Capítulo 78
Cruce de fronteras
El número de prepago marroquí correspondía a un teléfono que la DVT tenía documentado en la vigilancia de Alaoui como uno de los que él usaba de manera intermitente. Era la conexión que confirmaba que el lado marroquí y el lado español del corredor estaban en comunicación directa.
Con esa confirmación, la coordinación Europol-Marruecos-España subió de nivel. Montoya gestionó personalmente las llamadas de coordinación, lo que significaba que el caso había llegado al punto en que la UDEV necesitaba el peso institucional de la cadena de mando para moverse.
La operación que se diseñó en las semanas siguientes fue la más compleja que Elena había coordinado hasta ese momento: involucraría a fuerzas policiales de tres países, requeriría coordinación simultánea a través del Estrecho, y tendría que ejecutarse en un momento suficientemente preciso para que los dos lados del corredor cayeran al mismo tiempo.
Si uno de los dos lados recibía aviso del otro, la oportunidad se perdía.
El nombre de la operación fue Operación Estrecho.
Elena pasó dos semanas de octubre en reuniones de coordinación: con Rojas en Algeciras, con Salinas por videoconferencia desde Málaga, con Benali desde Nador, con el enlace de Europol en Madrid.
Era el tipo de trabajo de planificación que requería atención al detalle de una manera que la acción de campo no siempre permitía.
En una de esas noches largas de coordinación, llamó a Mateo.
—¿Estás bien? —preguntó él. Era la pregunta que hacía con regularidad desde el verano.
—Cansada. Pero bien.
—¿Cuándo termina esto?
—En dos semanas, si todo va según el plan.
—¿Y luego?
—Luego ya veremos.
—Elena. —Una pausa. —El restaurante del pulpo tiene también una terraza con buenas vistas. Para cuando vuelvas.
Era una manera de decir que seguiría esperando sin la presión de decirlo directamente.
—Lo sé —dijo ella.
La operación se ejecutó el tercer martes de octubre.
En el lado marroquí, la DVT detuvo a Hicham Alaoui en su empresa de Nador a las nueve de la mañana.
En el lado español, el equipo de Elena y Rojas, con apoyo de la Guardia Civil del Mar y de la Policía Nacional de Algeciras, ejecutó simultáneamente tres registros: el domicilio de Darío Molina, las instalaciones de Transportes El Pilar y un almacén en las afueras de Algeciras que habían identificado durante la vigilancia como punto de concentración.
El almacén tenía a cuatro mujeres. Las cuatro habían entrado en España como migrantes en los últimos dos meses y habían desaparecido del sistema de acogida.
Cuatro mujeres más rescatadas.
Darío Molina fue detenido en su domicilio. El hombre de Ceuta fue detenido en su ciudad. Alaoui fue detenido en Nador.
No era el desmantelamiento completo del sistema. Nunca había desmantelamientos completos. Pero era otro golpe, otro conjunto de eslabones caídos, otro grupo de mujeres que no llegarían a donde la red quería llevarlas.
En el coche de vuelta a Algeciras después del operativo, Rojas miró por la ventanilla el Estrecho de Gibraltar en la tarde de octubre.
—¿Cuántas veces más? —dijo en voz baja.
No era una pregunta con respuesta. Era la pregunta que se hacen todos los que trabajan en esto suficiente tiempo.
—Las que haga falta —dijo Elena.
Era la única respuesta que tenía.