Capítulo 22. Violet
Violet
—¡Hola! —saludo alegremente a la madre de mi exnovio.
Cuando Penny abre la puerta me recibe con una sonrisa de oreja a oreja y los brazos abiertos.
Su cárdigan morado envuelve sus delgados brazos.
Lleva unos pendientes de coronas navideñas decoradas con miniadornos.
Noto que su brillante pintalabios rojo combina con sus ojos marrones, que reflejan destellos rojizos cuando la luz del atardecer los ilumina.
Los ojos se me llenan de lágrimas. Un abrazo maternal es justo lo que necesitaba. No me han dado uno desde que enterré a mi padre.
Su calidez me sobrepasa como una ola. Puedo sentir su cariño cuando me frota la espalda y yo apoyo la barbilla sobre su hombro.
—Has vuelto. Siento que ha pasado una eternidad desde la última vez que te vi. —Suspira, me da un último apretón mientras retrocede y me sujeta los brazos en alto para mirarme de arriba abajo con una mirada cargada de orgullo.
—A mí el año se me ha pasado volando —bromeo, lo que le arranca otra risita. Frunce los labios con una sonrisa genuina y juguetona.
—¡Me lo imagino! ¿Cómo está tu madre? ¿Y tus abuelos? ¡Deben de estar orgullosísimos de ti, Violet! —exclama al abrir más la puerta, invitándome a entrar.
No tiene ni idea de cómo se torció la relación entre mi madre y yo. No he recibido ni un solo mensaje, carta o llamada por su parte. Al parecer, decía en serio eso de que unirme al ejército era la gota que colmaba el vaso y que me desheredaba.
—Están todos bien. La abuela está siendo lo más fuerte que puede, dada su situación. Todavía no he visto al abuelo, pero me pasaré por su casa mañana. Solo estaré aquí dos semanas antes de reunirme con mi grupo.
No estoy siendo del todo sincera, pero prefiero mantener una actitud positiva para que el espíritu navideño no se vea empañado por el drama familiar.
Mencionar esos detalles significaría tener que hablar de ello, lo que solo me llevaría a luchar contra la ira, el resentimiento y la pena con los que cargo todos los días.
La sigo al interior de la vivienda y me recibe el olor a vainilla, a canela y a madera, que probablemente proviene de la vela que tiene encendida sobre su mesa de centro.
La música navideña suena al compás del crepitar del fuego de la chimenea.
Penny siempre decora la casa en cada estación, algo que a mí también me encanta hacer.
Sueño con el día en el que me compre mi primera casa y pueda decorarla en cada festividad y hornear pasteles según la ocasión.
—¿Con qué grupo vas a ir? —me pregunta por encima del hombro al entrar en la cocina—. Estoy terminando un jamón, ven y échame una mano. Estarás muerta de hambre. —Su acento sureño, suave y distante, se mezcla con It’s Beginning to Look a Lot Like Christmas de Michael Bublé que suena de fondo.
La sigo, pero freno en seco cuando el corazón me da un vuelco al ver un rostro familiar.
«Adam».
—Eso, Violet. ¿Con qué grupo vas a ir? —me pregunta Adam, sentado en un taburete dorado frente a la isla de la cocina.
Se lleva una nuez a la boca y la mastica a la vez que una sonrisa socarrona se le dibuja en los labios.
Mueve las cejas con aire burlón, provocándome.
Lleva el pelo castaño claro rapado, un jersey navideño verde y rojo y unos pantalones sueltos de color marrón oscuro.
No tenía ni idea de que estaría aquí. Penny omitió ese pequeño detalle cuando hicimos los planes. Creía que era obvio que Adam y yo lo habíamos dejado y que lo más probable es que todavía no estemos preparados para ser solo amigos. Tampoco he visto su coche aparcado fuera cuando he llegado.
Una mezcla de sentimientos me recorre las venas. Busco la mirada de Penny, quien saca una tarta de cumpleaños amarilla de la nevera. La cierra, se gira con entusiasmo y da un pequeño salto.
—¡Sorpresa! —gritan ambos al unísono con alegría.
Adam aplaude con fuerza.
—¡Feliz cumpleaños!
Aprieto los labios y fuerzo una sonrisa de agradecimiento intentando reprimir las ganas de salir corriendo de la cocina. Odio las sorpresas, especialmente cuando no entraba dentro de mis planes el reencontrarme con Adam tan pronto. Me siento acorralada.
Él se acerca a mí, asegurándose de darle la espalda a su madre cuando se inclina hacia mi oído. Me tenso. Un sentimiento de culpa y arrepentimiento me recorre todo el cuerpo.
Culpa por haber sobrepasado el límite con Kade y resentimiento hacia Adam por haber roto conmigo aquel día en el aeropuerto.
—Mi novia ha vuelto a casa —susurra, después me planta un beso en la mejilla y entrelaza sus suaves manos con las mías.
¿Novia? ¿A qué viene todo este jueguecito?
—Voy a dejar esto aquí para ir al baño. Vuelvo enseguida. ¡No os mováis! ¡Tenemos que sacarnos una foto los tres juntos! —exclama Penny, quien sale corriendo de la cocina y desaparece por el pasillo.
—¿De qué narices hablas, Adam? Ya no soy tu novia —le digo entre dientes. Intento retroceder, pero me agarra por los brazos y me acerca a él. El movimiento me pilla por sorpresa. Jamás había sido así de agresivo conmigo.
La peste a licor de su aliento me golpea cuando me responde.
—Mi madre no sabe que rompiste conmigo. Por favor, que se quede entre nosotros mientras duren las fiestas. Está muy estresada por el trabajo. Su empresa está recortando personal y no quiero que se preocupe por nosotros en Navidad.
—Adam... —Le lanzo una mirada de reproche y me aparto con brusquedad. Arrugo la nariz.
—Violet —me imita, entrelazando de nuevo nuestros dedos. Retiro la mano al instante. El rechazo le borra la sonrisa. Aparto la mirada clavando los ojos en el suelo de baldosas blancas y mordiéndome el labio inferior.
Él da un paso atrás para darme espacio. Me aclaro la garganta y lo observo con el ceño fruncido. Él me mira de arriba abajo y traga saliva.
—Estás... distinta. Pero igual de guapa que siempre.
Como era de esperar, su cumplido ya no me provoca nada. No siento nada.
—¿Adónde te han destinado?
Frunzo los labios.
—Carolina del Norte.
—Genial. Así podré verte siempre que quiera. Visité a tu abuela a menudo mientras estabas fuera, ¿lo sabías?
Retrocedo.
—¿En serio?
—Sí. Es horrible ver cómo se marchita poco a po...
¿Cómo se atreve a hablar así de ella? Frunzo el ceño y tuerzo el gesto.
—¡No es verdad! Ella... —lo interrumpo con un grito, sin saber qué más decir. Todavía me niego a aceptar que se está muriendo. Es demasiado doloroso.
—Perdona... —murmura mientras levanta las manos a la altura del pecho y me dedica un gesto de rendición—. Solo quería sentirme cerca de ti. La cagué.
—Primero, gracias por visitarla. Y hablando de eso, quiero que me devuelvas su anillo. Y segundo, ya no importa, Adam. Ha pasado un año desde la última vez que nos vimos.
Él retrocede.
—Ha pasado un año desde la última vez que nos vimos, pero solo un mes desde que lo dejamos —me corrige.
Por su tono de voz, me parece que está un poco perdido.
Un destello de negación se refleja en sus ojos color whisky .
Levanta una taza navideña y bebe, sin dejar de mirarme.
Asumo que en su interior está el licor mezclado con algo más, lo que explica el olor que emana de sus poros.
—No, Adam, las cosas no funcionan así. Me da a mí que tu línea temporal está completamente equivocada —replico.
Nunca había presenciado esta cara de él.
Parece desesperado por recuperarme. Adam siempre fue el egoísta de la relación.
No asistió a mi graduación del Entrenamiento Básico porque dijo que tenía que trabajar, a pesar de que lo avisé con tiempo de sobra para que se organizara.
Después descubrí que se había pasado toda la noche anterior de fiesta.
Nuestros amigos en común me hablaron sobre la noche de borrachera y las aventuras que organizó en su casa.
Estaba demasiado resacoso al día siguiente como para venir.
Siempre era yo quien hacía planes para pasar tiempo juntos y él se tiraba todo el rato con el teléfono cada vez que salíamos.
Al principio de la relación, todo era maravilloso, pero Adam cambió con el tiempo, cuando empezó la universidad.
Quizá no estaba tan enamorada de él como creía.
Quizá solo me sentía cómoda porque estuvo a mi lado cuando no tenía a nadie más.
—Las cosas estaban mal ya antes de que me fuera. Estar lejos me ha dado mucho tiempo para establecer las expectativas y los límites que merezco. Tú siempre me pedías perdón y yo siempre te perdonaba. Lo nuestro se estaba viniendo abajo, ¿no fue eso lo que tú mismo dijiste? —le espeto.
Penny da una palmada al entrar en la cocina. Su sonrisa me deja claro que no tiene ni idea de lo que estamos hablando.
—¿Empezamos? ¡Comeremos la tarta y decoraremos el árbol de Navidad! —afirma con una sonrisa radiante que le ilumina los ojos marrones. Saca tres platos de un armario.
Adam le da un trago a su bebida con rabia.
Me quedaré una hora y me iré.
Estar cerca de Adam y Penny me hace sentir como si los hubiera traicionado.
No pueden enterarse de lo que Kade y yo compartimos.
No lo entenderían. Al fin y al cabo, ellos son su familia y yo no soy más que una persona ajena.
Suficiente resentimiento le guarda Adam a Kade.
¿Qué pasaría si descubre los límites que hemos cruzado?