Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 15. Kade
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Capítulo 15. Kade

Kade

Worship – Ari Abdul

Llego a mi habitación en un tiempo récord. Me quito la ropa, arranco mis chapas de identificación y las tiro al suelo. Ni siquiera estoy seguro de haber cerrado la puerta de la habitación, pero necesito alejarme de ella lo antes posible.

Joder. No sé qué cojones me ha pasado.

La he saboreado, he chupado la miel que goteaba de sus dedos y era tan dulce... La polla se me pone dura solo de recordarlo. Ni siquiera se me debería pasar por la cabeza la idea de comerle el coño, pero, ahora mismo, solo puedo pensar en devorarla.

Giro la llave de la ducha hasta que el agua sale lo más fría posible y me quito los calzoncillos.

Tengo la polla como una piedra. Entro en la ducha y siseo cuando el agua congelada me baja por la espalda.

Aguanto el dolor, me hundo en él, pero sigue sin ser suficiente como para borrar la huella nociva que ha dejado en mí.

Esto está muy pero que muy mal.

¿Por dónde cojones empiezo?

Es joven. Es mi alumna... aunque pronto dejará de serlo.

Esta noche ya he cruzado los límites al mirarla mientras se tocaba, a pesar de que ella quería que lo hiciera. Fue consentido, pero eso no quita que esté mal. No debería quererla en mi cama. No debería ni mirarla y una sensación desconocida se abre paso a través de mi corazón frío y cerrado.

Esto. Está. Fatal. Joder.

Sin embargo, también me hace sentir bien. Violet ha conseguido que romper las reglas me resulte tentador. Jamás había cruzado los límites. Mi polla nunca había anhelado tanto un alma tan dulce: necesito dejar de prestarle la atención que ella tanto ansía.

¿Cómo se atreve a provocarme de esa forma? ¿Y cómo se me ocurre bajar la guardia y hacerle caso a mi otra cabeza, en lugar de a la que tiene un cerebro dentro?

No suelo romper las reglas, pero si...

Si ya no es mi alumna...

Si ya no está con Adam...

NO.

Golpeo la pared y cierro los ojos con fuerza, pero no consigo sacármela de la puta cabeza.

—¡Joder! —gruño a la vez que el ruido del agua golpeándome la espalda y cayendo por el desagüe inunda mis oídos.

Me llevo la mano a la polla para masturbarme.

Me duele, desesperada por liberarse. Tiemblo cuando Violet cruza mi mente como el fruto prohibido que es, provocándome igual que hizo en las duchas.

Me imagino su dulce boca y sus labios rosados alrededor de mi miembro, chupándolo y lamiéndolo. Mis manos en su pelo, tirando de él tal y como me gustaría para metérsela hasta el fondo.

¿Cómo será verla de rodillas? ¿Se le llenarán los ojos de lágrimas al ahogarse con mi polla? ¿Qué aspecto tendrá con mi semen goteándole por la barbilla? ¿Cómo será verla a gatas mientras la hago mía y me corro dentro de ella toda la noche si me deja?

¿Cómo le gustará a mi pequeña mariposa que la veneren?

Sería perfecto.

Me toco más rápido y me apoyo contra la pared blanca. Cierro los ojos y me dejo llevar por el deseo.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que eché un polvo. Estuve en un despliegue de un año, volví a casa, me lo pasé bien con mis rolletes habituales y después regresé al trabajo.

Han pasado once meses desde que le puse los ojos encima. Once meses desde que me quema el deseo por alguien con solo una puta mirada.

Necesito estar dentro de ella. No me llega con solo probarla. Quiero devorarla hasta que se le olvide su nombre y solo pueda recordar el mío. Y aquí estoy, bajo la alcachofa de la ducha, perdiendo el control, corriéndome y gruñendo de pura rabia. No debería desearla de esta forma.

—No, no puedo hacer esto. No está bien.

Mi orgasmo se va apagando poco a poco y aprovecho para recordarme a mí mismo los límites que no puedo cruzar.

La relación con mi hijo me importa demasiado.

Todavía estoy intentando arreglarla y compensar poco a poco todos los errores que he cometido.

No puedo imaginarme un mundo en el que esté dentro de ella y siga manteniendo conversaciones con mi hijo como si todo esto no fuera tabú.

Le haría daño. Debo mantenerme alejado de ella.

Cierro el grifo y me coloco una toalla alrededor de la cintura mientras me seco el pelo con otra.

Apago todas las luces y me pongo mis calzoncillos negros Oakley, listo para descansar de una vez.

Mañana será un día largo. Todos se graduarán y yo regresaré con mi equipo para encargarme de nuevas misiones porque el trabajo nunca perdona.

No recuerdo cuándo fue la última vez que me tomé un permiso.

Debería estar celebrándolo. Estaré lejos de ella. Eso es bueno. Es genial. Vi cuáles eran sus destinos soñados y en ninguna parte aparecía Carolina del Norte.

Me suena el móvil sobre la mesita de noche. Sin pensarlo, lo cojo y me lo llevo a la oreja.

—¿Booker?

—Hola, colega. ¿Dónde te habías metido? Llevas toda la noche desaparecido.

—Eh..., decidí irme a la cama temprano. Mañana es la graduación —respondo caminando de un lado a otro de la habitación, nervioso. Incluso en mitad de la oscuridad, sé que la he cagado. Solo espero que no descubra que se la estoy colando.

—Tú nunca desaprovechas una oportunidad para beber —replica, sorprendido.

—Ya. Supongo que me estoy haciendo mayor —bromeo.

—Será eso. En fin, solo quería saber cómo estabas. Yo también me voy a dormir... —Suelta un bostezo y me lo pega—. No puedo sacarme de la cabeza a cierta mariposa de ojos marrones y pelo largo y negro.

La rabia se despierta dentro de mí. Me siento en la cama, apoyo los codos sobre los muslos y me inclino hacia delante. ¿Por qué está hablando de Isla?

—¿De qué cojones hablas?

—Venga, tío. Ya sabes de quién estoy hablando. Violet... Isla.

—Ah. Bueno. A mí qué cojones me cuentas, Booker.

—Oye..., no hace falta que me recuerdes las reglas. Nunca he cruzado ningún límite con ella.

Ya, pero yo sí...

—Entonces ¿qué me quieres decir?

No me gusta que pronuncie su nombre. No quiero que piense en ella. No me gusta hablar de ella con otro hombre. Una sensación extraña y posesiva se apodera de mí. Nunca me había sentido así, ni siquiera con Penny.

Quiero cortarle la lengua solo por haberla mencionado.

—Técnicamente, mañana se gradúa, ¿no? Así que, técnicamente hablando, ya no sería terreno prohibido. ¿Entiendes por dónde voy?

—Supongo... —Carraspeo y me paso una mano por la barba.

Me hierve tanto la sangre que podría prender fuego a todo el edificio.

Me preocupa que, si sigue hablando de ella, se me escapen sin querer mis sentimientos confusos.

No puedo permitirlo. Estoy intentando mantenerme alejado de ella sea como sea.

—Es joven... p-pero... —tartamudeo y golpeo el suelo con el pie en busca de las palabras correctas.

—Pero ¿qué?

—Creo que tiene novio.

—¿Quién? —Su voz se vuelve impaciente.

Mi hijo. Puede que hayan roto, pero ¿quién sabe? Recuerdo jugar a esos mismos jueguecitos inmaduros y tóxicos con Penny. Decíamos que todo se había acabado y luego volvíamos al cabo de una semana.

—No tengo ni puta idea, Booker. Pero me da la impresión de que no está soltera.

—Bueno, supongo que mañana lo averiguaré.

—¿Y eso por qué?

—No puedo revelar mis cartas. Solo te diré que me gusta... me gusta mucho.

A. Mí. También. Cabronazo.

—Oye, me voy a dormir. No me cuentes tu vida, ¿quieres? Estas cosas no me incumben y prefiero que siga siendo así. Buenas noches —respondo con tono cortante antes de colgar.

Siempre soy un capullo, así que mi reacción no debería sorprender a Booker.

Programo la alarma para las tres de la madrugada y dejo de nuevo el móvil sobre la mesita de noche de madera. Tiro de la cadena plateada y apago la lámpara, quedándome a oscuras. Me dejo caer sobre la almohada con las manos en la nuca, clavo la vista en el techo e intento relajarme.

Es mi mejor amigo y lo ha sido durante los últimos veinte años... y, por primera vez desde que nos conocemos, quiero hacerle daño. Todo porque cree que tiene posibilidades con Violet.

Empiezo una cuenta regresiva mentalmente... es mi truco para quedarme dormido y distraerme de las misiones anteriores. Fragmentos de los gritos de Hawk, las últimas palabras de Chico, niños gritando y muriendo... Las imágenes de las consecuencias de la guerra cruzan mi mente como todas las noches.

Después, el recuerdo de un par de ojos marrones silencia mis demonios.

Me gusta esa alumna malcriada, cabezota y preciosa. Desde que nos conocimos, he deseado verla cada día. Al principio quería destrozarla, pero, últimamente, es ella la que me está destrozando a mí.

No, no, no. Joder, no. Me niego a dejar que mis pensamientos obsesivos le pertenezcan a otra persona, alguien capaz de destruirme con una sola mirada. He levantado los muros por una razón y pienso mantenerlos en alto.

Me destapo. Apoyo los pies y las palmas de las manos en el suelo en menos de un segundo. Empiezo a hacer flexiones hasta que ya no puedo más y mis músculos me suplican que pare. Pierdo la cuenta después de llegar a las trescientas y el sudor empieza a resbalarme por la cara hasta caer al suelo.

Mi móvil suena de nuevo. Aprieto los dientes hasta que me duelen.

Juro por Dios que como se trate de Booker otra vez para hablarme de lo mucho que le gusta Violet...

—¿Qué cojones quieres? —jadeo sin apartar la vista de las gotas de lluvia que golpean contra la ventana, sin aliento. No me había machacado tanto desde que era un joven soldado entrenando para el curso.

—¿Papá?

Adam.

Me ha llamado.

Esto es nuevo. Nunca me llama.

—Hijo. —Mi tono se vuelve más cálido, menos de cabronazo—. ¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?

La culpa y la vergüenza me golpean mientras intento sacarme de la cabeza el delicioso sabor de Violet.

—Todo bien, papá. ¿Te llamo en mal momento? —pregunta, pero detecto una sonrisa en su voz. Está intentando romper el hielo.

—No, claro que no, es que... —Me rasco la cabeza y me paso la mano por la barba—. Estaba a punto de irme a la cama. ¿Querías algo?

—No, solo llamaba para saludarte.

Me quedo callado, a la espera de que suelte la bomba. Quiere algo. Es la primera vez que me llama.

—Y quería pedirte un favor.

Ahí está.

—Te escucho.

—A ver, es que hay una chica... Está en Carolina del Norte y me dijo que se gradúa mañana. Se llama Violet Isla. ¿Te suena?

¿Sonarme?

Hace apenas un rato le estaba chupando los dedos.

¿Violet me ha mentido? Me dijo que ya no estaban juntos.

—Sí, pero ¿adónde quieres llegar?

—Hazme un favor y cuida de ella, ¿vale? Si tú estás cerca, al final tal vez sea capaz de asumir todo lo que conlleva ser pareja de alguien que trabaja en el ejército.

—Adam, ¿de qué estás hablando? Si es tu novia, ¿no vas a verla mañana? No necesitas mi ayuda. —Me paso la mano por la barba.

Esta noche está siendo rarísima.

—Me dejó, aunque no pienso rendirme. Me arrepiento de no habértela presentado antes. Ahora que ya no estamos juntos, me estoy volviendo loco. Ella es... increíble. Y eso es quedarse corto. Es el sueño de cualquier hombre y ponerle fin a lo nuestro ha sido una pesadilla.

—Adam, no sé qué decirte. Las probabilidades de que Violet y yo nos encontremos son mínimas.

No estoy mintiendo. Ya no soy su instructor, por lo que pronto se trasladará a su puesto de destino, que podría estar en cualquier lugar.

—¡Hazlo por mí! Es el único favor que te he pedido. No le quites el ojo de encima hasta que la recupere. Querías recuperar la relación padre e hijo, ¿no? Pues este es un buen comienzo.

Un ultimátum.

No me hace ni puta gracia.

Aun así, la culpa con la que cargo sobre los hombros es demasiado pesada. Cada vez que hablo con Adam, lo único que veo son mis fracasos.

—Por favor —me pide con dulzura. Está desesperado. Lo entiendo. Si una mujer como Violet se me escapara de entre las manos, haría cualquier cosa para recuperarla.

—De acuerdo —me aclaro la garganta, incómodo.

—Gracias.

—¿Podemos hablar de otra cosa? ¿Te apetece que nos vayamos de pesca?

Volveré pronto a Carolina del Sur. —Saco la calavera de Punisher del cajón de mi mesita de noche y me quedo mirando los largos dientes.

Estoy orgulloso del resultado. Me ha llevado meses, pero volver a ser instructor ha hecho que tenga más tiempo para tallar—.

También te he hecho un regalo. —Me ha dado muchos dolores de cabeza, pero ya está acabado.

Carraspeo para contener mi sonrisa embobada—.

Creo que es el mejor trabajo que he hecho hasta el momento. ..

—Voy a pasar de lo de la pesca. No me gusta la naturaleza —responde con ese tono de voz distante y frío que tanto conozco.

—Adam, ¿con quién hablas? —Una voz femenina y seductora se oye de fondo.

—Con mi padre —contesta. La respuesta me llega amortiguada, por lo que asumo que se ha apoyado el móvil en el cuello creyendo que así no lo escucho—. Papá, ahora mismo me pillas liado, ya hablaremos en otra ocasión.

—Hijo, pero si me has llamado tú...

—¡Adiós! —Se aleja el móvil de la boca, aunque logro oír lo que dice—: Eres muy traviesa, eh.

Y cuelga.

Me quedo mirando la pantalla del teléfono con incredulidad. Sacudo la cabeza y lo dejo de nuevo en la mesita.

Está en la cama con otra chica y, aun así, se atreve a llamarme para pedirme que no le quite el ojo de encima a Violet. ¿Qué cojones le ha pasado a Adam? ¿En qué se ha convertido?

No pienso vigilarla. Estoy intentando mantenerme alejado de ella. Y si él está haciendo lo que yo creo, entonces Violet tomó la decisión correcta al dejarlo.

Suspiro y vuelvo a tumbarme en el suelo cuando otra imagen de su cuerpo desnudo en la ducha regresa para atormentarme.

—Arderé en el infierno por esto —gruño mientras hago abdominales.

Se va a graduar. Presenciará lo mismo que yo. Guerra, muerte, dolor, trauma... La simple idea me está matando. En cierta manera, me recuerda mucho a Chico. Ansiosa y llena de ambición por entrar en combate...

¿Qué estoy haciendo?

No tengo derecho a seguir pensando en ella.

En Violet.

En ella como soldado.

Es de Adam y le doblo la edad.

Me preocupo por ella, por supuesto... pero porque es mi alumna. Nada más.

Sigo haciendo abdominales, negándome a reconocer que se ha encendido una chispa entre nosotros y que Violet Isla ha llamado mi atención.

Y cuando una mujer llama mi atención, tiene que ser mía.