Capítulo 27. Violet #2
Antes de que pueda dar otro paso, me rodea la garganta con su palma áspera mientras que con la otra mano acalla mi grito. Me empuja dentro del armario y le pega otra patada a la puerta rota para cerrarla de nuevo y dejarla entreabierta.
—No te diré cómo me siento, te lo enseñaré. ¿Te parece que así seré lo suficientemente hombre? —Su mirada hambrienta recorre todo mi cuerpo. Famélica. Demente.
—Enséñamelo —lo desafío.
Sus preciosos ojos se oscurecen y se le marcan las arrugas que los rodean cuando sonríe.
—De rodillas. —Presiona sus labios contra los míos. Lucho contra él, pero no cede. Quiero que luche por mí con más ganas.
—¿No somos más que un chico y una chica cualquiera dentro de un armario? —pregunta, rompiendo el beso. Tengo los labios hinchados de lo fuerte que me está devorando. Se quita el cinturón y sonríe—. ¿Como en la playa?
—¡Kade! ¡Pensaba que no podíamos hacer esto! ¡Nuestras carreras! ¡Tú mismo lo dijiste!
Mis palabras salen amortiguadas entre sus besos hambrientos. Su lengua reclama mi boca y yo quiero morderla y chuparla. Me ignora y gime cuando me aprieta el culo y presiona su entrepierna contra mí.
—¡¿Por qué?! —grito.
—¿Por qué qué? —me espeta.
—¡¿Por qué has decidido ceder ahora?!
—Quizá no me gusta que lleves un anillo.
Quizá no me gusta que disfrutes con una polla que no es la mía.
Quizá no me gusta la idea de que vayas a casarte cuando apenas acabas de alistarte.
Sucede con demasiada frecuencia: soldados que se casan justo después de graduarse.
Odio verte tomar esa decisión tan cliché.
—Como ya te he dicho, eso no es asunto tuyo —replico.
Está celoso.
—Dime que no echabas de menos esto. —Siento cómo tira de mis pantalones. Desliza dos dedos debajo de mis bragas mojadas y empieza a acariciarme el clítoris—. Dime que en todos estos meses no has pensado en mi polla ni en mis dedos.
—¡No lo he hecho! —respondo con firmeza y gesto serio, luchando contra la verdad.
Una mentira que sale de mi boca sin esfuerzo pero que me provoca un vuelco en el corazón.
Pienso en él cada noche. Sus brazos, su voz y su olor son las anclas que me hunden plácidamente en un sueño profundo. Y cuando me despierto, quiero volver al lugar donde podemos estar juntos, aunque solo exista en mis sueños.
Puede que sea estúpida por sentir esto por él tan pronto, pero necesito aferrarme a algún tipo de luz en mi oscuridad.
Se echa hacia atrás y yo caigo de rodillas. Le permito tomar el control. Lo observo, absorto en su mundo, un mundo donde no hay reglas. Un lugar que solo nosotros conocemos.
—Supongo que tendré que follarme esas mentiras, Violet.
—Sonríe y empieza a desabrocharse los pantalones, que le caen a la altura de los tobillos.
Su polla dura queda a la vista. El líquido preseminal brilla en la punta y quiero probarlo.
Me quedo mirándola, asombrada por su tamaño—. Escúpele, nena. Mójala bien.
Me golpea la mejilla con ella varias veces y me la restriega por los labios, como si me estuviera pintando.
Todavía sigo cabreada por llamarme error y por su comportamiento tan cambiante conmigo.
—Como me la metas en la boca, te la arranco. Quiero que te disculpes por lo que me dijiste.
Me tira de la coleta hasta que mi mirada se encuentra con sus ojos fríos y severos. Gruño de dolor, pero ¿cómo sabe con tanta certeza qué hacer para provocarme? La cicatriz larga y profunda que le recorre el ojo derecho se arruga cuando sonríe.
—Atrévete a usar los dientes y no será tu boca lo que me folle, sino el fondo de tu garganta. ¿Te sirve eso como disculpa?
Me encanta cuando es así de cruel conmigo.
Me la mete en la boca y el clítoris me palpita.
—Es pequeña —escupo con rabia, aunque en realidad debería ser ilegal tenerla tan grande. Lo estoy provocando a propósito porque, cada vez que me comporto como una niñata, me castiga.
La lamo como si estuviera hecha para mí.
Su sabor hace que me entren ganas de devorarlo hasta ver las estrellas.
Empieza a follarme la garganta con fuerza, con gruñidos y gemidos.
El dolor se dispara por mi piel, como si quisiera que recordara este momento durante el resto de mi vida.
Joder, quiero que él también recuerde este momento toda su vida. Me gusta demasiado. Lo sé.
—Si tan pequeña es, ¿por qué se te caen las lágrimas?
Gorjeo a causa de su grosor y él continúa embistiéndome con dureza.
Una sensación cálida me resbala por las mejillas, se me corre la máscara de pestañas y empiezo a ver borroso. No se detiene y me tapa la nariz para que no pueda respirar.
«Capullo».
Gimo y mis músculos se contraen, pero él me pega una bofetada que me aturde y hace que me moje más. Aunque me pega con fuerza, no es suficiente como para que me duela, pero sí para que me ponga más cachonda.
¿Las bofetadas me ponen? Desde este momento, sí.
Entrecierro los ojos y fulmino con la mirada esos hipnotizantes ojos azul pálido y verde oscuro.
—¿Por qué no hablas? —me provoca tirándome de la coleta con más fuerza, y yo se la chupo con más ganas—. Tal vez, si dejaras de quejarte tanto y admitieras que me has echado de menos, me pensaría lo de dejar que te corras —me dice con frialdad, admirando cómo me ahogo con su tamaño.
He echado de menos su sabor. Nadie me ha hecho sentir lo que él me hace sentir. Sus huevos rebotan contra mi barbilla, lo que me excita todavía más.
—Dime que me has echado de menos. Grítalo.
La saca lo justo para dejarme hablar y mover la lengua antes de embestirme de nuevo. Se la chupo con más fuerza, saboreo cada vena y la forma de su polla. Es adictivo. Podría tirarme toda la noche chupándosela si me dejara.
Se echa hacia atrás y me destapa la nariz.
—¡Te he echado de menos, capullo!
Vuelve a meterme su enorme miembro en la boca. Me dan arcadas, pero recupero la compostura rápidamente. La forma en la que se mueve, su necesidad posesiva y bruta de poseerme... me vuelve loca.
La saca de mi boca, cubierta de saliva, y me acaricia los labios con la punta.
—Me apuesto lo que quieras a que, si te quito las bragas ahora mismo, estarás empapada, suplicando que te folle. O quizá debería follarte por detrás mientras tu coño llora por mí. Quizá entonces suplicarías y lo pedirías por favor, como una buena chica.
¿Anal? Nunca lo he probado, pero Kade consigue que me provoque curiosidad. Tiene una polla preciosa y me gustaría que me follara de todas las formas posibles.
Le masajeo los huevos y lo miro. Él frunce el ceño y refuerza su agarre alrededor de mi pelo. Me la trago entera, sin parar.
—Joder —gruñe—. Qué pena que tu coño esté prohibido, porque me muero de ganas de follarte hasta que me supliques que pare, y cuando lo hagas, te follaré un poco más fuerte.
Me embiste más rápido y me provoca arcadas. Sonrío mientras me ahoga.
—Más fuerte, Kade.
El sonido de mi boca alrededor de su polla, chupándola, saboreando su sabor.
.. todo lo que envuelve a Kade... hace que tenga ganas de tocarme.
Aprieto los muslos mientras me folla la garganta hasta que me caen lágrimas por las mejillas y la saliva me gotea de la barbilla.
Él chasquea la lengua y niega con la cabeza.
Me aparta los muslos con su bota y me pega un manotazo para que no baje la mano hasta mis bragas.
Sus embestidas se aceleran hasta que siento un líquido cálido bajándome por la garganta.
Se corre dentro de mi boca con un fuerte gruñido y sus movimientos se vuelven más lentos, pero no sin antes metérmela hasta el fondo.
En cuanto la saca, me trago hasta la última gota.
—Buena chica —jadea. Se la guarda dentro de los calzoncillos y se abrocha los pantalones. Estoy empapada. Me sonríe con crueldad y me agarra por la mandíbula mientras continúo de rodillas.
—¿Quieres correrte, Mariposa? —Su voz está cargada de desdén.
Asiento con impaciencia.
Sonríe de oreja a oreja y se inclina hacia mí.
Me preparo para su beso hambriento. Estoy preparada para suplicar, a la espera de que acorte la distancia que nos separa.
En cuanto su aliento acaricia mis labios, me obliga a abrir la boca con sus dedos.
Parpadeo, pero le permito tomar el control de mi boca y me escupe.
Me escupe en la boca.
Con los ojos abiertos de par en par, lo observo.
—Traga. Eso es todo lo que obtendrás por mi parte hasta que me des un nombre.
Me levanto, trago y le doy un empujón con el hombro al pasar junto a él mientras vuelve a ponerse el cinturón.
Mi móvil empieza a sonar y él frunce el ceño.
«Castle».
No ha parado de llamarme y de enviarme mensajes en los últimos veinte minutos. Habíamos quedado para salir. Es nuestro último fin de semana de libertad antes de la misión y le prometí que bajaríamos a la hoguera y jugaríamos al Catan.
—¿Es tu futuro marido? ¿Vas a decirme quién es de una vez? —me pregunta con voz grave y ronca, teñida de un sentimiento de deseo.
—¿Y qué si lo es? —escupo, algo molesta.
«Silencio».
Con la mano sobre el pomo de la puerta, preparada para huir del villano al que he llegado a admirar, me giro para observarlo por última vez. Él no me mira. Se pasa una mano por la barba y termina de abrocharse el cinturón.
—Tengo que irme. —Me doy la vuelta, pero antes de que pueda siquiera abrir, envuelve su mano alrededor de mi garganta. Me estrella contra la pared y yo le araño las muñecas. Aunque actúa con brutalidad, es lo suficientemente cuidadoso como para no hacerme daño de verdad.
Dominante, pero preciso.
Peligroso, pero seductor.
—Todavía no he acabado contigo —murmura contra mis labios y me aprieta más fuerte—.
Como hables con ese capullo, echaré tu puta puerta abajo durante la noche y te follaré hasta que te duelan las piernas y te escueza el coño.
Será mi semen el que gotee de tu vagina cuando hables por teléfono con tu prometido.
—No me lo creeré hasta que lo vea.
—¡¿Isla?! —grita la voz distante de Castle, lo que provoca que Kade retroceda. Antes de que me suelte, lo agarro por la muñeca, me meto uno de sus dedos en la boca y lo chupo.
Él gime y esos hermosos ojos caídos se oscurecen.
Me saco el dedo de la boca y sonrío.
—Disculpas aceptadas.
Salgo corriendo de la habitación y dejo a Kade con las mismas ganas que yo.