Mariposa (Reinas al mando 1) Capítulo 6. Kade
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Capítulo 6. Kade

Kade

Diez meses para la graduación

Violet Isla.

La primera vez que la vi no tenía ni idea de quién era, pero tras ponerme al día con Penny, mencionó que la novia de Adam estaba en el curso.

La novia de mi hijo es la estudiante que está batiendo todos los récords.

Penny y yo todavía hablamos de vez en cuando.

Al fin y al cabo, mi exmujer siempre formará parte de mi vida.

Tenemos una relación cordial... lo suficientemente cordial como para llevarnos bien por Adam.

Me manda actualizaciones por correo cuando estoy de misiones, por lo que a veces me envía algunas fotos.

Cuando revisé el correo hace tres noches, Penny me contaba que ya echaba de menos a Violet y adjuntó una imagen de los tres juntos con un pie de foto que rezaba: «La mañana en que partió hacia el Entrenamiento Básico».

Su sargento de instrucción me notificó la participación de la primera soldado femenina en mi clase. No tuvo más que buenas palabras sobre la joven, principalmente que es inquebrantable. Una gran soldado que da que hablar, aunque eso ya lo veremos.

Al fin y al cabo, es humana. Cometerá un error y la enviarán a casa. No todos se gradúan. No será la única que fracase, más de la mitad de la clase se quedará a las puertas.

Claro está, nos hemos conocido en una situación poco habitual, ya que mi hijo se ha distanciado de mí lo máximo posible y se me está complicando lo de crear un vínculo con él, sobre todo en lo que a su vida personal respecta.

Casi nunca lo veo, a pesar de que, cuando estoy en casa, hago un esfuerzo por conocerlo.

Y ahora estoy a cargo de su novia.

Soy su instructor. Su profesor. Su superior.

Qué pequeño es el mundo.

Es una chica bajita y delgada, aun así eso no ha conseguido detenerla.

Me da la impresión de que incluso lo usa como motivación.

Por el momento, ha pasado todas las pruebas, aunque su carácter se está volviendo un problema.

Es muy cabezota. Se niega a aceptar ayuda o a pedirla, eso no me gusta.

Animamos a nuestras tropas a tomar la iniciativa, pero ella se niega cuando toca delegar.

—¿No sabes quién es? Es la hija del León.

El León. Jason Isla. Un antiguo Boina Verde, conocido por salvar a cientos de personas en una sola noche cuando fueron emboscados. Un buen hombre.

Aun así, eso no significa que vaya a recibir un trato de favor por mi parte. En mi clase no existen los enchufes.

—Me la suda. ¡Como si es la hija del presidente! No aprobará solo por ser «hija de».

—O’Connell, está aprobando todas las pruebas y, además, con nota —la defiende Booker, como siempre. Mi gran amigo desde hace más de veinte años siente debilidad por ella y se nota. Shane Booker es un hombre afable, con los pies en la tierra, y es mi mano derecha fuera de nuestro trabajo.

—Es obstinada. Lo único que conseguirá con esa actitud es que ella y su equipo acaben muertos —discuto con el instructor que se encuentra a mi lado, con los brazos cruzados sin apartar la vista de ella.

Hoy toca piscina. Ponemos a prueba nuestros límites y nuestra resistencia en operaciones acuáticas.

Se está cansando.

Al parecer, la Soldado Inquebrantable sí que tiene un punto débil.

—O conseguirá que se salven tanto ella como quienes la rodean —replica Booker.

Los silbatos y los gritos de los instructores nos rodean a medida que los soldados completan las pruebas. En cuanto terminan, pasan al siguiente ejercicio. En este curso no hay descanso.

—Lo dudo. —Escupo el tabaco de mascar junto a su bota y sonrío con arrogancia—. Parece que a alguien le está costando. Te dije que este no era su sitio —le susurro al oído con una amplia sonrisa.

Booker hace una mueca y clava la vista en Violet. Su hombro roza el mío cuando corre hacia ella. Me alejo con indiferencia.

—No se mueve. —Sus palabras llaman mi atención y el corazón me da un vuelco. Cuando me giro, casi se me escapa una sonrisa. Me da a mí que se irá del curso mucho antes de lo que pensaba. Qué forma tan maravillosa de empezar el día: viendo a otra soldado caer.

Soy un cabrón. Vivo con una coraza que me ayuda a mantener en pie mi mentalidad cruel. Me impide sentir .

—¡S-se está ahogando! —Sopla el silbato preocupado y yo pongo los ojos en blanco.

¿Por qué cojones siente esa debilidad por ella? Debería estar celebrándolo conmigo.

—¡Que alguien la saque! ¡O’Connell! Es tu trabajo. ¡Sácala de ahí!

Levanto el mentón y cruzo los brazos sobre la suave camiseta del ejército. Mis gafas de sol esconden mi expresión habitual de «me importa una mierda».

Lo siguiente que sé es que Booker salta a por ella. Me paso la mano por la barba antes de poner los brazos en jarras, mosqueado. Coge su cuerpo inerte en cuestión de segundos y la saca del agua con ayuda de otro instructor.

Está inconsciente. La tumba boca arriba y se pone manos a la obra. Mientras los observo, me enciendo un cigarro. Efectivamente, segundos más tarde, la señorita Isla regresa al mundo infernal. Tose el agua que se ha tragado y aprieto la mandíbula con decepción.

Está viva.

—Qué pena —le murmuro al sargento Slater.

Sus ojos color avellana brillan con una satisfacción oscura.

Me da una palmada en el hombro y estalla en carcajadas.

Nuestro humor es negro y macabro, algo que está de lo más normalizado en el ejército y supongo que nos ayuda a sobrellevar la oscuridad por la que pasamos durante el entrenamiento o en las misiones. Es mejor reír que sentir.

Me alejo de la piscina y echo a andar hacia la siguiente prueba, donde instruiré al resto de los estudiantes. Slater camina junto a mí y me da otra palmadita en el hombro con una sonrisa maliciosa porque sabe que tengo razón. Este no es su sitio, joder.

Me centro en la prueba y dejo que Booker se encargue de la debilucha.

Me la suda si sobrevive o no. Mi trabajo es acabar con los candidatos enclenques y llorones.

Siempre los rompo.

Siempre celebro cuando oigo las palabras: «Me rindo».

Ella también se romperá.

Siempre lo hacen.