Capítulo 11. Kade
Kade
Un mes para la graduación
No puedo dejar de pensar en cómo esa niñata testaruda puso los ojos en blanco. No puedo dejar de pensar en cómo me contuve para no dejarme llevar por las ganas que tenía de castigarla. Lo peor de todo es que no puedo dejar de negar lo mucho que me gustó y cómo me bajó toda la sangre a la polla.
La culpa me golpea y me recuerda lo mal que está sentir este tipo de emoción. Pero ella me hace sentir ... Creía que esa clase de pasión estaba muerta para mí.
Son las vacaciones de Acción de Gracias y la mayoría de mis alumnos, a excepción de unos pocos, han vuelto a casa.
Yo tengo asuntos administrativos de los que encargarme; además, mi madre no está y mi hijo no quiere saber nada de mí.
No tengo un hogar al que volver. Mi trabajo lo es todo para mí.
Así ha sido durante los últimos diecinueve años.
Me muero de ganas de que vuelvan a empezar las clases. No sé qué hacer cuando no llevo puesto el uniforme. Y una parte de mí echa de menos ver a una de mis alumnas.
«Joder».
Soy su instructor, por lo que no puedo hacer nada para evitarla... Además, yo nunca rechazo un trabajo. ¿Qué cojones me pasa?
—Venga, Kade..., como en los viejos tiempos. —Karen se pone de rodillas con el trasero apoyado en los talones. Me llevo el vaso de whisky a los labios y le doy un trago. El veneno familiar me ayuda a relajarme, pero no evita que la fulmine con la mirada cuando me desabrocha el cinturón.
Karen.
Nuestra relación empezó hace años cuando éramos compañeros de trabajo. Ahora solo somos amigos que se acuestan de vez en cuando. No es mi novia. Nunca lo ha sido. Nos encargamos de satisfacer las necesidades del otro ocasionalmente.
—¿En qué piensas esta noche? —me susurra con tono seductor. Se pasa la lengua por el labio inferior—. Me muero de ganas de comerte.
Sigo observándola y me llevo de nuevo el vaso a la boca. Siento como todo mi cuerpo se calienta y, por un momento, los demonios se callan. ¿Por qué no añadir un polvo sin sentimientos a la noche?
Así funcionan las cosas con Karen: nunca espera nada más de mí. Sabe que nunca beso en la boca, una regla que cumplo con todos mis líos de una noche desde el divorcio. Besar es algo íntimo y no pienso romper mis reglas por nadie.
Pero cuando me desabrocha los vaqueros, no ocurre nada. No se me pone la polla dura. No me excita ni lo más mínimo.
Soy un hombre insensible, capaz de no sentir nada después de todas las cosas que ha visto y vivido. Sin embargo, por alguna extraña razón, Violet Isla me despierta un interés que va más allá de una relación entre profesor y alumna.
No debería pensar tanto en la novia de mi hijo, pero es difícil no hacerlo cuando su sonrisa me vuelve débil. Su voz, su determinación y su fuerza me han cautivado.
—No, Karen. Esta noche no —murmuro.
Estoy borracho y, aunque me gusta follar cuando bebo, esta noche es diferente. No puedo hacerlo. No puedo follarle la boca porque la realidad es que no estoy bien y, por muchas ganas que tenga de ahogar este sentimiento de culpa por haber sobrevivido en un polvo, no lo haré.
Ella ignora mi negativa y envuelve su mano alrededor de mi miembro mientras lo acaricia desde la base hasta la punta. Frunzo el ceño.
—¿Por qué no? Ya me encargo yo de todo, tú siéntate y disfruta. —Se pasa la lengua por los labios de nuevo y abre bien la boca para que pueda verle la punta de la lengua.
La agarro de las muñecas con fuerza.
—Te he dicho que no, joder —escupo. Karen cierra la boca y me mira con el ceño fruncido. Se pone de pie con los labios apretados.
—¿Qué coño te pasa? No me has llamado desde que empezaste a dar clases este curso. ¿Quién te ha llamado la atención? Porque está claro que yo no —reclama, furiosa, y se aleja. Pone los brazos en jarras y me mira a la espera de una respuesta.
¿Por qué se comporta así? Creía que ambos estábamos en la misma onda. ¿Siente algo por mí?
Permanezco tranquilo y sereno.
Me pongo de pie y la silla chirría contra el suelo. Me guardo la polla en los calzoncillos y me subo la cremallera.
Ella chasquea la lengua con impaciencia.
Cuando llego a la ventana de mi despacho, me froto las sienes. Observo las olas del mar y distingo una gran fogata en la playa. Mantengo la vista clavada en ella hasta que la tensión empieza a disiparse.
—No me pasa nada. —Me froto la nuca.
—Entonces, ¿por qué no quieres follarme? —me pregunta con tono cortante.
Estoy mentalmente agotado. Suspiro y cierro los ojos a la vez que me apoyo en el alféizar de la ventana.
Tal vez debería follármela y actuar como el capullo que todos creen que soy y que he demostrado ser. Clavo la mirada de nuevo en el océano justo cuando me vibra el móvil en el bolsillo.
—¿Hola? ¿Tierra llamando a Kade?
Lo saco con la esperanza de que se trate de Adam. Lo he llamado y le he escrito todas las semanas, pero sigue ignorándome.
—Es la madre de mi hijo. Un segundo.
Penny: ¡Feliz Día de Acción de Gracias!
—Mira, Kade. Me gustas mucho, te perdono.
«¿Qué cojones dice?». ¿Me perdona por no querer acostarme con ella?
—Y sé cómo te gusta follar. Echo de menos tus caricias y la forma en la que me marcas.
Ningún otro hombre me lo hace como tú. Estás agobiado y estoy dispuesta a ayudarte a relajarte durante un par de horas esta noche, como llevamos haciendo estos últimos años.
Así que, si cambias de idea y se te pasa ese humor de perros que llevas, mi habitación es la quinientos sesenta y ocho.
.. Me alojo en el hotel de la base. Avísame si cambias de idea.
—No lo haré.
Ella resopla a mis espaldas y la sigue el sonido de la puerta al cerrarse.
Yo: Feliz Día de Acción de Gracias. Qué tal? Cómo está Adam?
Penny: Bien. Liada con el trabajo, como siempre. Adam también está bien. Cada día se parece más a mí, pero cuando le sale la vena perfeccionista, se nota que es hijo tuyo. Está en la universidad, en segundo, y saca todo sobresalientes. Hemos pasado la noche juntos, pero se ha ido al acabar.
Yo: Me alegro de que le vayan bien los estudios. Te ha dejado sola en Acción de Gracias? Estará con su novia.
¿En qué momento me he vuelto tan entrometido? Nunca había preguntado por su vida amorosa, pero una punzada me atraviesa el pecho porque temo la respuesta. Por supuesto que están juntos. Y espero que sean felices.
Penny: Pues en realidad, no. Le pregunté por Violet, pero me dijo que no volvió a casa a pasar las fiestas. Se quedó en donde sea que esté entrenando. Creo que están pasando por una crisis, aunque no me gusta entrometerme, así que tampoco le he preguntado.
¿Sigue aquí? ¿Por qué?
Sostengo el móvil sin apartar la vista del teclado y sin saber qué decir. Soy un hombre de pocas palabras, pero de repente, quiero bombardearla con un sinfín de preguntas.
En ocasiones, cuando los soldados se quedan aquí, es porque no tienen un hogar al que volver. ¿Qué está pasando entre Adam y Violet? ¿Dónde están sus padres? ¿Sus hermanos? ¿Sus primos?
Mientras mi pulgar tiembla sobre la pantalla del teléfono, unos gritos aterradores reclaman mi atención.