Mareas de Sangre Capítulo 77
80%

Capítulo 77

Hicham

La información de Benali llegó a finales de septiembre: un informe sobre un hombre llamado Hicham Alaoui, cuarenta y nueve años, empresario de Nador con negocios de importación textil declarados y actividad no declarada que las fuerzas marroquíes sospechaban incluía coordinación de tráfico de personas hacia España.

Alaoui no tenía antecedentes en Marruecos. Pagaba impuestos. Tenía una empresa registrada y con actividad real. Era, a los ojos del sistema, un ciudadano ordinario con un nivel de vida que podía justificarse con sus negocios declarados.

Pero Benali había incluido en el informe algo más: una fotografía obtenida en una reunión vigilada por la DVT en Nador hacía dos meses.

En la fotografía, Alaoui hablaba con un hombre que la DVT identificó como intermediario de redes de cruce en el Estrecho.

Y en la muñeca de Alaoui, visible en la foto, había un reloj de oro grande.

Elena llamó a Iglesias con la foto.

—Mateo. Necesito que le muestres algo a Mira. Una foto de alguien que puede ser el hombre de Marruecos que describió.

La muestra fotográfica, hecha de acuerdo con el protocolo de identificación de testigos, se realizó dos días después. Iglesias coordinó desde A Coruña con el equipo de apoyo a víctimas.

El resultado: Mira identificó a Alaoui con un ochenta por ciento de certeza. Reconoció el reloj. Reconoció la manera de pararse.

Un ochenta por ciento de certeza de un testigo traumatizado era suficiente para seguir. No era suficiente para un proceso judicial.

Elena se lo explicó a Rojas.

—¿Qué podemos hacer con eso?

—Pedirle a Benali que profundice la investigación sobre Alaoui. Y buscar cualquier conexión entre Alaoui y lo que tenemos en España: el monovolumen, Molina, las desapariciones del centro de acogida.

—La conexión entre Alaoui y el lado español tiene que ser comunicaciones. Si coordinan los cruces y el recibo en España, tienen que hablar.

—Exacto. Y si hablan, hay una cadena de comunicaciones que seguir.

Benali presentó a la DVT la solicitud de intervención de las comunicaciones de Alaoui a través de los canales internos. Fue una petición que la burocracia marroquí procesó en su propio tempo, que no era el de la UDEV española ni el de ninguna urgencia concreta.

Mientras esperaban, Elena y Rojas continuaron trabajando el lado español: las desapariciones del centro de acogida, el seguimiento de Darío Molina, los registros de comunicación de Transportes El Pilar.

Molina, en la intervención de su teléfono, había hecho durante esas semanas llamadas a dos números: uno que correspondía a una persona de Ceuta sin antecedentes y otro que resultó ser un número de prepago activado en Marruecos.

El número de prepago marroquí. La conexión que necesitaban.

—Si ese número de prepago lo usa Alaoui o alguien en su red —dijo Rojas—, tenemos el puente entre los dos lados.

—Necesitamos que Benali cruce ese número con lo que tienen de Alaoui.

—¿Cuándo puedes llamarle?

Elena miró el reloj. Las tres de la tarde en Algeciras. Las cuatro en Marruecos.

—Ahora mismo.