Capítulo 26. Kade
Kade
Hace sesenta días me fui de misión ultrasecreta.
Sesenta mañanas y sesenta noches en las que estuve en la otra punta del mundo.
El trabajo es una obsesión. Años y años con el mismo estilo de vida, siempre concentrado en mi labor, mi forma de vivir.
Sin embargo, por primera vez, hubo algo distinto que me acompañó y que no se ha ido.
«O alguien».
Es mi primera semana de regreso y me reciben con más trabajo. Tengo órdenes de asumir el mando en una misión en Oriente Medio y encontrarme con el grupo del que me han «obligado» a hacerme cargo.
Cuando entro por las puertas del pequeño edificio de la base, todos clavan su mirada en mí en el instante en que doy el primer paso.
Booker está plantado en medio de la sala y el resto de los soldados permanecen sentados en sus pupitres escuchándolo.
No lo he vuelto a ver desde el último día del curso.
Me quito la boina verde de la cabeza y aprieto la mandíbula cuando la realidad me golpea.
Este podría ser mi último año asistiendo a estas reuniones.
Todavía sigo sin tener ni puta idea de qué hacer.
La decisión de retirarme o de pasar más años en el ejército pesa enormemente sobre mis hombros.
Podría haberme retirado este año, pero algo me hizo cambiar de idea. No me parecía bien.
Todos se vuelven hacia mí y el corazón se me acelera cuando veo ese cabello negro que me resulta tan familiar. El rostro que me hipnotiza.
Violet Isla.
«Mariposa».
Está sentada en el lado derecho de la habitación, al lado de Anna Castle, cuyo nombre en clave es «Cuervo».
Quiero apartar la mirada, pero algo me obliga a observarla de nuevo.
No es su expresión tensa, claramente sorprendida por mi presencia.
No es la forma en la que su belleza natural me oprime la garganta cada vez que la miro.
No..., no es nada de eso. Es el puto anillo de diamantes de su dedo anular lo que me enajena de rabia y confusión.
Juro por Dios que como signifique lo que yo creo...
¿Qué otra cosa podría significar? Lleva un anillo de diamantes. ¿Está comprometida? ¿Se va a casar?
Todo pasa muy rápido. Me basta con un solo segundo para analizarla. Ver que está comprometida, que se restriega los muslos uno contra el otro y ese gesto adorable que le aparece en las mejillas cada vez que me ve. Se pone roja y se queda paralizada, como una estatua.
Castle mastica el chicle más deprisa y tamborilea los dedos en su barbilla con una sonrisa radiante.
—Soldados, dad la bienvenida al sargento maestro O’Connell. Él asumirá el mando de esta operación. —Booker se aparta, con las manos detrás de la espalda.
Y así, de golpe, siento cómo me arrancan el alma del cuerpo.
Sabía que formaba parte de este grupo, pero no pensaba que volveríamos a estar tan cerca de nuevo.
Está en el equipo que me han asignado. Está por todas partes, y encima tiene la cara dura de llevar un puto anillo cuando rompió con mi hijo hace apenas un par de meses.
Aun así, aparto a un lado mis sentimientos encontrados y los vuelvo a guardar en el lugar donde ella me atormenta. ¿Es incómodo? Por supuesto. Pero ahora mismo no es el momento de perderme en mis pensamientos.
—Seré lo más breve posible porque necesito que todos regreséis a vuestras habitaciones, hagáis las maletas, descanséis y llaméis a vuestros seres queridos.
Estaremos fuera bastante tiempo. Esta operación no se parece en nada a las que habéis presenciado antes, así que Booker y yo os lideraremos.
Muchos de vosotros sois nuevos y os falta mucho por aprender.
—Miro directamente a Violet y sus ojos tensos parpadean en cuanto lo hago—.
Debemos encontrar a este hombre. —Señalo el proyector que se encuentra a mis espaldas, donde aparece la foto de un objetivo de alto valor—.
Es responsable de asesinar y torturar a personas inocentes.
Eso incluye a marines estadounidenses y a hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas británicas.
También es el responsable de un ataque terrorista a la embajada de Estados Unidos que salió en las noticias hace un par de noches. Inteligencia nos lo ha confirmado.
Los informo de las expectativas de la misión mientras los miro uno a uno y memorizo sus caras.
Después, expongo las normas. Nunca me acostumbraré a ver el mal que existe en este mundo.
Cada misión es algo nuevo. Y por mucho que quiera proteger a Violet, no tengo derecho a intervenir.
Ella sabe perfectamente dónde se ha metido.
Sabe que cada vez que entramos en una zona de guerra es una situación de vida o muerte.
Se lo advertí una y otra vez cuando era mi alumna.
Les detallo a todos el plan de ejecución, paso a paso, evitando mirar a la única mujer que me hace pensar demasiado.
¿Por qué dejé que se quedara en Carolina del Norte? Podría haberla mandado a la Costa Oeste, aunque, en el fondo, sé la razón por la que no lo hice. Y no es por lo que pasó en la ducha, ni por lo que ocurrió bajo el puente de aquella maldita playa.
Si ese fuera el caso, ya estaría en la otra punta del país, donde su presencia no me volvería loco, pero la realidad es que no puedo evitar querer protegerla, y eso es un problema bien gordo.
Booker interviene y termina la reunión por mí. Después, pasa por delante y me dice:
—Estamos a punto de localizar la amenaza. Por ahora, nos mantendremos en espera... hasta recibir esa llamada.
—Caos y Bestia juntos de nuevo en una misión. ¡Los chavales han vuelto! —exclama Booker con tono alegre al abrir la puerta de mi despacho.
—La próxima vez que entres en mi despacho, haz el favor de llamar, capullo —gruño mientras guardo mi último proyecto a toda velocidad.
Abro el cajón y lanzo dentro mi pequeño kit de tallado antes de que vea en lo que estoy trabajando.
Con el dorso de la mano, me sacudo las virutas de madera de los pantalones.
—Joder, hoy estás más gruñón que de costumbre. ¿A qué viene esa cara larga, vejestorio?
Hago una mueca y le dedico una peineta.
—Solo te saco dos años, cabronazo.
—Cómo me gusta cuando me hablas sucio —se burla. Pongo cara de enfado y me cruzo de brazos. Él saca su comida: un sándwich, una manzana y un Red Bull.
—Eso es malísimo. —Le robo el Red Bull, lo abro y le pego un trago.
—Sí, sí, lo que tú digas. —Se encoge de hombros, despreocupado, saca otro Red Bull de su fiambrera y lo deja en el suelo, fuera de mi alcance.
—Madre mía, Booker, pero ¿cuántas bebidas energéticas llevas ahí? —Levanto una ceja, muerto de curiosidad.
—¿De verdad quieres hablar de cuántos Red Bulls llevo encima o prefieres hablar de cómo Violet se puso roja como un tomate cuando me levanté para darte la bienvenida? ¿Crees que le gusto?
Algo dentro de mí se resquebraja. El lápiz con el que golpeaba el escritorio se parte en dos cuando cierro el puño. El control que tenía se desvaneció la noche en la que la saboreé. Abro la boca antes de que me dé tiempo a contener la rabia que me sube por la garganta.
—Es la exnovia de mi hijo. Tienes prohibido acercarte a ella. ¿Te queda claro? —Es una advertencia lenta y clara, con un deje de rabia en cada una de sus sílabas. Lo señalo con el dedo y luego lo bajo.
«Mierda».
Antes de que pueda darle el primer bocado a su sándwich se queda paralizado. Se pone blanco y gira el cuello hacia mí con los ojos color avellana abiertos de par en par.
—¡Qué cojones! Kade..., ¿qué cojones? —Me estudia, a la espera de una explicación.
Respiro hondo y me obligo a tranquilizarme—.
¿Y me lo dices ahora? ¿Que salía con Adam?
¡¿Desde cuándo lo sabes?! —Finalmente, le da un mordisco a su comida y mastica despacio.
Se ríe entre bocado y bocado—. Me cago en la puta. Qué pequeño es el mundo.
Me levanto del escritorio y me acaricio la barba. Incluso mi mejor amigo está obsesionado con ella. Pero ¿con quién cojones está comprometida?
—¿Adam sabe de la misión? ¿Sabe que se va a casar?
Aprieto el alféizar de la ventana con tanta fuerza que se me ponen los nudillos blancos. Cierro los ojos y bajo la cabeza. No me apetece hablar de Violet. No quiero pensar en ella.
No. Quiero. A. Violet.
—Prefiero no hablar de ella. Estamos a punto de salir en una misión, prefiero hablar de cualquier otra cosa.
—A sus órdenes. Aunque ahora entiendo por qué eres tan protector con ella.
—Booker... —Mi tono de voz se oscurece.
No le he hablado a nadie de aquella noche en la playa. No soy una persona que se abra con facilidad, y menos en lo que a mujeres se refiere. Creo que nunca seré capaz de aceptar lo que significó aquella noche. Será mejor para ella que se mantenga alejada de mí.
—Vale, vale. Te hago un resumen rapidito sobre la locura que es mi vida amorosa. Conocí a una chica que me interesa. Es dulce, independiente y muy divertida. Su humor negro pega con el mío —dice al hundir los dientes en su manzana roja.
—¿Qué pobre chica tuvo esa mala suerte? —me burlo.
—Se llama Katia. No la conoces. —Deja de masticar—. A menos que tu hijo también haya salido con ella —me provoca, fulminándome con la mirada. Cojo lo primero que pillo y se lo tiro. Esquiva la caja de pañuelos antes de que le dé en la cabeza y esta cae al suelo.
Estalla en carcajadas, lo que me arranca una sonrisa.
«Capullo».
—En fin, que me gusta esa sensación de tener a alguien por quien volver a casa. Aunque fue una mierda tener que decirle que me iría durante un tiempo y no poder contarle adónde ni cuándo volveré.
—Así es la vida —respondo, y cruzo las piernas.
—¿Y tú? ¿Has conocido a alguien? ¿Qué hay de Karen? Esa tía haría lo que fuera por que te casaras con ella.
—No, nadie. Lo mío con Karen nunca fue algo serio. Ella se merece a alguien que esté más disponible. —Miro por la ventana y lo que veo hace que apriete la mandíbula y se me tensen los músculos debajo del uniforme.
«Date la vuelta, Kade».
Tentado a sacar mi cuchillo, me giro y observo cómo mi mejor amigo se termina su almuerzo. Necesito distraerme antes de salir del edificio y hacer algo de lo que luego me arrepienta.
—Así que nadie, ¿eh? —Se sacude las manos antes de coger un pañuelo de la caja que le he lanzado. Se limpia la boca y guarda todo en su fiambrera. Al levantarse de la silla frente a mi escritorio, me sonríe con esos ojos avellana que ven a través de mí.
—Nadie —repito.
—Entonces, ¿por qué me ha parecido que ibas a partirme el cuello y a darme una paliza por decir su nombre?
—¿El nombre de quién? —replico. La pregunta es igual de afilada que una cuchilla.
—Sabes perfectamente de quién estoy hablando. Podrás colársela a los demás, Kade, pero a mí no.
Su expresión, antes juguetona, se vuelve seria.
Cojo un montón de papeles y empiezo a ojearlos, haciendo cualquier cosa para evitar hablar de mi vida privada.
—No tengo ni idea de a qué te refieres.
—Kade, eres mi hermano. Las has pasado putas y te mereces ser feliz. No lo olvides. Incluso si es con Violet.
Antes de que pueda decir una sola palabra para negarlo y soltar alguna estupidez, sale de mi despacho y cierra la puerta.