesgo de darle a Caos.
—¡No puedo disparar! —grito con la garganta seca. Intento no entrar en pánico, pero la idea de perder a Booker me aterroriza. Me empiezan a temblar las manos de mantener en alto el pesado rifle. Observo a Caos forcejear con el objetivo, mientras le arden los músculos.
¿Debería sacar mi pistola? ¿Placar al objetivo?
Se me pasan varias ideas por la cabeza, pero me da miedo tomar la decisión equivocada.
«No dudes. Como dudes, la palmas».
Las palabras de Kade resuenan en mi cabeza.
Nuestro equipo forma una pared junto a mí, y apuntamos todas nuestras armas hacia el objetivo.
Caos mete la mano en su equipo en busca de un cuchillo o de una pistola mientras el hombre continúa lanzando golpes desesperados.
Gruñe y maldice, claramente impulsado por el odio.
Antes de que una hoja afilada alcance la garganta de Caos, aprieto el gatillo, consciente del riesgo que estoy asumiendo.
Por suerte, la bala le impacta en la muñeca y lo obliga a retroceder y a soltar el arma.
Booker se vuelve hacia mí con la respiración agitada y los ojos abiertos de par en par.
Me quedo quieta y le doy las gracias a Dios mentalmente.
Él se incorpora y le da una patada al machete mientras el resto de nuestro equipo se abalanza sobre el objetivo para inmovilizarlo.
El hombre grita en el suelo, pataleando y apretando contra su pecho su brazo ensangrentado.
Caos se quita el micrófono con brusquedad y camina en mi dirección. Lo miro, sorprendida. Cuando llega hasta mí, mientras todos los demás están distraídos asegurando al objetivo, se inclina hacia mi oído. Echa un vistazo al micrófono y después a mí.
—Si no le pertenecieras a otro hombre, te besaría hasta dejarte sin aliento —me susurra con voz grave y una sonrisa burlona.
El corazón me da un vuelco. ¿Sabe lo mío con Kade?
Le suelta esta clase de bromas a todo el mundo, pero aun así...
—Cállate, Caos. No tengo ni idea de qué me estás hablando. —Le pego un empujón en el hombro y me aparto de él, pero me alcanza al cabo de un segundo.
Pasa una hora sin novedades sobre la situación de los rehenes. Estamos todos esperando fuera del edificio, rodeándolo para asegurarnos de que nadie entre ni salga. El no saber si Kade se encuentra bien me está volviendo loca.
—Deberíamos haber sabido algo ya, Caos —susurro con voz tensa, sin apartar la vista de la puerta por la que entró Kade. Me está costando la vida no desobedecer sus órdenes y correr al interior del edificio para ayudar.
—No me preocupa. Bestia se maneja bien con Karen en estas situaciones —masculla. La mención de su nombre hace que se me encoja el estómago.
La curiosidad me carcome. ¿Cuánto tiempo estuvieron saliendo? ¿Cuándo fue la última vez que se acostaron? ¿Siguen siendo amigos?
Joder. Estoy celosa. Me recuerdo que ahora mismo no es el mejor momento para gestionar esto. Total, ¿qué más da? Lo nuestro terminará tarde o temprano.
No me importa.
No me importa.
La mentira da vueltas en mi cabeza como un tiovivo y me revuelve el estómago.
Un fuerte disparo resuena dentro del edificio y se me hiela la sangre.
Me vuelvo hacia Caos, que sujeta el rifle con fuerza.
Me trago el sentimiento de preocupación; no tengo tiempo para ponerme en lo peor.
Unos segundos más tarde, suenan tres disparos más y las preguntas inundan las comunicaciones.
—¿Qué ha sido eso?
—¿Bestia? ¿Qué está pasando?
—¿Los rehenes siguen vivos?
La sangre me retumba en los oídos mientras espero. Como Kade esté herido o muerto...
Sé que está acompañado por los SEAL y por el resto de nuestro equipo, pero no puedo evitar preocuparme.
—La amenaza ha sido eliminada —responde la voz apagada de Karen.
Por fin puedo soltar el aire que estaba conteniendo y relajar los hombros. Aflojo el agarre de mi rifle y me reajusto el micrófono en la oreja, a la espera de que diga algo más.
¿Por qué suena tan seria? Es algo bueno.
Finalmente, Kade emerge de entre las sombras.
Al principio me siento aliviada, pero, en cuanto veo a quién carga entre sus brazos, se me cae el alma al suelo.
Mantiene la mirada clavada en la niña ensangrentada y sin vida.
Camina en dirección al pueblo y un grupo de operadores especiales se adentra en el edificio para completar la investigación.
Se me llenan los ojos de lágrimas y la bilis me sube por la garganta. Me quedo tan impactada que casi se me cae el rifle. De pronto, la manta que cubre a la niña se mueve. Unos bracitos diminutos se aferran desesperadamente al cuello de Kade cuando la pequeña solloza contra su pecho.
La ha salvado. Ha conseguido salvar la vida de esa niña.
—Mató al médico con un disparo en la cara. Conseguí acabar con él antes de que le hiciera lo mismo a ella. Está cubierta de sangre. Está viva, pero necesita atención médica.
Un grupo de médicos corre en dirección a Kade. En cuanto lo alcanzan, él les entrega a la niña con cuidado. Al principio, se resiste y se niega a soltarlo entre súplicas. Sé que le está suplicando que no la deje, pero él consigue tranquilizarla y le asegura que está a salvo y todo irá bien.
Antes de que se me caigan las lágrimas, Caos me saca de mi estado emocional al pasarme un brazo sobre los hombros. Al clavar mi atención en él, aprieto los labios y lucho contra el impulso de echar a correr hacia Kade.
—La operación ha terminado. Viviremos un día más, Posa.