Mareas de Sangre Capítulo 86
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Capítulo 86

El caso que no cierra

Había un expediente que Elena no había podido cerrar en todo ese tiempo. No porque no hubiera avanzado, sino porque tenía una naturaleza diferente a los demás: no era un caso de personas identificadas, sino de un sistema que seguía existiendo.

El corredor.

Habían desmantelado nodos. Habían detenido a coordinadores.

Habían rescatado a mujeres. Pero el corredor como estructura, como red de relaciones económicas e institucionales que hacía posible el tráfico de personas entre el norte de África y el norte de Europa pasando por España, ese corredor seguía existiendo.

Más dañado que antes. Más consciente de que la UDEV lo miraba. Pero existía.

Era la realidad que el trabajo de Elena conocía desde el principio pero que a veces era necesario ver escrita en el cuaderno para no perder la perspectiva.

Lo escribió en mayo, en la primera página de un cuaderno nuevo:

'El corredor existe. Los eslabones que hemos eliminado serán reemplazados. El objetivo no es solo cerrar casos. El objetivo es hacer el corredor suficientemente costoso, suficientemente arriesgado, suficientemente vigilado, como para que su existencia sea cada vez menos viable.'

Era una formulación que había escuchado en cursos de formación, en conferencias de Europol, en conversaciones con compañeros de otros cuerpos europeos. Pero escribirla ella misma, con su propio lenguaje, le daba un significado diferente.

No era derrota. Era la descripción honesta de lo que era posible hacer desde una posición como la suya.

Llamó a Montoya ese día.

—Rodrigo. Quiero proponer un protocolo de seguimiento permanente del corredor norte-sur que ya hemos documentado. No como caso abierto sino como área de vigilancia continua, con recursos asignados.

—¿Qué tipo de recursos?

—Soto en análisis de datos de manera permanente. Coordinación mensual con Ferreiro en A Coruña, Salinas en Málaga, Rojas en Cádiz, Carvalho en Portugal y Benali en Marruecos. Y un sistema de intercambio de información con Europol sobre movimientos del corredor.

Montoya escuchó.

—Es un compromiso de recursos que requiere justificación formal.

—Tengo la justificación. Dieciocho meses de casos documentados, dieciocho mujeres rescatadas, una docena de detenidos. —Pausa. —Y el conocimiento de que sin vigilancia permanente, el corredor se reorganiza en seis meses.

—Dame dos semanas para presentarlo a la dirección.

Las dos semanas pasaron. La dirección aprobó el protocolo, con una versión reducida de los recursos que Elena había pedido pero suficiente para empezar.

Era el tipo de victoria pequeña que no aparecía en los titulares ni en los informes anuales como caso resuelto, sino como infraestructura: el andamiaje que hacía posible el trabajo que venía.

Elena lo apuntó en el cuaderno nuevo.

Era, también, una forma de resultado.