Capítulo 75
El Comerciante
El nombre 'el Comerciante' apareció por segunda vez dos semanas después, en una fuente completamente diferente: una de las mujeres rescatadas del 'Estrella del Sur' en A Coruña, la chica albanesa Mira que había hablado con el doctor Iglesias en el hospital, había incluido en su declaración ampliada una referencia a 'un hombre que en Marruecos seleccionaba a las chicas'. Lo llamaba 'el que hace el mercado'.
El que hace el mercado. El Comerciante.
Elena llamó a Iglesias.
—Mateo. En la declaración de Mira, cuando habla del hombre de Marruecos. ¿Describió físicamente cómo era?
—No en detalle. Dijo que era 'mayor', que hablaba árabe y francés, y que vestía bien. Era la impresión de alguien que lo vio brevemente en una situación de mucho estrés.
—¿Dijo algo más?
—Una cosa. Dijo que el hombre llevaba siempre el mismo tipo de reloj. Un reloj de oro grande. Lo recordaba específicamente porque era lo que más veía de él cuando le miraba la muñeca durante las 'entrevistas'.
Las 'entrevistas'. Elena dejó pasar ese eufemismo sin comentarlo.
—Un reloj de oro. —Anotó. —¿Hay algo más en la declaración de Mira que pueda ser útil?
—Hay una cosa que no está en el informe formal porque no la consideramos relevante en ese momento. Mira mencionó el nombre de una ciudad marroquí donde estuvo antes de cruzar. Nador.
Nador. Una ciudad portuaria en el norte de Marruecos, justo enfrente de Melilla.
Elena llamó a Benali.
—Inspector. La ciudad de Nador. ¿Hay actividad documentada de las redes de tráfico de personas allí?
—Nador es uno de los puntos de concentración más activos. Está en nuestra área de vigilancia prioritaria.
—¿Y el 'Comerciante'? ¿Podría estar operando desde Nador?
Una pausa.
—Hay un hombre en Nador que ha llamado nuestra atención en los últimos dos años.
No tenemos suficiente para identificarlo formalmente como el Comerciante, pero encaja con parte del perfil.
Es un empresario local, con negocios de importación de textiles.
Se mueve con facilidad entre Marruecos, España y Francia.
—¿Tiene nombre?
—El nombre que conocemos puede ser parcial. Se llama Hicham.
Hicham. Un nombre sin apellido, como siempre al principio.
—¿Puede compartir más información sobre él a través del protocolo de cooperación?
—Voy a ver qué puedo hacer. Dame una semana.
Fue una semana larga en Algeciras, trabajando con Rojas en los detalles del caso local mientras esperaban la información de Benali. El calor de agosto fue dando paso al calor diferente de septiembre, más seco, con las noches que empezaban a tener un borde de frescor.
Elena llamó a Ferreiro desde Algeciras una noche.
—¿Cómo está A Coruña?
—El proceso de Pampín. El hermano ha llegado a acuerdo con el fiscal. El concejal sigue peleando. —Una pausa. —¿Cómo estás tú?
—Trabajando en el Estrecho.
—¿Solo?
—Con Rojas, una inspectora de Cádiz.
—¿Bien?
—Muy bien. —Pausa. —Ferreiro. ¿Sabes cocinar el pulpo?
El subinspector tardó un segundo en responder, sorprendido por el giro de la conversación.
—¿Pulpo?
—Una pregunta personal.
—Claro que sé. Soy de Carballo.
Elena sonrió, que era algo que hacía con menos frecuencia de la que debería.
—Bien saberlo.