Mareas de Sangre Capítulo 83
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Capítulo 83

La historia de Aïssatou

Tres meses después de su rescate, Aïssatou Diallo obtuvo el permiso de residencia temporal como víctima de trata. Rojas le mandó a Elena un mensaje cuando llegó la resolución: 'Aïssatou tiene papeles. Y ha conseguido una plaza de auxiliar de enfermería en el hospital de Algeciras.'

Elena respondió con una sola palabra: 'Bien.'

Era la clase de noticia que no requería más.

Dos semanas después, Rojas le mandó algo más: Aïssatou había pedido hablar con Elena directamente. Quería agradecer personalmente. Rojas le preguntó a Elena si era posible.

Fue a Algeciras un viernes de febrero, que era el día en que Aïssatou no trabajaba. Se encontraron en una cafetería cerca del hospital, una cafetería normalísima con mesas de fórmica y café de máquina.

Aïssatou era diferente de la mujer que Elena había visto en el hospital de octubre. No completamente diferente, la misma persona, pero con algo añadido: la seguridad de quien ha encontrado un terreno bajo los pies.

Hablaron en francés. Aïssatou le contó que trabajaba de lunes a jueves y que los viernes estudiaba español. Que vivía con otras dos mujeres de Senegal en un piso del barrio de la Palma. Que había llamado a su madre en Dakar para decirle que estaba bien.

—¿Tu madre sabe lo que pasó? —preguntó Elena.

—Le dije que hubo problemas en el camino pero que estoy bien. —Aïssatou bajó la vista un momento. —No le conté todo. No quiero que se preocupe.

—Eso es comprensible.

—¿Usted tiene familia? —preguntó Aïssatou.

La pregunta era directa, con la franqueza de alguien que no ve razón para no hacerla.

—Mis padres están en Salamanca. Una hermana en Barcelona.

—¿Los ve seguido?

—Menos de lo que debería.

Aïssatou asintió como si eso fuera una respuesta que entendía de una manera personal.

—El trabajo —dijo.

—El trabajo —confirmó Elena.

Se miraron durante un momento. Dos mujeres que habían llegado a ese café por caminos completamente distintos y que en ese momento compartían una mesa y el reconocimiento de que la vida que cada una llevaba era complicada de maneras que la otra podía entender sin haber vivido lo mismo.

—¿Por qué hace este trabajo? —preguntó Aïssatou.

Era la pregunta que Espinosa le había hecho en Marbella, que Rojas le había hecho de manera oblicua, que Mateo le preguntaba con variaciones distintas.

—Porque alguien tiene que hacerlo —dijo Elena. Y luego añadió algo que no solía añadir: —Y porque me importa que tenga sentido hacerlo.

Aïssatou la miró durante un segundo.

—A mí también me importa —dijo. —Por eso voy a estudiar enfermería de verdad. Aquí, si me dejan. O en Francia si hay que ir. Pero voy a ser enfermera.

Elena la creyó.

Se despidieron en la puerta del café. Aïssatou le dio la mano y luego, de manera que no estaba en el protocolo pero que tampoco necesitaba estarlo, la abrazó brevemente.

Elena volvió a la estación a coger el tren a Sevilla y desde allí el AVE a Madrid.

En el trayecto, con el paisaje de Andalucía pasando por la ventanilla, abrió el cuaderno y escribió el nombre de Aïssatou Diallo.

No como caso. Como persona.

Cerró el cuaderno.