Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 9. Kade
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Capítulo 9. Kade

Kade

Seis meses para la graduación

Soy duro con ella por una razón. Es una mujer increíble con un espíritu positivo y una sonrisa contagiosa.

Es fuerte, pero todavía no conoce sus límites.

Seguiré presionándola hasta que se venga abajo y, cuando eso suceda, la reconstruiré y será una mujer aún más fuerte al igual que siempre he hecho con el resto de mis estudiantes. Pero existe un problema.

No se está viniendo abajo y me jode una barbaridad.

Está llena de ambición, fuerza, resiliencia y, sobre todo... una belleza que me quita el aliento.

Y no me refiero a su aspecto físico, aunque es de esas mujeres que provocan que todos se giren para mirarla cuando entra en una habitación.

Me fascina cómo respira, cómo habla y cómo brinda amabilidad y comprensión cuando no tiene por qué hacerlo.

Es capaz de lidiar con todo el peso que carga sobre sus hombros a la vez que supera con éxito el curso y se autoimpone restricciones de lo más estrictas.

Su inteligencia y su conocimiento dejan sin palabras a todos los instructores. .. y yo no soy la excepción.

Entiendo por qué mi hijo y ella llevan tanto tiempo juntos. Es deslumbrante, resulta imposible no fijarte en ella... pero necesito aprender a hacerlo.

¿Cómo voy a ser capaz de ignorarla cuando todo lo que veo de ella me atrae?

Odio ser consciente de hasta el más mínimo detalle de Violet Isla.

Esos ojos de un color marrón claro tan peculiar, repletos de motas doradas.

El hoyuelo que le sale cuando sonríe y que descubrí tras verla reír por algo que dijo Booker.

Es una mujer decidida, apasionada, y que estaría dispuesta a reducir su propio mundo a cenizas por su país si fuera necesario. Nunca se rinde. Es la clase de mujer que el ejército necesita.

Le doy una calada al cigarro y echo el humo.

Sé que puedo parecer un desalmado que no quiere ver a ninguno de ellos triunfar, pero no es así.

Si soy duro con ellos es por una razón. Quiero que estén preparados para lo que se les viene encima: la guerra es dura.

En el fondo, sé que no puedo protegerlos y, aun así, no puedo evitar intentarlo.

Solo me queda un año para retirarme y no me entusiasma lo más mínimo lo que me espera en una vida normal.

Me gusta mi equipo. Mi trabajo. Mi carrera.

Es lo que he conseguido en diecinueve años y me siento muy orgulloso de mis logros.

Aunque las cicatrices que cargaré para siempre se llevaron partes de mí que ya nunca podré recuperar.

Las peores cicatrices son las que no se ven, las que se quedan grabadas en el alma y te acompañan hasta la tumba.

¿Quién querría a un hombre cubierto de marcas con historias que lo convirtieron en un ser frío?

Son las dos de la madrugada y no puedo dormir.

Estoy en la playa, mirando las olas, intentando que el sonido del mar ahogue el peso con el que cargo todos los días.

Sin embargo, lo único que escucho son disparos, explosiones y los gritos de mis hombres.

Los ecos de la guerra me persiguen y no sé si algún día lograré escapar de ello.

Estoy atrapado en mi cabeza con mis botas negras hundidas en la arena.

A veces desconecto cuando veo fuego. Un segundo estoy aquí y, al siguiente, me apunto a la cabeza con un arma.

Damon Hawk siempre vuelve para atormentarme. No era más que un niño cuando se unió al ejército. Fue uno de mis alumnos, pero no superó la última fase que lo convertiría en Boina Verde. Era un buen soldado. Puntual, fuerte e inteligente; no se andaba con tonterías.

La noche en que murió... yo estaba allí.

Los terroristas lo capturaron y lo retuvieron durante meses. Por aquel entonces, estábamos convencidos de que lograríamos rescatarlo. Al Equipo de Ejecutores de los SEAL y al mío nos encargaron trabajar juntos... Los mejores equipos del mundo estaban presentes aquella noche tan cruel.

Hoy me duele el cuerpo de entrenar tanto.

Esperaba que matarme a repeticiones en peso muerto y press banca me dejara lo suficientemente exhausto como para no pensar.

Pero este dolor no se compara con el que cargo dentro de mi cabeza.

Es como una cárcel. Volver a ser instructor.

.. me remueve muchas cosas. Y eso es quedarse bastante corto.

Saco el trozo de madera en el que estoy trabajando junto con mi cuchillo hecho a medida y empiezo a tallar. Aunque mi cuerpo está en Carolina del Norte, mi mente ha regresado a Irak.

—¡Ayuda! ¡Ayuda!

Todavía puedo oír los gritos de Damon Hawk, pero fue el silencio que vino después el que resultó más atronador que sus súplicas de piedad. Ese silencio significaba que se había ido. Otro hermano al que no pudimos salvar. Joder. Acaba de morir. Me niego a aceptar que le fallamos.

«No sientas. No te permitas sentir, joder».

Salgo del edificio de tortura, que ahora se encuentra teñido de negro a causa del humo.

El olor de un cuerpo ardiendo es algo que no olvidas nunca.

El recuerdo de Damon Hawk en ese estado atormentará mis pesadillas para siempre y hará que mi corazón se astille un poco más ante la cruel realidad de la guerra.

Casi lo teníamos, joder. Iba contando mentalmente. Estaba justo detrás del operador Bane cuando Zeke derribó la puerta.

Diez, nueve, ocho...

Estábamos a escasos segundos de salvarle la vida y ahora... se ha ido.

Toso, intento controlarme y me froto los ojos una y otra vez a causa de la quemazón. Aspiro aire fresco y dejo que el frío me atraviese los pulmones mientras parpadeo con la visión borrosa. La zona está rodeada de aeronaves y operadores especiales de diversas ramas, pero ya no me importa.

La misión ha fracasado.

Grim pasa por mi lado y roza su hombro contra el mío. Se ha quitado su característica máscara de la Parca y me lanza una mirada que ya me resulta familiar.

Culpa, dolor, demonios.

—Vaya, pero si es el sargento maestro O’Connell... —Se detiene y sus ojos color océano se iluminan un poco.

—Grim. —Nos fundimos en un abrazo fraternal. Nos damos un par de palmaditas en la espalda y nos estrechamos las manos enguantadas.

—Joder..., ¿todavía sigues yendo de misiones, carcamal? —bromea.

Me quito el pasamontañas y me paso una mano por el pelo.

—Tendrán que matarme para conseguir que me retire, Grim.

—Te entiendo. Cuando estoy en casa, me muero de ganas de volver al trabajo. Es una obsesión.

No puede seguir mirándome a los ojos, por lo que empieza a juguetear con algo en su bolsillo. Saca un collar con una cruz rosa y sonríe.

—Ha sido un honor haber trabajado contigo en esta misión. Como en los viejos tiempos. —Sacude la cabeza y su mirada preocupada se encuentra con la mía.

—¿Cómo cojones lo haces, sargento maestro?

—¿Hacer el qué, hermano? —Levanto una ceja y busco mi paquete de tabaco.

—Estar a la altura de tu nombre. A la altura de las expectativas del ejército. Con la cantidad de muerte que nos rodea. Somos los líderes del equipo, de los que todos dependen para tomar las decisiones más complicadas. ¿Cómo eres capaz de hacerlo sin romperte?

La voz grave de Grim busca un consuelo que no puedo darle. Siendo sincero, yo tampoco sé cómo lo hago. Me he vuelto insensible. Aquí, el miedo se convierte en una debilidad. Si me dejo llevar por las emociones, sé que me conducirán a la muerte.

—Deja de hablar así. Te falta convicción. Aquí no hay sitio para eso. Yo mismo te lo enseñé.

Grim deja de girar el collar de la cruz y se lo guarda de nuevo en el bolsillo, como si fuera sagrado. No recordaba que fuera creyente.

Separa los labios, pero una voz que me resulta familiar suena detrás de mí.

—¡El legendario operador Kade O’Connell! ¡Hostia puta! —Kane Slaughter, alias operador Bane, se acerca. Posa su mano sobre mi hombro en un gesto amistoso y yo esbozo una sonrisa torcida. Está en el equipo de Grim, en los SEAL—. Señor, es un honor tenerlo aquí esta noche.

Frunzo el ceño.

—No es ningún honor, Slaughter —gruño.

Grim inclina la cabeza y me observa con atención. Kane se estremece.

—Perdimos a un buen hombre esta noche.

—¿Lo conocía? —pregunta Kane en voz baja.

—Damon Hawk era uno de mis alumnos. Se suponía que volvería al curso en seis meses para convertirse en uno de nosotros.

Un operador especial, un Boina Verde, y ahora.

.. me tocará asistir a su funeral. Así que hazme el puto favor y borra esa sonrisa ingenua de la cara porque ahora mismo no existe ningún motivo por el que alegrarse.

—Señalo el edificio en llamas que se encuentra a mis espaldas.

Aprieto la mandíbula con fuerza y los tres observamos cómo un grupo de soldados escolta el cuerpo sin vida de Damon.

Ellos se encargarán de llevarlo a casa, con su familia.

Grim se pone recto, al igual que yo. Me crujo el cuello varias veces mientras los dos hombres se miran como si fueran dos extraños.

—Sí, señor —asiente Kane. Esconde sus ojos azul oscuro como si se sintiera avergonzado. Le da una patada a una piedra con su bota antes de darse la vuelta—. No sabía que se trataba de uno de sus alumnos —admite.

—Pues ahora ya lo sabes. —Me escuecen los ojos, pero parpadeo de inmediato. Al cabo de un segundo, el dolor desaparece y regresa la insensibilidad a la que me he vuelto adicto.

Siempre que me encuentro en este estado mental, no siento. Es una coraza que porto a la perfección. Es el motivo por el que todos me temen y la razón por la que me llaman «operador Bestia».

Todos dicen que no tengo corazón y, llegados a este punto, empiezo a creérmelo.

¿Cuándo fue la última vez que sonreí sin que esta maldita carga de angustia me hundiera?

Ya no sé lo que es ser feliz y eso me enorgullece.

Es lo que me hace fuerte. Porque si no puedo sentir felicidad, tampoco puedo sentir dolor.

La insensibilidad es mi estilo de vida, no me va mal.

Es lo que me ayuda a sobrellevar las guerras que lucho y a ganar las batallas que tienen lugar dentro de mi cabeza.

Las hélices de los helicópteros azotan el aire a lo lejos justo cuando los micrófonos empiezan a sonar en nuestros oídos. Nos dispersamos porque ha llegado la hora de la siguiente misión.

—Con permiso. Regreso a la base —suelto. Kane retrocede y Grim se pasa la mano por la barba. Bane y Grim se miran entre sí y luego asienten.

Camino en dirección al helicóptero Black Hawk y me preparo mentalmente para la siguiente misión en lugar de permitirme llorar la muerte de Damon. Me niego a sentirlo. Dolería demasiado y no soy esa clase de hombre.

Soy un monstruo.