Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 23. Violet
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Capítulo 23. Violet

Violet

El timbre suena por encima de Winter Wonderland de Doris Day.

Todos nos volvemos hacia la puerta en mitad de la decoración del árbol de Navidad.

Ya solo nos quedan unos cuantos adornos por colocar y la falda del árbol tiene que ir en la parte de abajo.

Adam y su madre pueden encargarse de esto último ellos solos.

Adam y yo nos hemos pasado las dos últimas horas fingiendo que seguimos juntos.

—Tortolitos, quedaos quietos —bromea Penny mientras le revuelve el pelo a Adam.

Adam exagera su actuación y me roba constantemente abrazos y besos en la mejilla. Cada vez que lo hace, me obligo a sonreír.

El timbre vuelve a sonar.

—¡Ya voy! —exclama la madre de Adam, y se levanta del suelo de un salto.

—Bueno... —empieza a hablar Adam al pasarme otro adorno.

—¿Cuándo le vas a decir a tu madre que ya no estamos juntos? —Lo fulmino con la mirada y me fijo en sus ojos enrojecidos y vidriosos.

—Cuando me apetezca.

Espero un segundo.

—¿Estás drogado? —Le lanzo una mirada asesina.

Adam abre los ojos como platos, aunque después asiente como si nada.

Sacudo la cabeza al descubrir algo nuevo sobre mi ex.

—Díselo.

—No —suelta.

—Adam. Lo nuestro se acabó. Fuiste tú el que me dejaste, ¿te acuerdas? «No puedo estar con alguien del ejército» —repito sus palabras con ironía. Cuelgo la bola plateada en una rama y observo su rostro distorsionado en el reflejo.

—Y no puedo, pero eso no significa que no te quiera. —Enreda sus dedos en mi pelo. Le aparto la mano de un manotazo.

—Adam, no puedes volver a mi vida cada vez que te apetezca —bufo con furia, intentando no llamar la atención de su madre.

Él abre la boca y levanta la barbilla, como si estuviera a punto de gritarme.

—Oh, no debería quedarme, Penny.

El corazón me da un vuelco y me golpea con tanta fuerza que lo siento latir en la base del cuello. Creo que se me va a salir del pecho.

«Esa voz».

Esa voz grave, familiar y adictiva.

Adam y yo nos quedamos paralizados y nuestras miradas se dirigen a la puerta principal. Adam se tensa y frunce el ceño al ver a su padre. O’Connell está ahí plantado, con el casco en sus manos enguantadas sin apartar la vista de Penny, que coquetea aleteando las pestañas. ¿Tiene una moto?

Me giro hacia el árbol de Navidad a toda velocidad en un intento de mantener la calma.

Sin embargo, lo único que veo es la noche que compartimos en la playa bajo aquel puente.

El recuerdo de aquella noche oscura se me viene a la cabeza como una presentación de diapositivas.

Me llevó al éxtasis más absoluto con la lengua y se apartó justo antes de que explotara.

Su existencia se ha quedado grabada en cada uno de los rincones de mi alma.

—Venga, que es Navidad. Podemos ponernos al día y hablar sobre los viejos tiempos. —Siento una punzada en el corazón cuando oigo a Penny tontear con él. Por el rabillo del ojo, veo cómo le toca el hombro a Kade de forma juguetona.

No tengo derecho a sentir el fuego que se enciende dentro de mí con cada respiración.

—¿Qué cojones haces aquí? —escupe Adam al acercarse a sus padres.

—Hijo. —Esa voz grave vibra en mis oídos y derrite mis entrañas—. ¿Cómo estás? —lo saluda alegremente, a pesar de la frialdad que este le muestra.

—Adam, por favor, sé respetuoso —lo reprende Penny, quien tensa la mano sobre la puerta.

«No mires. No los mires, joder».

—Feliz Nochebuena. Solo me pasaba para dejarte un regalo. Pronto volveré a marcharme y...

Una caja cae al suelo y un silencio largo e incómodo se instala a nuestro alrededor.

Me vuelvo hacia ellos y el mundo comienza a funcionar a cámara lenta.

O’Connell me mira como si hubiera visto un fantasma por primera vez.

Se queda petrificado, con los ojos como platos y la boca entreabierta.

Penny y Adam lo observan confundidos mientras él mantiene la mirada clavada en mí.

Siguen la dirección de sus ojos y me encuentran mordiéndome el labio, incómoda.

Adam se agacha para recoger la caja con una expresión molesta.

Llevo sin ver a Kade una semana. Pues claro que se pasaría por aquí, ¿cómo es que no se me había ocurrido?

—Ah, ella es Violet. La novia de Adam. Llevan juntos desde que son adolescentes —le explica Penny, tendiéndome la mano para que me acerque—.

Me imagino que no os han presentado. Dudo que Adam lo haya hecho —añade con una risita inocente—.

Ven a saludar, Violet. Te presento a Kade, el padre de Adam.

—En sus labios rosados se dibuja una amplia sonrisa.

Kade sonríe como si me estuviera imaginando desnuda, pero noto cierto arrepentimiento en sus movimientos. Finalmente, se vuelve hacia Penny, se pasa una mano por la barba y se ríe. Levanta la mirada al techo, como si intentara controlar sus pensamientos.

Joder. Yo también.

Reúno el valor y las fuerzas para moverme. Llego a la entrada en cuestión de segundos. Adam sigue fulminando a su padre con la mirada y me coge de la mano, como si todavía fuera su novia, para presentármelo. Quiero pegarle un manotazo, pero me contengo.

—Hola. —Levanto la vista hacia Kade. Sigue igual de malditamente atractivo e intimidante que siempre.

Su rostro es impenetrable. Me estrecha la mano con su palma áspera y callosa. Observo cómo nuestras manos se mueven arriba y abajo, conectadas, y un relámpago me atraviesa el pecho.

—Hola, Violet.

Madre mía. Qué raro se me hace oírlo decir mi nombre otra vez.

En cuanto sale de sus labios, suelto su mano y retrocedo un poco, como si fuera un desconocido. Temo que mi expresión de aturdimiento se convierta en una cargada de anhelo.

—Está en el ejército —interviene Penny—. ¡En las Fuerzas Especiales, como tú! —Se coloca delante de mí, como si quisiera recuperar la atención de Kade. Intento regresar al árbol, pero Adam me pasa el brazo por los hombros y me obliga a presenciar la reunión familiar. Miro hacia otro lado, incómoda.

—Ah..., genial. Qué pequeño es el mundo —responde Kade con sarcasmo. El calor me sube a las mejillas y me atrevo a mirar a la cara al demonio que ha atormentado mis sueños. Penny se pone de puntillas y pasa la mano por su cabello negro y ondulado.

—Qué largo tienes el pelo... —bromea. Él le devuelve la sonrisa y la forma en la que sus labios se curvan me dan ganas de salir corriendo. Esos labios, esa barba, esa maldita lengua. Debería ser ilegal lo rápido que logra que me derrita.

—Sí, me lo he dejado crecer. En fin, solo me pasaba a saludar. Quería darle un regalo a mi hijo. Kirk quiere salir esta noche. No quería interrumpir, así que mejor me voy.

Aprovecho la oportunidad para marcharme yo también.

—Sí, yo también tengo que irme. Mañana me espera un día largo —miento para quitarme de encima el brazo de Adam. Él se tensa y me lanza una mirada de advertencia, pero la ignoro.

—¡Nada de eso! —exclama Penny, que extiende una mano delante de mí para impedirme avanzar—.

Aprovechemos que estamos en fiestas y pasemos una noche en familia.

.. —Mira a un Adam visiblemente molesto y a un Kade con el semblante frío como el hielo—.

Aquí se queda todo el mundo. Invita a Kirk también.

Hace años que no lo veo, me encantaría que nos pusiéramos al día.

Tengo una barbacoa en el patio. ¿Te importa empezar a hacer los filetes de la nevera?

Adam y yo iremos a la tienda de la esquina a por cerveza para Kirk y para ti.

Te conozco —añade con tono meloso mientras le da un leve golpecito en el pecho.

Kade suspira como si se lo estuviera pensando.

—No sé... —murmura, incómodo—. Esto no es propio de ti. ¿Quién eres tú y qué has hecho con Penny? —pregunta ladeando la cabeza con curiosidad, aunque mantiene su expresión seria.

—Es el cumpleaños de mi novia, así que unos filetes y unas cervezas me parecen un plan increíble.

¿Verdad, Violet? —Intenta buscar una excusa para pasar más tiempo conmigo.

El agarre de Adam alrededor de mi brazo se endurece.

Me clava los dedos y las uñas hasta hacerme daño.

Intento zafarme, pero no me suelta. Sus ojos marrones se oscurecen.

Mientras tanto, Penny sigue riéndose y coqueteando con un Kade despreocupado.

Su mirada arde con una emoción que no logro descifrar cuando nota cómo Adam me sujeta.

Me estremezco y asiento, cediendo.

—¿Verdad, papá? —añade con un tono desafiante, como si retara a su padre a negarse. Conociendo a Kade y su deseo de enmendar la relación rota con su hijo, sé que la culpa no le permitirá decir que no.

—Claro. Pero os lo advierto, a Kirk le encanta trasnochar. Ahora lo llamo —cede Kade. Saca el teléfono del bolsillo junto con un paquete de tabaco.