Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 27. Violet
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Capítulo 27. Violet

Violet

Love Me Harder – Ariana Grande

Mi primera misión podría empezar en cualquier momento, y el silencio es pura agonía.

Ha pasado más de una semana desde que Kade puso el pie en aquella habitación y, desde entonces, ha estado excesivamente distante.

Es como si no soportara verme. Aunque ya han pasado meses, sigue dentro de mí, aferrándose a mi capacidad de respirar porque su recuerdo corre por mis venas.

.. pero después, me duele el corazón, porque nuestra situación es muy cruel.

No tengo claro por qué Booker me pidió que repostara el Humvee, pero Kade quería asegurarse de que lo hiciera bien, así que ha venido conmigo.

El recuerdo de que me dijera que fui un error el día de mi cumpleaños alimenta la rabia que siento hacia él. ¿Por qué se rompió por mí? ¿Por qué me besó y me hizo sentir como la única mujer de su mundo? ¿Por qué fingimos en la playa si luego iba a tratarme como si no significara nada para él?

Y aun así, lo que más me duele es... ¿por qué tengo esperanzas? ¿Por qué anhelo su atención como una polilla atraída por la llama?

Odio estar a su lado y que él no me dirija la palabra. Quiero fastidiarlo. Quiero meterme bajo su piel igual que él ha hecho conmigo.

—Qué buen día hace hoy. Ni mucho frío ni mucho calor. El tiempo perfecto para salir a correr, ir al campo de tiro o, no sé, mantener una conversación con la persona con la que te irás de misión pronto —mascullo con sarcasmo.

Silencio.

Capullo. Sigue siendo un imbécil. ¿En qué momento se me pasó por la cabeza que podría haber cambiado?

—Cuando hicimos parada en Alemania, decidí viajar un poco.

Me gusta conocer culturas, probar comidas nuevas, ver cómo es la vida en otros lugares.

Las vistas desde distintos océanos y montañas.

La historia y el arte me dejan sin aliento.

Viajar te ayuda a convertirte en un cuentacuentos, ¿sabes?

En parte, es una de las razones por las que me uní al ejército.

He salido un par de veces con Castle. He visitado mercados locales mientras ella intenta ligar con los lugareños. ..

Silencio. Continúa mirando por la ventana a medida que nos acercamos a los barracones.

Intento atravesar su fachada fría, pero no funciona. Tengo que buscar otra forma.

—¿Por qué me asignaste en Carolina del Norte si ibas a tratarme como una mierda? Explícamelo.

—Te aseguro que te trato igual que a cualquier otro soldado bajo mi mando —murmura sin ni siquiera mirarme.

Resoplo recolocándome las gafas de sol en el puente de la nariz.

—¿En serio? Si tú lo dices...

—Sí, lo digo en serio. —Su voz grave resuena a través de su pecho—. Quizá te asigné en Carolina del Norte porque sé lo que se siente al perder a la única familia que te queda. ¿No se te ha pasado por la cabeza que quizá moví un par de hilos por la situación de tu abuela?

Finalmente, se vuelve hacia mí y yo intento procesar su arrebato.

—Si la única familia que me quedara se estuviera muriendo, me gustaría estar ahí e imaginé que querrías estar lo más cerca posible de ella. No es Greenville, pero es el puto puesto militar más cercano al hospital de tu abuela.

Se me forma un nudo en la garganta. Lo hizo para que pudiera pasar más tiempo con mi abuela. Recordó aquella conversación que tuvimos en la ducha.

No se le escapa nada.

—Para —gruñe.

Doy un pequeño volantazo, pero pronto recupero el control del vehículo.

Me giro para asegurarme de haberlo oído bien y sí: el demonio que va a mi lado me observa con su habitual mirada abrasadora. Sus pupilas se dilatan y los reflejos azules de sus ojos brillan.

¿Qué? ¿Ahora también me va a arrebatar esto?

—Soy perfectamente capaz de conducir el Humvee, O’Connell —le escupo, y sigo conduciendo. El corazón me va a toda velocidad. La sangre me retumba en los oídos y agarro con más fuerza el volante.

—Para. Ahora. Mismo —ruge con el mismo tono autoritario que empleaba en los entrenamientos.

¿Por qué está tan cabreado?

—¡No! ¡Ya no puedes darme órdenes!

—Serás terca. —De pronto, sus enormes manos enguantadas se posan sobre las mías y me obligan a girar hacia el aparcamiento junto al resto de los vehículos militares. Piso el freno justo cuando él se desabrocha el cinturón.

—¿Cómo se llama? —pregunta mirando en dirección a mi anillo.

Mierda. Se me ha olvidado quitármelo.

Niego con la cabeza. ¿De verdad no lo sabe? No debería sorprenderme. ¿Por qué Adam habría empezado a abrirse con él ahora?

«No digas nada».

—No es asunto tuyo.

—¿Lo conozco?

—¿Qué más te da? No soy más que un error, ¿recuerdas?

La oscuridad se cierne sobre nosotros, como una sombra. Su aura ha cambiado por completo y se ha vuelto posesiva.

—¿Quieres fingir que no significó nada para ti?

—dice con voz rota. Es entonces cuando me fijo en sus ojeras.

¿No está durmiendo bien?—. ¿Quieres fingir que no te gustó que presionara mi cuchillo contra tu garganta?

¿Que aquella noche no te puso cachonda? ¿Que ahora mismo no estás empapada, Mariposa?

Aquella noche lo significó todo. Despertó algo dentro de mí que ni siquiera sabía que existía. Una sensación de necesidad y desesperación provoca un nudo en mi interior cuando me recuerda cómo dejó su huella en mí aquella noche.

—¿Quieres fingir que te has olvidado de que ya no volverás a sentir lo mismo con cualquier otro hombre?

Me late el clítoris cuando entrecierra los ojos y me mira con diversión.

—Déjame recordártelo —me amenaza.

—Kade... —le advierto—. Ni se te ocurra tocarme si pretendes huir y decirme que soy un error al día siguiente. Ni se te ocurra tocarme si no estás preparado para ser un hombre y reclamarme de verdad.

—Oh, yo no soy uno de esos tíos que se enamora a la primera de cambio. —Señala el anillo que llevo en el dedo con su cuchillo—. Soy un hombre que va a reclamar todos tus agujeros y te hará olvidarte de quién te puso ese anillo sin sentido en el dedo.

Sus ojos caídos se encuentran con los míos. Se me corta la respiración. Kade no habla mucho, pero las palabras obscenas que salen de su boca hacen que se me empapen las bragas. Me muerdo el interior del labio, él respira de forma agitada, al igual que yo.

No tiene derecho a hacerme esto, a jugar con mis sentimientos y después desaparecer. Si de verdad me desea tanto como yo a él, tendrá que demostrarlo.

—No te atrevas a huir de mí esta vez —gruñe.

—¿Estás seguro de que soy yo la que huye? —replico, levantando una ceja.

Sé que hui la noche de mi cumpleaños en la casa de Penny, pero lo hice porque no fui capaz de lidiar con su rechazo. Es él quien me da la patada porque le da miedo lo que le hago sentir.

—Sí —responde de forma tajante.

—No te creo. —Apago el Humvee, salto del vehículo lo más rápido que puedo y corro hacia el edificio más cercano. No sé qué estoy haciendo, pero lo que sí sé es que me arde la sangre.

«Quiero derretirme.

»Quiero dejarme llevar.

»Quiero que me recuerde lo bien que se siente uno al infringir las reglas».

Sin remordimientos. Despiadado. Cruel.

Creo que se toma la vida demasiado en serio y que todavía es capaz de sonreír a pesar de haber pasado por momentos muy oscuros. Booker no entró en detalles, pero me gustaría hacerlo reír de nuevo y que se dé cuenta de que no soy tan mala.

Me meto dentro de un armario de medicinas, lleno de kits y suministros. Cierro la puerta con llave y me muerdo el labio. Retrocedo hasta que mi espalda golpea un estante y me sobresalto del susto. Sus pasos fuertes y pesados resuenan detrás de mí mientras me persigue.

¿Qué coño estoy haciendo?

¿Y por qué me pone tanto que me persigan?

Dos fuertes golpes sacuden la puerta.

El corazón me va a mil, pero no respondo.

Siento una presión entre mis muslos al ver cómo el pomo de la puerta se sacude.

Debería sentirme mal, aunque no lo hago.

Lo deseo. Lo he deseado desde la primera vez que lo vi.

Lo deseé incluso más cuando me demostró que yo era más fuerte que mi miedo.

Nadie me entiende como él. Nadie me escucha ni me ve como él lo hace, ni me lleva más allá de mis límites.

Lo. Quiero. A. Él.

Me vibra el móvil. Lo saco del bolsillo y entrecierro los ojos ante el mensaje ominoso y amenazante. Todavía no tengo su número guardado. Él tiene el mío porque Booker creó un grupo para la misión.

Número desconocido: ¿Crees que una puerta me detendrá?

Yo: Es tu última oportunidad, Kade. Si me quieres, tendrás que demostrarlo. Vete. No eres un hombre de palabra.

Espero en silencio durante los siguientes cinco minutos sin apartar la vista de los mensajes. No aparece nada en la pantalla, ni siquiera un «Escribiendo», y un sentimiento de decepción me invade. Aprieto los labios en una mueca y me desplomo contra los estantes.

De verdad se ha ido.

Pues claro que lo ha hecho.

Bloqueo el teléfono y abro la puerta. Conteniendo la respiración, espero escuchar algún ruido, pero no ocurre nada.

Giro el pomo, salgo al pasillo y muevo la cabeza hacia la derecha.

La pequeña clínica del recinto está cerrada.

Aquí no hay nadie. La diminuta sala de espera está llena de sillas vacías.

No hay ni una sola persona detrás del mostrador.

El único sonido es el fuerte zumbido del aire acondicionado corriendo a través del techo.

Una sombra me envuelve y reacciono al instante. Cierro la puerta delante de Kade una vez más y la vuelvo a cerrar con llave. Me tiemblan las manos por la emoción y el sentimiento de venganza a medida que me alejo de sus golpes furiosos. Respiro de forma agitada, llena de deseo.

La estancia se queda en silencio. Levanto una ceja.

¿Se ha rendido?

Entonces, la puerta se hunde hacia dentro.

Kade ha echado la puerta abajo de una patada.

Hostia puta.

Sabía que, si de verdad quería, lo haría.