Capítulo 20. Violet #2
Pasa su lengua por mi coño, con brusquedad y fiereza, hasta que se detiene en mi clítoris y lo succiona.
Es como si estuviera hambriento y lo único que pudiera satisfacer su deseo fuera devorarme.
Su frustración acumulada me atraviesa las venas como si se tratara de morfina.
Detiene sus lametones letales y yo arrugo las cejas, decepcionada.
Mis muslos se sacuden a ambos lados de su cara.
—¿P-por qué paras?
Introduce dos dedos dentro de mí.
—Quiero que te corras por mí. Quiero que tu coño suplique antes de hacerte gritar mi nombre.
Le tiro del pelo cuando entierra el rostro entre mis pechos.
Me chupa y me muerde los pezones, pasa de uno a otro y no deja de morderlos y lamerlos mientras me los aprieta con la mano.
Introduce otro dedo para dilatarme a su gusto.
Arqueo la espalda y abro la boca. Me siento demasiado llena, pero entonces curva los dedos y me invade una oleada de placer que apenas puedo soportar.
—Violet..., qué apretada estás, joder. Mira cómo te retuerces contra mis dedos y lloriqueas como una zorra avariciosa que quiere más.
Juega con mi cuerpo como si estuviera hecho por y para él. Como si lo conociera desde hace años. Mis paredes se contraen alrededor de sus dedos mientras me conduce a la línea de meta, acercándome al precipicio hasta que gimo.
—¿Te gusta que te llame zorra? ¿Te gusta que te diga lo guarra que eres?
—Sí —gimo.
Me aprieta un pecho y me chupa el otro. Me muerdo el labio con fuerza y siento una corriente de dolor cuando hunde sus dientes hasta hacerme sangrar.
—El rojo te queda increíble, ¿lo sabías? —Lame la sangre de mi piel y vuelve a mi boca. Su lengua encuentra la mía y me obliga a saborear el hierro.
De repente, ya no estoy en el suelo. Me coloca sobre él, de modo que estoy sentada en su cara y él permanece de pie.
Camina hasta que mi espalda choca con un pilar y yo dejo escapar otro gemido cuando su lengua se encuentra con mi clítoris.
Con las piernas sobre sus hombros, me agarro a las chapas de identificación que le cuelgan del cuello para mantener el equilibrio.
El corazón me da un vuelco cuando entiendo lo que está haciendo.
Una nube oscura tapa la luna y ensombrece tanto el ambiente que la cara de Kade apenas es visible debajo del puente.
Se mete debajo de mi vestido rojo. Con una mano, encuentra mis pechos y me retuerce el pezón. Me estremezco y aprieto los dientes.
El placer es cegador. Me chupa y me muerde el clítoris. Me desmorono con tanta facilidad que debería ser ilegal. Su lengua me atraviesa y él gime.
—Qué bien sabes, joder. Podría correrme solo por comerte el coño.
Me folla con la lengua. Se me ponen los ojos en blanco, el abdomen se me contrae y respiro de forma agitada a la vez que un fuego ardiente me consume. Estoy tan cerca que las estrellas brillan y giran. Le araño la espalda. Me pellizca el clítoris con los dientes y yo grito.
Un movimiento más y me corro.
—¿Violet? —me llama Booker en la distancia.
Abro los ojos de par en par cuando nos arrebatan el paraíso.
—Mierda —suspira Kade con frustración. Lo empujo, le doy un golpecito y reacciona al instante. Me pongo de pie y él me ayuda a colocarme el vestido y a taparme los pechos. Se pasa la mano por la barba y mira en dirección a la voz que me llama a grito pelado. Se coloca delante de mí para taparme.
—¡Violet, ¿dónde estás?! —grita de nuevo. Me doy la vuelta y asomo la cabeza por un lado de la columna. Booker se aleja de donde nos encontramos con una cerveza en la mano.
—No. No te vayas con él.
¿Me está pidiendo que terminemos lo que hemos empezado?
—¿Qué? —murmuro mientras me termino de vestir.
Me tiemblan los dedos. Los muslos internos me gritan de dolor.
Joder, todavía puedo sentir el roce de su lengua dentro de mí.
Mi cuerpo ya me está suplicando más y el clítoris me late de pura necesidad.
No he llegado a correrme, pero la realidad me golpea y, por mucho que me encantaría continuar, una marabunta de gente aparece en la playa.
—Ya me has oído. —Respira y se pasa la mano por el pelo oscuro.
Gira la cruz de mi collar para colocármelo bien cuando una ola rompe contra mis pantorrillas y me hace tropezar.
Kade me agarra por la cadera y me empuja con fuerza contra el mismo pilar donde hace un segundo me follaba con la lengua.
Coloca sus manos a ambos lados de mi cara y se inclina sobre mí.
—Joder, Violet, ¿por qué eres tan patosa con el agua?
Frunzo el ceño.
—Espera, ¿qué me quieres decir con eso?
—¿Ya no te acuerdas de la prueba que suspendiste?
Me quedo con la boca abierta.
«Capullo».
—¿Cómo te atreves a sacar ese tema? ¡No soy patosa! —Intento empujarlo, pero no se mueve. Otra ola intensa nos alcanza, aunque esta vez, es él quien se tropieza y, antes de caer, me agarra de la muñeca y me arrastra al suelo con él.
La ola nos empapa al instante. Me congelo cuando me llega el agua al pecho y a las puntas del pelo. Chillo a medida que el agua helada continúa pasándome por encima. Se me pone la piel de gallina, empiezo a tiritar y a respirar con dificultad.
Echo un vistazo hacia la derecha y observo a Kade reaccionar de forma similar, aunque él no emite ningún sonido.
Nuestras miradas finalmente se encuentran.
La luna brilla sobre sus ojos lobunos dispares.
A pesar de que le sostengo la mirada, son las gotas de agua que caen por sus labios las que captan mi atención.
—¿Quién es el patoso ahora? —farfullo con rabia.
Nos quedamos callados durante un segundo y después ambos nos echamos a reír.
Sus carcajadas hacen que me ría todavía más.
—Creo que nunca te había escuchado reírte. —Miro las estrellas mientras ambos permanecemos tumbados sobre la arena helada. Me encanta su risa, ojalá pudiera oírla más.
—Creo que yo tampoco me había escuchado reírme desde hace muchísimo tiempo.
Lo miro cuando se levanta, disfrutando de la vista de un Kade relajado. Me tiende la mano y, en cuanto la tomo, tira de mí con suavidad. Su ropa está empapada, al igual que mi vestido. La brisa nos recuerda la estación en la que estamos.
—Booker tiene mi teléfono y mi cartera —susurro.
—Vete a descansar. Cuando llegues a casa mañana, podrás celebrar el trabajo bien hecho. Deberías irte. Estás... empapada . —Su mirada brilla con deseo.
Me muerdo el labio y una ráfaga de calor me sube a las mejillas. Sacudo la cabeza y cojo mis tacones, los cuales tiré a un par de metros de distancia.
—Cuidado, sargento maestro, o pensaré que tienes alma.
Me agarra del pelo y tira de mi cabeza hacia un lado para que mi cuello quede expuesto. Me lleva de vuelta a las sombras.
—No la tengo. Por eso te mantendrás alejada de mí. Nuestro momento de no ser más que un chico y una chica en la playa ha llegado a su fin. —Su aliento cálido me acaricia el cuello mientras me sujeta del pelo con fuerza. Gimo.
Su expresión, antes lujuriosa, se suaviza y se encuentra con mi mirada curiosa.
—No te preguntaré cómo murió y tampoco te diré que lamento tu pérdida. Esas palabras no lograrán aliviar el dolor que se siente al perder a alguien tan especial como un padre, pero sí te diré que estoy orgulloso de ti. Y estoy seguro de que él también lo está.
Una calidez me invade y se me corta la respiración.
—¡Violet! —grita Booker de nuevo. Se está acercando.
Kade me suelta y retrocede. Echa un vistazo por encima de mi hombro con el ceño fruncido.
Si nos pilla, mi carrera habrá acabado antes de empezar. No puedo permitir que un hombre se cargue mi carrera. No importa lo increíblemente bien que me haya comido el coño. No importa lo mucho que su presencia logre aturdirme. No quiero que mi carrera termine antes de empezar.
Lo miro, pero el instructor frío y distante que lleva acompañándome un año regresa.
Podría ser un adiós.
Tiene razón. El momento que acabamos de compartir ha terminado. Mañana tendré que conducir desde bien temprano y me muero de ganas de reunirme con mis abuelos. Todavía tengo que recoger todas mis pertenencias. Además, la lista de cosas que tengo que hacer regresa para atormentarme.
Me doy la vuelta y veo a Booker. No sé en qué momento se le unió Slater, pero ambos me están buscando.
—Supongo que esto es todo, ¿no? —digo, con la mirada todavía clavada en Booker.
Me doy la vuelta y las mariposas mueren cuando me doy cuenta de que estoy sola.
Kade ya está de camino a su coche.